jueves, 11 de junio de 2009

MELODIAS A CONTRATIEMPO: II. APRENDIZ.



Yo, no nací en el 53, pero sí en el 73. En 1973, y aunque no he tenido miedo a vivir, reconozco, que si me aterra sufrir. Tal vez no sea tan valiente, y en realidad me aterre vivir. Si echo la vista atrás, localizo varios capítulos de letargo en mi vida, en mi sentir y en mi actuar. Paréntesis paralizadores de cualquier acción y decisión. A veces los trenes han pasado de largo por mi estación, o mejor dicho, me he quedado esperando en el andén, sin saber muy bien por qué. Y dejando que éstos siguieran su destino sin ocupar mi asiento, ni hacer uso de mi billete.
“No me pesa lo vivido, me mata la estupidez de…” todo lo no sentido; de todas las etapas saltadas o postergadas; de seguir sintiéndome aprendiz. Una eterna novata en toda clase de materias. Los años, las experiencias y sus conclusiones tan sólo me demuestran, que, una vez más, estamos aquí para ejercitarnos. Parar seguir creciendo y mejorando mientras nos quede aliento. Sin relegar nuestros sueños al fondo de cualquier cajón. Aunque el paso del tiempo nos traiga un progreso diferente al deseado.
Yo también nací en el 73 y crecí al son de “la chica de ayer”, entre rumores de toreros muertos; viajes a Venus y Venecia poseída por unos Hombres G, a los que detestaba profundamente, algo raro en una chica de 16 años que acababa de descubrir a sus grandes filones musicales: “Danza Invisible” y “U2”. Mientras mis amigas tarareaban, a todas horas: “Marta tiene un marcapasos;
“Sufre mamón” o “Hay que pesado, que pesado, siempre pensando en el pasado…”. Yo descubría y pretendía presentarles a ellas y al mundo mi gran hallazgo “al amanecer ”, en “el fin del verano”. A cualquier hora, en cualquier estación merecía la pena escuchar el “sabor de amor”. Y cualquier otra canción llena de sentido original, ritmo y emoción. Tardaron unos años en dar sus frutos, y en pasar a cantar, lo que yo ya admiraba, todos esos años me los gané, disfrutando de sus canciones y su trabajo, y seguí detestando a aquellos “Hombrecitos G”. Y pudiendo compartir grandes dúos en un idioma, más inventado que sabido, al más famoso estilo irlandés; y de amores encarnados , sin más “fiestas para mañana”, ni para “ Catalina” ni para “Yolanda”, ambas “ Sin aliento”, representantes del “Club del alcohol”.
“ Como tú sintiendo la sangre arder, me abracé sabiendo que iba a perder”. Defendí unos ideales, unos valores nada compartidos por la inmensidad de esta sociedad. Como carta de presentación o tarjeta de visita. Y me mostré al mundo tal cual. No siempre perdí, a veces gané grandes amistades. De las que duran toda la vida, y aún conservo como oro en paño. Sabiéndome afortunada por ello. Nosotros, los del club de los perdedores, de los que nos hemos abrasado pero con “z” y seguimos haciéndolo sin importarnos este desfase temporal en ideas, valores y principios, ni quién nos mire o se ría llamándonos locos, seguimos existiendo y sintiendo.
“ Que te puedo decir, que tú no hayas vivido, qué te puedo contar, que tú no hayas soñado”. Yo también nací en el 73 y soñé lo mismo que tú; con un mundo mejor, más justo e igualitario. En el que todas nuestras grandes ideas tuvieran un lugar privilegiado. El lugar de los idealistas triunfando y coronando la cumbre. Soñábamos, con transformar el mundo desde la ternura y la compresión, desde el diálogo y la aceptación; demostrando que la humanidad, se precisa más, que el dinero y las posesiones. Tuvimos años buenos, en los que el grupo, la pandilla era lo más importante y con ellos, para ellos y gracias a ellos, podíamos hacer realidad nuestros mundos de yupi, por supuesto me refiero a ese muñeco que habitaba en un planeta especial, no al ejecutivo agresivo lleno de gomina y ambición productiva.

Pero la distancia, fue tomando posiciones. Y se impuso. Los horarios no coincidieron, las vacaciones eligieron destinos diferentes. Y los trabajos, primero, y los hijos, después, terminaron por dejarnos huérfanos. Desabrigados de esa hermandad protectora, que tiempos atrás nos reforzaba, nos defendía, nos identificaba. Y nos hacía tan serenamente felices, tan arrebatadoramente creativos y dicharacheros.
Ahora marchamos por el mismo camino pero en intervalos no coincidentes, bailamos a nuestro son, ese tan solidario y generoso, pero sin encontrar nuestra pareja de baile. Somos danzarines entre tropeles de espectadores cansados, aletargados, sordos y sin sentido del ritmo, y aunque nuestras manos siguen tendidas no encuentran el movimiento continuado ni la acción correspondida. Y cada danza se pierde en el anonimato del asfalto, agotando y maltratando los pies de todos aquellos osados bailarines, que siguen pensando: “ tal vez mañana mi pirueta genere otro movimiento; tal vez otro día alguien roce mis dedos y sigamos juntos al ritmo de esta música, y luego seamos tres y cuatro, y así hasta lograr formar una cadena de coristas de sueños, de corógrafos del alma; de protagonistas de la autenticidad humana.
Volveremos a encontrarnos, cuando el trabajo ocupe menos tiempo y espacio. Cuando nuestros hijos ya sean bailarines debutando en sus propios grupos. Y nada se habrá perdido. Porque el mismo sentimiento, que un día nos acercó y dio sentido a nuestras vidas, ha permanecido siempre en cada uno de nosotros. Tan sólo ha existido un paréntesis en el modo de compartirlo, pero las ideas, los valores volverán a vivirse en grupo, cuando nuestras sienes tiñan de blanco, o brillen por su ausencia.
Yo también nací en el 73, yo también he visto a tanta gente caer, en amos y señores de su voluntad. Yo también he llorado de rabia e impotencia. De emoción y sorpresa. Y he reído hasta no poder más. “ Que te puedo contar que tú no hayas vivido, que te puedo decir, que tú no hayas soñado”.
Yo no nací en el 53, pero como tú, Ana, he vivido a caballo de 2 siglos. Ante nuestros ojos vimos derrumbar el muro de Berlín; la llegada del hombre a la luna; el fracaso del sistema comunista ruso; la imposición del capitalismo como único medio de crecimiento económico y social, ¿crecimiento?, algo más por discutir. La radicación del apartheid en Sudáfrica. El fracasado golpe de estado en España y el afianzamiento de nuestra democracia. Todos los partidos políticos fueron legalizados, los sindicatos, la huelga laboral y de hambre convocadas como medida de presión reivindicativa, ya no eran perseguidas ni castigadas. Todo el mundo pudo creer o descreer, asociarse o disgregarse, opinar o pasar. Nuestras madres ya no tuvieron que pedir permiso, ni a sus padres, ni a sus maridos para poder trabajar. Algunas lograron mandar a los hombres, ocupando cargos directivos. Las guerras pasaron a televisarse. Y los ratios de hambruna y muerte infantil no bajaron.
Este nuevo siglo en el cual podemos comunicarnos sin importar los km. que nos separan, ni el idioma, cada vez hay menos que decir. El silencio gana terreno, la frivolidad del mensaje se apodera del canal, y los receptores y emisores aburridos y decepcionados la abandonan. Nos sentimos cada vez más solos, más tristes y más ignorados. Desconfiamos de todo y de todos y seguimos buscando la fuente de la felicidad eterna y un poco de cariño.
A mí también me mata la estupidez de enterrar un fin de siglo distinto del que soñé. Del que soñábamos. Pero como tú, Ana, sigo saltando sin red, con la firme convicción de que no todo se aprende en los libros, y de que nada nos da la certeza de no estrellarnos.
Sigo subiéndome a trenes equivocados y cambiando de destinos como una aprendiz atemporal, con la firme esperanza de crecer y mejorar, aunque a veces, sea a base de palos. Burdo consuelo al que abrazarnos en medio de un maremoto sentimental.
Y sigo apostando por aportar mi granito de ternura, de calidez, de comprensión, de alegría, de tolerancia, de justicia y de apoyo, en cada gesto diario. Confiando que al menos mi mundo si mejore. Y que tal vez, sólo, tal vez, logré contagiar con mis dedos, mi voz y mi ritmo a algún espectador con un pie levantado, casi a punto de dar su primer paso de baile.
Cómo ves yo no nací en el 53, pero seguro que compartimos muchos valores. Gracias por recordarnos que lo importante no es el fin, sino los medios. Gracias Ana por hacer tan válida toda una filosofía de vida a generaciones diferentes, 53, 63 ó 73, seguro que muchos se sienten identificados sea cual sea su año.

miércoles, 3 de junio de 2009

MELODIAS A CONTRATIEMPO: SONRISA




Yo cuento con tu risa y se que a cambio no tendría moneda que pagarte, todo lo que yo llevo en los bolsillos, sumo lo que tu risa vino a darme. Pero cuento con tu risa, no lo olvides, desde la noche oscura hasta el alba; cuento con tu risa, que es lo mismo, que no tenerle miedo a casi nada”.

Hice de esa canción nuestro himno, la adapté a mi antojo y te la ofrecí, como te ofrecí mis sueños, mi alegría y sobre todo mi gran ilusión, esa que creyó en un momento tonto, en uno de esos ratos memos, que esto podía tener un futuro, que esto podría ser amor.

Tan sólo mencionaste una vez mi sonrisa, y yo capturé ese momento y lo perpetué. La tomé por estandarte y bandera, como lo más significativo de mi, como parte de mi esencia, que tanto te agradaba y fascinaba. Y te la brindé; te hice merecedor de ella. Podías contar con mi sonrisa con toda la extensión de la palabra, que tan original y profundamente plasma “Cómplices” en su canción. “Que suerte tener arma tan activa, contra este mundo absurdo que me acosa”. Pensé, que mi sonrisa podría llegar a significar eso para ti, una fuerza tal, capaz de eliminar los miedos y la tristeza de este mundo absurdo y loco. Un gran tesoro puesto a tu alcance, así, por las buenas, como muestra de generosidad y amor.

Le doté a mi sonrisa un poder irreal, lleno de música y fantasía. Y me lo creí, como si tú la valoraras en igual medida. No te di opción a pronunciarte, y preferiste seguir la melodía a desafinar tan a contratiempo. Te las mandé de todas formas, tamaños y colores. La distancia no pudo frenar los locos deseos de una romántica soñadora. No quería que olvidaras mi ofrenda, tal vez teniendo tan cerca el recuerdo de lo más genuino, sintieras presente a su dueña. Imagino que ya habrás tirado aquel collage con tantas sonrisas mías, que un día recibiste, sorprendido e ilusionado, en tu buzón. A estas alturas no tendría mucho sentido, que acumulara polvo en aquella estantería del salón.

¿Cómo pude ser tan ilusa?. ¿Cómo pude montarme en esa nube sintiendo, por una vez en la vida, que tú me acompañabas?. Que lo nuestro era diferente, y que, como en las grandes películas de amor o en mis canciones preferidas, el destino caprichoso y juguetón nos había unido, ni el tiempo, ni la distancia lograría anular lo que hoy sentíamos. Y así fue, hoy y mañana, y hasta pasado mañana. Pero bastó unos meses para tropezar con la realidad. Y para reducir ese hoy tierno, emocionante y pasional a un par de encuentros exhaustos y a muchas horas de silencio, vacio y añoranza.

Mi sonrisa se tornó lágrima; y mis lágrimas, pena, desconcierto y sinsentido. Mi amor se colaba por los agujeros de un corazón cada vez más roto; chocaba, una y otra vez con tu muro de silencio y pasotismo. Tus circunstancias, mataron nuestro simulacro de amor. Tu indiferencia ante mi dolor anuló mi arma más activa, eliminó, sin dejar rastro alguno mi arsenal festivo y esperanzador. Y se hizo imposible sonreir. Mis bolsillos estaban vacios, mis manos seguían abiertas, pero sin encontrar a su compañera; mi corazón descuartizado en mil pedacitos. Los días parecían eternos y las noches reflejaban un mal sueño constante, tan sólo interrumpido por la rutina obligatoria, que imponía cada nuevo amanecer.

Tuve nuestra foto, delante de aquel chopo milenario, presidiendo mi comedor, era incapaz de romperla. Ni la rabia, ni la ira, ni siquiera el sentimiento de maltrato pudo retirarla. No, hasta que llegó el momento justo. Supe enseguida que todo se había superado. Que no sentirme querida, ni apreciada por ti, ya no me dolía. Fue en ese mismo momento, en el que conseguí guardar la foto y sonreir mientras la observaba. Entonces supe que estaba curada. Y que mi esencia volvería a ocupar el pódium que se merecía, sin ti, pero conmigo.

“Ahora cuento con mi risa, para el día que la tristeza venga, aquí a hospedarse. Cuento con mi risa esa es la suerte, que llevaré conmigo a dónde vaya. Colgada de mis nubes de alegría afrontaré la luz de la mañana. Yo cuento con mi risa para alzarme como un cometa tras la luna nueva. No me asusta el otoño, si tú, sonrisa, vienes a mis labios llenos de primavera”.

Y sirva este torpe tributo como prueba de mi gran admiración por una de las letras más preciosas y sentidas, que de forma tan armónica han sabido transmitir este gran mensaje: “COMPLICES”. Gracias por sentir así; por contar con vuestras sonrisas, tantos años ya.


viernes, 22 de mayo de 2009

Vacaciones ...


VACACIONES... ¿QUIÉN DIJO VACACIONES?



A veces no entendemos las situaciones que la vida nos presenta, y aunque tengamos claro, que todo pasa por algo, nos suele costar descubrir el sentido de todo en el mismo instante vivido. En ocasiones, conseguimos con mucha paciencia , no perder la esperanza y dejar pasar el tiempo. Y cuando menos lo imaginamos llega a nuestra mente la luz, la bombilla se enciende y logramos comprender porqué pasó todo. Acertamos a descifrar cada situación vivida y aunque éstas hayan sido causantes de dolor, nos consuela sacar una enseñanza, un mensaje, una lección, que nos alimente, que nos haga crecer y mejorar.
Se supone que el tiempo vacacional debe ser grato, divertido y relajante. Se presuponen demasiadas cosas. Pero es la realidad la que se encarga de quitarnos la venda y mostrar, qué tipo de experiencias se han vivido, que momentos han transcurrido y con que sabor de boca volvemos a ocupar nuestros lugares, puestos de trabajo, hogar, y quehaceres diarios. Y entonces nos preguntamos : ¿De qué nos han servido las vacaciones?. No se han disfrutado tanto como deseábamos y esperábamos, no hemos descansado tanto como precisábamos, y hemos gastado todo nuestro tesoro amasado a lo largo de los meses trabajados afanosamente. Vaya panorama,¿realmente es para deprimirse?. Ni mucho menos, todo lo contrario. Podemos vivir momentos frustrantes y generadores de más desdicha que gracia, pero aún así, son momentos vividos. Y cada uno de ellos tienen mucho que aportarnos, detrás de cada sensación, de cada minuto invertido hay toda una fuente de sabiduría, esperando a ser descifrada por nosotros, por cada valiente, que decida no amargarse y retorcerse en la desdicha, si no superar y disfrutar hasta de lo más desagradable.
¿ Y tú, de qué tipo eres?. ¿De los cobardicas que lloran sus penas por las esquinas, o de los valientes que plantan cara a la vida y que intentan sacar el provecho de cada minuto vivido, aunque eso conlleve dolor o pena?. Si tu opción es la primera, sólo me queda ofrecerte un paquete de pañuelos y un hombro en el cual llorar.
Si tras pasar unas vacaciones algo decepcionantes tu postura es la de un valiente devorador de la vida, a la cual no le asusta ni las hambrunas ni las indigestiones, entonces si tengo mucho que decirte. Decide tú mismo qué hacer, seguir leyendo o plegar este folio y arrojarlo a la papelera o para reciclar.
Lo vivido ya está vivido, ya no puedes volver a cada instante pasado, ya no puedes modificar las rutas recorridas, ni los hoteles seleccionados, no puedes recuperar el dinero gastado, ni si quiera la ilusión por visitar Argentina, Paris, Marruecos, Portugal , etc. ya no puedes cambiar nada.¿Seguro, no puedes cambiar nada, no puedes hacer nada al respecto para sentirte mejor?. Piensa un poco, yo creo que sí, hay mucho que transformar para dejar de sentirte como hasta ahora. Pensemos e imaginemos por un momento cómo habría sido
tu viaje deseado...

Crónicas en motor ...

CRÓNICAS DE UNA PEATON EN TRANSICIÓN.

CAPITULO II.


LLEGASTE A MI COMO CAIDO DEL CIELO.

Dar contigo fue un afortunado golpe de suerte. En esta partida alguien lanzó el dado por mi, y sin duda sacó seis. Aunque yo prefiero creer en el sentido de todas esas casualidades .Que una fuerza superior manejó los hilos necesarios para que tú aparecieras en mi vida, justo en este preciso momento, cuándo menos te esperaba. Cuándo mi actitud era de expectativa más que de acogida, te plantaste frente a mi, solicitándome un gesto de hospitalaria bienvenida. Sabías que ibas a ser abandonado, eso siempre termina sabiéndose. Aunque pretendamos engañarnos, si logramos quitarnos la venda y reunir el valor suficiente para analizar fría y concienzudamente cada paso dado, cada acontecimiento ocurrido, terminamos llegando a un destino nada agradable ni deseado. Aceptar, que en breve, no nos querrán y prescindirán de nosotros no es muy grato.

Con la experiencia de trece años de convivencia y el rodaje de 73.000 km. en compañía, tenías que aventurarte a comenzar una nueva vida. Pensaste, que como los otros anteriores, recogerías tus cosas, sin a penas pedir explicaciones, y abandonarías, el que hasta ahora había sido tu hogar, trasladándote de nuevo a tu casa. Aquella, que un buen día te vio partir feliz, deseoso de iniciar una vida en compañía. Teníais muchos planes y proyectos. Ambos apostabais por un futuro juntos. Cada uno de vosotros dio lo mejor de sí y colaboró todo lo posible para alargar la vida de vuestra historia. Y, sin saberlo, me crucé en tu camino, aparecí un buen día nerviosa y pensativa, frente a ti. Que casualidad, alguien muy cercano a tu “ex”, fue quién nos presentó. Y aunque yo, en esos momentos, reconozco, que no estaba muy receptiva.

miércoles, 20 de mayo de 2009

De primero alguna reflexión, para abrir boca ...

RAZÓN, ESTACIÓN O VIDA.

Ante una pérdida nos esforzamos en olvidar, en pasar página, cuánto antes mejor. Y la angustia y la frustración por no lograrlo todavía nos hiere más, nos mella más. Por ello, no olvidemos, transformemos y sintamos de forma alternativa. De forma práctica en este mundo real. Concedámonos el tiempo, la paciencia y las lágrimas que necesitemos para sacar nuestra pena. Acojamos nuestro proceso de duelo como una etapa natural a pasar y superar.

No pasa nada si tardamos en actuar, es lógico y normal. Pero no, nos anclemos en el dolor, el miedo, la rabia o la impotencia. Transformemos todas esas sensaciones en otras más útiles, invirtamos nuestro tiempo y nuestras fuerzas en intentar reeducar nuestros sentidos, modificando la percepción de la pérdida por un encuentro diferente, pero confortador y lleno de sentido. De un sentido, que en nosotros genere paz, vida y crecimiento
.

En esta vida no estamos solos, siempre recibimos ayuda, ayuda de las personas que llegan a nuestra vida y también de las que nos dejan. Porque siguen velando por nosotros. Su forma es diferente, pero saben valerse de otros medios para hacernos llegar el mensaje que precisamos. Su energía sigue transformando el mundo. Y tal vez sea esta idea la que podamos modificar, o mejor dicho tal vez necesitemos despertar nuestros sentidos para que puedan captar el apoyo y el cariño de todos nuestros seres queridos, su protección y su amor, porque sin duda siguen dándonosla.

Si la energía ni se crea, ni se destruye únicamente se transforma, y cada persona es el mayor ejemplo de energía en continúa evolución. Nunca nos destruiremos, simplemente nos transformamos, por lo que la pena, el dolor, la angustia o el miedo ante la muerte, aquí ya no tienen cabida. Creámonos esto y actuemos en consecuencia. Y nuestro caminar será totalmente diferente.

Hasta ahora, hemos hablado de las pérdidas por una razón muy concreta, la muerte, o el paso a otro tipo de vida. Es decir la perdida de un ser querido por la transformación de su energía, de su materia y de su espíritu, pero existen otras modalidades de ausencias. Y a veces afrontarlas nos resulta una tarea complicada.
¿Cuantas veces, en un entorno cercan
o se dan ejemplos de separaciones matrimoniales, de ruptura de parejas?. Este tipo de abandono casi siempre suele ser muy doloroso para todo el mundo. No sólo el cónyuge, que toma dicha decisión sufre. La pareja desmembrada sufre, los hijos, si los hay, sufren, las respectivas familias del dúo roto sufren, los amigos de cada miembro sufren, y más aún si se les ha obligado a posicionarse en defensa de uno y al ataque del contrario.

Para los protagonistas de estas situaciones suele prevalecer un sentimiento de fracaso, de proyecto inacabado.” El para toda vida”, ha pesado como una losa, ha impedido el vuelo de sus pilotos, las habituales rutas y trayectos ya no son surcadas, ni por aire ni por mar, y cada pasajero decide, de forma unilateral volar en desbandada y abandonar cuanto antes el barco de una vida en común desarrollada en pareja. De nuevo la temporalidad se ha apoderado de la situación, los deseos de continuidad y perpetuidad ya han caducado. Afrontar un cambio así es realmente un reto, no sólo por la envergadura de las reformas necesarias, sino porque además todo va acompañado de dolor, decepción, frustración y tristeza. Con este caldo de cultivo cualquiera intenta sacar algo positivo, francamente no es fácil. Pero tal vez si podamos enfocarlo bajo otro prisma, verlo de otro color. Vamos a intentarlo.

Evidentemente se ha roto una relación, iniciada como un plan de futuro. Un proyecto personal común, compartido por dos seres diferentes y especiales, se ha extinguido, tal vez no se logre dar con sus causas y ni siquiera merezca la pena entrar en ese punto. No vamos a juzgar ningún comportamiento, ni sus posibles soluciones. Tan sólo pretendo cambiar el enfoque para sentir de forma diferente.

Ya hemos comentado que todo es fugaz y caduco, que la vida está en continuo movimiento, y que pretender anclarnos por seguridad y bienestar es imposible. La vida se compone de etapas, y ellas se van sucediendo de forma natural y espontánea, poco a poco, a un ritmo acorde a nuestra existencia, tanto, que a veces no notamos sus secuelas. Y vamos transformándonos y adaptándonos a la novedad sin apenas ser conscientes de ello. Todos estos cambios son asumidos de forma voluntaria e inconsciente por su protagonista, sin causar en él ningún sentimiento negativo.

Pero no siempre es así, en muchas ocasiones, se desencadena todo un torbellino de contratiempos y desgracias. No logramos ver la luz, y no atinamos a descubrir, qué ha motivado todo esto. Ante tanta confusión y desconocimiento solemos derrumbarnos, y hasta nos culpabilizamos. Sintiéndonos los responsables de nuestro nuevo destino, destino indeseado, innecesario, incomprendido y no solicitado. Y sentenciamos todo este devenir como el gran fracaso de nuestra vida. Paseamos por ella sin pena ni gloria, o mejor dicho, con toda la pena del mundo, que somos capaces de acumular en nuestro corazón y todo el lastre que nuestra espalda logra soportar. Y decimos que vivimos, pero lo que realmente sentimos es una agonía precoz, preludio de una muerte en vida. Muerte de nuestros sentidos positivos, sobreviviendo a malas penas los perjudiciales. Muerte de nuestra esperanza, de la alegría, de las ilusiones y de cualquier motivación.

Olvidamos algo muy importante, que todo esto ha sido un cambio. El fin de una relación, no es, ni más ni menos, que la conclusión de una etapa. Esa etapa se cierra y comienza una nueva. Su llegada ha sido de forma repentina, como una tormenta tras un sol radiante, sus efectos devastadores como un terremoto y su influencia en nosotros, aniquiladora, como la más cruenta guerra. Pero no es un fracaso, no es una mala racha, ni un brote de mala suerte. Nadie ha confabulado contra nosotros. Simplemente la vida nos está obligando a que cambiemos.

La vida nos tira del sillón de nuestra rutina y comodidad y sin pedirnos permiso ni avisar, nos pone de frente a un espejo, al espejo de nuestra realidad, para que descubramos que así no podemos seguir, que debemos surcar otros mares; refugiarnos en otros puentes; cultivar otros jardines; cocinar y deleitar a otros paladares. Si conseguimos vislumbrar esto nuestra reacción será positiva. Porque tras pasar nuestro duelo lograremos tomar las riendas de nuestra vida, hallaremos el rumbo a seguir para dejar atrás una etapa ya acabada, centrándonos en todo lo que está por llegar. Y acogeremos de buen grado este nuevo devenir, creyendo que se trata de un cambio necesario y pertinente para poder avanzar y crecer.

Ya se ha superado una etapa y nos toca vivir otras. Nos toca relacionarnos a otro nivel y con otras personas. Seguimos siendo válidos, tremendamente válidos y maravillosos. Poseemos todo un mundo de valores, de dones, de oportunidades para dar, tenemos tanto que ofrecer, que no puede verse anulado por una relación acabada. Así como la vida sigue sucediéndose tras cada cambio de estación, nuestra existencia sigue readaptándose una y otra vez a las diversas estaciones personales y emocionales. Y en cada una de ellas aprenderemos de nuestra experiencia.

Sé que es difícil, poder discernir todo esto ante un proceso de dolor y angustia, en el que prevalece la pérdida, el vacío y el abandono. Pero si en algún momento de nuestra existencia damos con el botón, presionamos la tecla justa, que nos encienda la luz y somos capaces de decirnos NO FRACASÉ. NO PERDÍ, SIMPLEMENTE MI FUNCIÓN COMO MARIDO O ESPOSA CONCLUYÓ, PORQUE AHORA ES OTRA MI MISIÓN. PORQUE AHORA DEBO DAR DE FORMA DIFERENTE A PERSONAS DIFERENTES. PORQUE AHORA MI PAPEL ES OTRO. VOY A DESEMPEÑARLO DE LA MEJOR FORMA POSIBLE. PORQUE TENGO MUCHO QUE OFRECER Y PORQUE PUEDO MEJORAR Y ENRIQUECER ESTE MUNDO Y A SUS HABITANTES. PORQUE SERÉ YO QUIEN MEJORE, QUIEN AVANCE POR ESTA NUEVA VIA, QUE AHORA PARECE DESCONCERTANTE Y ATERRA. PERO SIN DUDA ME LLEVARÁ A LA META DE MI VIDA: A SER PERSONA.

Si somos capaces de repetirnos esto en voz alta, y de empezar a creerlo y reflejarlo con nuestros actos, pensamientos y decisiones, superaremos cualquier circunstancia, creceremos con cada cambio y seremos menos infelices. El dolor se transformará una y otra vez, en nuevas oportunidades de superación. Y las lágrimas serán de emoción, al comprobar nuestra valía, nuestra fortaleza y capacidad de adaptación a este medio, a cualquier tipo de situación que nos toque vivir.

Sufriremos, porque somos humanos y sentimos, pero ese sufrimiento no nos ahogará, ni nos estancará. Siempre nos encontraremos en un callejón con salida, unas veces será a una vía principal, ancha e iluminada, de fácil travesía, otras a una carretera llena de curvas y baches, que siempre desembocará en un área de servicio, en la cual podamos apearnos y repostar. Sin duda alguna llegaremos a buen puerto. O al menos a un puerto, el hacerlo bueno o malo dependerá únicamente de nosotros. Y nunca estaremos solos, siempre encontraremos en nuestro viaje a grandes, medianos y pequeños compañeros de ruta. A los que sabremos acoger y dejar ir, nutriéndonos de todo lo hermoso que tienen para aportarnos.

Descubriremos su propósito y no pondremos resistencia, cada pieza del puzle será colocada en su sitio, y poco a poco, paso a paso, etapa a etapa, conseguiremos redibujar la imagen de nuestra vida. Iremos revelando la fotografía de nuestra existencia.

Así que ya no cabe tristeza alguna. Sintamos como nos inunda la esperanza, y vivamos. Cuando alguien salga de tu vida, antes de juzgar, piensa si ha sido razón, estación o vida. Y analiza si su misión ha sido realizada satisfactoriamente. Cuando un ser querido se ausente de estas coordenadas, tenlo presente en tu corazón, en tu sentimiento y en tus obras. Y mantenlo vivo en tu actuar, sabiendo percibir su energía, su cuidado y su nueva forma de llegar a nosotros. Ninguna pérdida es un fracaso. Tan sólo una etapa cerrada, un círculo concluido que deja una estela de nuevas posibilidades abierto a otro tipo de trayectorias y de recorridos. Atrévete a vivirlo y deja que tu persona y tu esencia salgan a la superficie de una vida llena de fundamento, sentido, paz y armonía.

Llora cuando lo necesites, pero sé capaz también de reir, de ilusionarte, de amar y de crear. Porque somos seres maravillosos y especiales con una capacidad inaudita para transformar, reinventar y diseñar cualquier proyecto, situación o deseo.

Empápate de cada sensación, y permite comprobar qué sientes ante ella. Concédete la licencia del autoperdón, de la disculpa, de la tolerancia contigo mismo. Y pases lo que pases, sufras lo que sufras, que no te inunde la pena, que no te pese como una losa y te sepulte en el fondo de tu agonía, privándote de otros muchos sentimientos, sensaciones y oportunidades.

Que nada consiga nublar toda tu existencia, todo lo potencialmente maravilloso que puede dar de si tu persona. Porque ni el dolor más intenso es capaz de aniquilar cualquier detalle de amor, de amistad, de apoyo, de entrega y de servicio, detalles que recibimos diariamente, y que a veces no valoramos, ni percibimos por estar sumidos en nuestra pena.

Por eso cuando sufras además de saber reconocer este sentimiento y de afrontarlo con calma y paciencia, sabiendo que es temporal y que pasará, intenta ver que otros tipos de sentimientos, sensaciones y vivencias albergan en ti. Te asombrarás al descubrir, que además de dolor también has tenido muestras y ejemplos de sensaciones y situaciones positivas, generadoras de vida, y fuerza. El saber ser consciente de ello, te impulsará a salir poco a poco del fondo de tu pantano personal, el ancla echada comenzará a moverse, perdiendo fuerza. La tierra cederá y tu alma comenzará a flotar, consiguiendo salir a la superficie, respirar y tomar fuerzas para comenzar a recorrer tu camino.




Aspe, 23/9/08.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.

A solas contigo ...


Has llegado a tu rincón personal. Fuera las prisas. Aquí no tiene cabida el mal humor, la ira o la indiferencia. Tan sólo el disfrute y la calma. Si para ello puedo ayudarte, sigue leyendo.
Reflexiones, cuentos, realatos mágicos, cualquier medio será útil para mi propósito: compartir contigo mis ideas. Esas locas que disfrazan esta rutina, aquellas reflexivas y profundas que hagan pensar, y siempre las divertidas y transformadoras de esta realidad.
Atrévete y ya me dirás ...