lunes, 18 de octubre de 2010

PIENSO, LUEGO EXISTO...



Ando perdida, desorientada, siempre cuestiono todo y me planteó lo mismo una y otra vez, con la torpe esperanza de hallar una luz que guíe mis pasos, pero sólo encuentro incertidumbre, perdiéndome de nuevo en este laberinto que es la vida.

Me llaman despistada, olvidadiza, caprichosa e inoportuna, me presento en cualquier decisión, para muchos soy complicada y molesta, sobre todo si son algo indecisos, para otros en cambio me ven como un reto, como otro pulso más que echar y suelen vencerme con soltura y entusiasmo, echarme de sus vidas les encanta. Otra vez la solución, la razón o cualquier idea me han despejado el terreno.

Me siento indecisa y dubitativa, me agota esta insistencia mía, pero no puedo remediarlo. ¿Ya sabes quién soy, o aún sigues dudando?

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
18/10/2010.

viernes, 15 de octubre de 2010

SÍ, PRESENTE...



SÍ, PRESENTE...

Acampé entre tus labios y tu pecho, en esa zona, aún permitida, rodeada de cuerdas vocales. Sonaba tu campanilla y salía al ring, a comerme el mundo, a devorar cualquier instante feliz sin apenas paladear, para que tu sabor de boca tan sólo fuera amargo.

Entiéndelo debía asegurarme mi futuro en ti, si sólo recordabas lo negativo seguiría viva en tu mundo, ese que te construiste hace un tiempo, cuando los reveses bloqueaban tu red y perdías cada set.

Primero fue tu trabajo, aquel estrés por ser el mejor, después fue la falta de éste, y tu sentimiento de inutilidad. Razones no te faltaron para invocarme cabreado, decepcionado.

Tu salud se deterioró, la dejadez alimenticia y deportiva te pasó factura, otra más que añadir a mi lista. Los meses pasaban y nadie tocaba a tu puerta o llamaba a tu móvil último modelo. Estabas insoportable y Ana se marchó, normal, ¿no sé cómo aguantó tanto?

Dejaste de hablar, de salir, de buscar. Y yo me convertí en la reina de tus sueños, en la vigía de tus pasos. Monté guardia y custodié mi imperio. Ahora te preguntas por qué, y uno de mis peores enemigos dice ayudarte a mejorar, a vencer esta tentación de tenerme presente una y otra vez.

Si te sirve de consuelo te diré, que no eres el único. A veces no doy a vasto con tanta solicitud, tal vez será la crisis, ¿o quién sabe? esta soledad inoportuna, la falta de amor y cariño, o ese descontento generalizado que anula voluntades, váyase usted a saber. Sea como sea siempre acuden en mi busca, aunque no sirva para nada.

Pues bien, es mi turno, ahora me quejo yo, de tanta queja. Cambien sus comentarios, disfruten de lo bueno, transformen lo malo, y por favor permítanme descansar, creo que ya me lo merezco.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
14/10/2010.

ENFERMIZO



ENFERMIZO.


Mezquino, mal intencionado y paranoico, ese soy yo. Aparezco con o sin razón, generalmente sin ella. Aniquilo, arraso y destruyo cualquier atisbo de confianza.

Dudo de todo, hasta de mi mismo y me apodero de las voluntades. Posesivo, asfixiante y controlador voy ganando terreno, lo blanco parece negro y lo negro gris.

Siembro la incertidumbre y recojo el fracaso y la destrucción. Nadie es capaz de soportarme, primero me ignoran, creen que soy un pariente inoportuno que vengo de visita y pronto me marcharé. Cuando la estancia comienza a prolongarse se defienden y me atacan, entonces me lleno de razones y retomo la carga, hasta que mi enemigo desfallece de tanta explicación no escuchada.

Un abrazo, una mirada, un saludo, una palabra, gestos sin importancia pueden provocarme y cabrearme muchísimo. Torturo a quien más amo, y yo me pregunto: ¿esto es amor?

Que alguien me ayude, por favor, pero alguien de confianza, ¿eh?, que la gente es muy mal pensada y ve donde no hay. ¡Ay Señor, que malos son los celos!

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
14/10/2010.

martes, 7 de septiembre de 2010

LAS HORAS.



LAS HORAS.

Estáis tan acostumbrados a verme pasar, que no os llamo la atención, cada día de vuestra vida contiene 24 y afanados por robar minutos, pobres ilusos, realizáis mil cosas a la vez, siempre nerviosos, siempre apresurados, os perdéis el dulce paladar de mi existencia. Saborear cada instante transcurrido ha perdido relevancia en este mundo, que gira desbocado.

Para muchos sirvo de aburrimiento y no sabe como matarme, para otros soy su peor enemigo, rehuyendo de mí cada vez que contemplan su faz en el espejo o acarician sus manos manchadas y arrugadas por mi efecto destructivo de células y neuronas.

También están los que me adoran y han hecho de mis secuelas su negocio, ansiedad, enfermedad estelar de la era del avance y el progreso, a caballo entre dos siglos, el XX y el XXI, sigue indestructiva frente al correr del tiempo y la obsesión humana por detenerlo.

Pero a mí me encanta como me adoran los amantes, mantienen conmigo una relación de amor – odio. Cuando su encuentro está próximo, cuentan mis minutos, sus caras se llenan de alegría conforme yo voy disminuyendo, sus corazones se van emocionando, y hasta las pulsaciones delatan tanta agitación, esa que les asegura más placer, más unión y otro nuevo compartir. Entonces caen en la cuenta de lo efímero de mi presencia, de la relatividad de todo y devoran cada una de mis pequeñas partículas, sin más pretensión que amar y ser amados. Ya no hay ansiedad, aburrimiento o complejos, tan sólo el tiempo y el deseo para amar. Me convierto en su mejor oportunidad, rezan porque persista en su empeño. Y cuando notan mi ausencia comprueban lo mucho que dependen de mí. Es ahí cuando suelen cabrearse conmigo, me reclaman a voces, me propinan insultos, no aceptan que su tiempo haya terminado, y esos dos cuerpos tan cerca pasen a estar separados por cientos de kilómetros, aunque unidos y cercanos en sentimiento. Cuando la paz de la sumisión y resignación llegan a ellos, vuelven a invocarme entre disculpas, ruegos y anhelos, para que corra y les devuelva lo antes posible a su amor. Y el círculo sigue girando, arriba y abajo, deseada, valorada, reconocida, detestada, reprochada e indeseada.

Los hay que ya ni me esperan, ni me buscan, les da igual ocho que ochenta, su rutina no está marcada por mi jefe el reloj, y el tiempo va y viene paseando como alma en pena que deambula buscando su rincón celestial. A veces charlamos, o nos tomamos juntos un café sin prisas, ni reproches. En ocasiones me hacen recordar otros tiempos y contemplo que aún sigo emocionando a todos aquellos que parecen dormidos, o que más bien viven con otra intensidad mi paso.

Pueden ignorarme, desearme, explotarme, aclamarme, soñarme o maldecirme, pero a nada ni a nadie dejo indiferente. Llego, arraso, me impongo y someto cada una de vuestras actividades a mi antojo, esa soy yo la reina del tiempo, el ama de la duración, la guardiana de cada período. La coreógrafa de vuestros ritmos. Siempre a vuestro lado aunque mi presencia no sintáis.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.

7/9/2010.

lunes, 6 de septiembre de 2010

¡CHICOS, NOS VAMOS A CASA!






¡CHICOS, NOS VAMOS A CASA!

Daniel, abría el correo de regreso al barracón, la jornada había sido dura, y aquel sol, convertido en oscuridad tras su caída, parecía quemar aún en la piel y en su alma. Su traje de camuflaje maquillaba ese gran deseo de dormir plácidamente y despertar en su cama de Ohio. Iba, ya para diez meses, aquel destino provisional en Irak. Y nunca había deseado tanto el fin de su misión, cualquier traslado sería mejor que permanecer en este infierno.

Diez meses que parecían años, pesaban en su corazón como una losa, se notaba envejecido y saturado de ver un paisaje tan desalentador. La sequía no sólo le privaba de árboles y vegetación, sino de contemplar en aquel pueblo buenos propósitos, colaboración vecinal, alegría y seguridad. El miedo y el instinto de supervivencia aniquilaban los valores y principios de esta sociedad. El mundo se había vuelto loco, y aquí todo valía.

Los combates estaban a la orden del día. Bombas, convoys destrozados, mutilaciones de compañeros, heridos de gravedad, sangre, terror, y ese eterno por qué, que despierta cualquier guerra. Civiles iraquíes, hombres y mujeres normales, campesinos y obreros con un único objetivo: sobrevivir, habían paralizado sus vidas, el reloj detuvo sus rutinas, siete años atrás, desde que comenzó aquella cruel guerra.

Daniel recordaba las lágrimas de los niños, el dolor de las familias destrozadas, aldeas saqueadas, negocios incendiados, y atentados habituales y numerosos como parte de la actividad del país, como quién coge un autobús o toma un taxi en este mundo de paz, que ha trasladado su afán de lucha a otros lugares. Poniendo en juego la vida de tantos soldados americanos, pero eso sí fuera de sus casas, de su estado, de sus fronteras, en una guerra que todavía hoy muchos siguen preguntándose por qué. Y que cómodamente ven a través de sus pantallas.

El mensaje era escueto y altamente revelador, en un par de días la Cuarta Brigada Stryker de la Segunda División de Infantería cruzaría Kuwait, de regreso a casa.

No podía creerlo, por fin, su destacamento se marchaba, sus ojos brillantes, presos de la emoción, volverían a ver los rayos de sol reflejados en los campos de maíz, pasear de paisano sin importar dónde pisar, sin tener que explorar cada centímetro de suelo antes de apoyar, escuchar el revolotear de pájaros y el sonido de alguna antigua radio colándose entre las ventanas abiertas o las puertas a medio cerrar para evitar el calor asfixiante, y dejar paso al aire, fresco y renovador, que se instale a su antojo entre las cuatro paredes de cada hogar.

Salió de las literas para tomarse una copa y celebrarlo, aunque antes debía pasar por el baño. De camino a la cafetería saludó a Andrew uno de sus compañeros, su cara abatida y mustia le inquietó, Daniel supuso que desconocía la noticia, y cuándo se lanzó entre gritos y abrazos a comentársela, el soldado cayó al suelo derrumbado: - Daniel, acabo de leer el comunicado, no estoy en el grupo de regreso. Me han seleccionado para ser uno de los 50.000 soldados de la operación Nuevo Amanecer, por mis conocimientos debo seguir en activo para asesorar al ejército iraquí y colaborar en el mantenimiento de su seguridad, consiguiendo que se instale como nuevo habitante invitado en cada hogar. Tiene gracia ha sido mi curriculum el que me recluye aquí, mientras muchos otros, como tú, imagino, podréis volver a casa.-

- Vaya Andrew lo siento, lo siento mucho, creía que tú también te venías, simplemente al formar parte de la misma brigada. Compañero no te angusties, la seguridad terminará imperando, y verás como en unos meses todo estará más tranquilo y serás relevado de tu puesto. Vamos levanta y vente a tomar una copa, celebremos que la vuelta está cada vez más próxima. Que pronto veremos a nuestras familias y todo volverá a ser como antes.-

- Daniel, hay mucho que celebrar, al menos muchos lo vais a empezar a disfrutar ya. Amigo creo que a mi me queda algo más para ello, pero como tú dices las fechas están llegando y esto comienza a cambiar. Pero no nos engañemos, nada será igual, esto ya lo hemos vivido, en otros lugares, con otros nombres y por motivos diversos, pero nunca nada es igual.-

Bebieron juntos en la cantina del campamento, alegrándose de la partida de muchos y deseando la pronta marcha de otros, volver a casa ya era una evidencia con plazo fijado.

Mientras el gobierno iraquí se debatía en dudas y comentarios contradictorios. El consenso no terminaba de instalarse. Unos pensaban y apostaban por la efectividad de su ejército sin necesidad del hermano mayor americano. Otros como el General Babakar seguían pregonando que el ejército no estaría consolidado hasta el 2020. Iraq era un país de reciente democracia, desolado, recuperándose de tanta muerte violenta e injustificada, de una economía destrozada, del miedo y el espanto afincado en cada esquina. Merecían algo mejor que una seguridad a golpe de pito, porra y balas. Trabajo, comida, y confianza, poder caminar sin toque de queda, sin miedo a dejar caer el pie en el suelo y explotar al contacto. Poder jugar en la calle e ir al colegio con total normalidad. Todos merecían sin duda una vida renovada, llena de alegría, salud y bienestar.

¿2011, 2020, cuándo llegaría? Tal vez más pronto de lo que se pensaba, pero eso será otra historia, que el tiempo con su correr habitual nos dejará averiguar. Prometemos estar aquí para contarlo.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
6/9/2010.

sábado, 21 de agosto de 2010

XIV. A LAS BARRICADAS


A LAS BARRICADAS.

Ariadna caminaba apresurada y temerosa, la hora ya pasaba del toque de queda y era peligroso recorrer las calles de Atenas. Su última misión la había demorado más de lo esperado, aquel intercambio entre camaradas de la resistencia urgía a pesar de poner en peligro sus vidas, algo que solían arriesgar a diario, cualquier cosa era necesario e incuestionable si querían librarse del enemigo alemán.

En los momentos críticos solía templar los nervios recordando tiempos mejores, esos en los que los días pasaban lentamente y las obligaciones inexistentes otorgaban la oportunidad de disfrutar de su ciudad, sus gentes, de pasar todo el día en la calle sin miedo, corriendo y jugando, acompañando a su abuela ciega o persiguiendo a su hermano para averiguar que tramaba junto a su grupo de amigos. Acreste llevaba mucho tiempo fuera de casa, primero se presentó voluntario en las filas del ejército heleno, y después pasó a coordinar un destacamento del ELAS, uno de los grupos de la resistencia.

Ariadna le echaba tanto de menos, que no atendió los ruegos de su madre, ella tampoco podía permanecer impasible ante aquella amenaza nazi, Grecia era de los griegos, Atenas era su casa, su hogar y no deseaban al huésped impuesto, violento y nada afín a su idiosincrasia. Así fue como un buen día decidió seguir a dos miembros del EAM, los conocía de la universidad, de ideas estalinistas y necesitados de gente leal, experta y valiente no dudaron en aceptarla.

Familias separadas, incomunicadas y atemorizadas no entendían por qué todos deseaban ocupar su hogar, ellos que siempre habían pasado desapercibidos como esos parientes lejanos a los que casi nunca se les invita, ahora todos se reñían por tomar su trozo de pastel e imponer su menú al resto de los asistentes.

Notó unas pisadas tras de sí, ella aceleró su paso, resguardándose entre los escombros de los edificios que semiderrumbados aún se alzaban, deseando que una sombra pasara de largo y le devolviera la seguridad de sentirse de nuevo sola. Pero se resistía y a la tercera esquina cruzada Ariadna fue alcanzada, “la mano que toca queda suspendida, a medio suspiro apenas del beso, gemido a gemido se abre la herida y la noche cae por su propio peso…” Se sobresaltó y al girarse comprobó “en la oscuridad del toque de queda” que aquella mano que le asía con fuerza y desesperación era de Acreste, pálido y hambriento no atinó a hablarle. Ella lo sujetó con todas sus fuerzas y descubrió al acercarse la sangre que derramaba su herida. Buscó refugio, estaban lejos de casa y no podía con él, recordó el antiguo hospital, habilitado por la cruz roja, allí tenía conocidos, podrían atender a su hermano sin levantar sospechas.

Cruzaron la puerta trasera reservada para los antiguos suministradores y a través de la cocina abandonada hoy, dieron con uno de los despachos ocupado por un compatriota y amigo. Quién se alarmó al contemplar la gravedad de la escena. Les rogó silencio y discreción, para no correr peligro, salió directo al botiquín y demandó un médico.

Acreste permaneció en una cama improvisada junto a los archivos del antiguo hospital más de cuatro días, debatiéndose entre la vida y la muerte, acompañado por su hermana, aquella noche escribió, era la única forma de mantenerse despierta pendiente de Acreste y su evolución. Antes de que amaneciera lo supo con claridad, su hermano no desearía morir en unos archivos hospitalarios. Lo cogió como pudo y lo sacó de allí, de camino encontró una silla de ruedas, era un milagro tal hallazgo.

Ambos abandonaron el hospital, empujaba la silla con fuerza rezando que su aliento no se helara hasta llegar a la acrópolis, y desde el Templo de Zeus poder ver su último amanecer sin banderas ni uniformes nazis. Allí era como si nada hubiera cambiado. Los primeros rayos de sol aparecían tímidos Ariadna se acercó al oído de Acrestes y le dijo: - cariño mira, todo ha pasado, Atenas sigue siendo nuestra, gracias a ti y todos los valientes rebeldes, puedes irte tranquilo, nosotros aquí seguiremos.-

Un respiro hondo se escucha, seguido de una carcajada: - Ariadna lo conseguimos, malditos nazis tomar lo que merecéis, Grecia no está en esa cesta. – Sus ojos perdieron actividad, su mano agarrada a la de Ariadna se tornó fría y lánguida. Una lágrima recorrió sus mejillas, Acrestes había muerto libre y feliz como griego, como ateniense en su propia casa.
El médico, como cada mañana, acudió a los archivos para comprobar el estado de Acrestes, tan sólo encontró un par de cuartillas escritas sobre la cama:

“En tu propia fuente llorará la luna,
Con lágrimas hechas de gota de seda,
Haciendo que pese la bruma en la bruma
En la soledad del toque de queda
En la soledad del toque de queda.
Por cada rendija, el tiempo vuelve a las casas
Como una humareda en la soledad del toque de queda
Una lengua extraña murmura su precio
Y otra lengua paga moneda a moneda.
Cada trapecista suelta su trapecio
En la soledad del toque de queda,
En la soledad del toque de queda.”

Acrestes fue enterrado en una fosa común como caído en guerra. Nadie supo quién esculpió junto a su nombre este texto, hoy en día es una de las tumbas más visitadas y leídas. Ojala sirva para recordar qué no debe pasar jamás.
NOTA: El texto entrecomillado pertenece a la letra de la canción “ El toque de queda” de Jorge Drexler.

NIEVES JUAN GALIPIENSO
20/8/2010.

martes, 17 de agosto de 2010

CERRANDO CIRCULOS


CERRANDO CÍRCULOS.

Parece mentira, a mis 34 años y después de todo lo vivido, sigo poniéndome nervioso. Apenas he dormido esta noche y como en alguna otra ocasión, he desconectado el despertador antes de que estallara ese ruido infernal, que tiene por alarma.

Anticipándome a mi cita más de media hora, espero en el lugar acordado, concediendo al tiempo el beneplácito de ser mi mejor ansiolítico. Respiro hondo y trato de calmarme, dejando mi mente en blanco, abandonándome en este correr del reloj con la única intención de recuperar la serenidad, esa que suele caracterizarme, y es que todos los días uno no queda para conocer a su madre.

Crecí en una familia feliz, y no digo nací, porque hasta hace muy poquito desconocía su verdadero lugar así como a sus progenitores. Mis padres, los únicos que he conocido, me colmaron de amor, cariño, mimos y protección. En muchos momentos añoré tener un hermano, pero suplía esa carencia rodeándome de primos y amigos. En el colegio, primero, y luego en el instituto y universidad, nunca tuve problemas de integración y sociabilidad, solía hacer amigos con facilidad y sobre todo mantener las buenas amistades. Nunca recibí insultos, ni ofensas por ser adoptado, y francamente no lo sospeché, no tenía por qué hacerlo. Mi entorno era natural y sencillo y en él nada detonaba tal circunstancia.

Cuando mis padres lo creyeron oportuno se sentaron a los pies de mi cama y me lo confesaron, creo que ellos pasaron más apuro al desvelarlo, que yo al descubrirlo. Reconozco que al principio, el notición no provocó reacción alguna en mí, cosa que tranquilizó y alegró a mis padres, quiénes temían, que mi curiosidad los desplazara en mi escala o pódium de cariño y relación, desembocando en otros afluentes recién llegados al río de mi vida. Nada más lejos de la realidad. Tardó un par de años en despertar mi curiosidad.

Comencé revisando toda la documentación facilitada por mis padres, que era escasa e inconexa. Un par de recibos extendidos a un nombre de mujer, sin más identificación, justificaban el pago de los trámites y gastos ocasionados de mi adopción. Ni sellos, ni membretes que dejaran una pista por la que comenzar a investigar. Contando exclusivamente con el testimonio de mis padres, quienes aseguraban haberme recogido en la Clínica San Ramón de Madrid. Allí me vieron por primera vez y de allí me sacaron, por supuesto no ellos, para ser entregado a sus brazos.
Recuerdan perfectamente que fueron atendidos por un médico de mediana edad y una hermana, y aunque conocían la orden a la cual pertenecía y su nombre Sor Esperanza, desconocían el resto de datos personales.

Cuando quise preguntar por ellos y averiguar sobre dicha clínica, ya no trabajaban allí, era posible que incluso alguno ya hubiera fallecido. Así pues la misma clínica cerró al poco tiempo, perdiéndose la posibilidad de consultar archivos, registros, etc. Tan sólo obtuve silencio y ocultismo. Lo que me desmoralizó y desmotivó a proseguir en la búsqueda. Hasta que cayó en mis manos un artículo periodístico sobre: “Los niños del San Ramón”. Contacté con el editor y el periodista investigador del asunto, quienes me presentaron a otros posibles afectados.

La plataforma creada me ayudó a descubrir más sobre mi causa personal así como sobre la trama ilegal de adopciones poco claras y menos documentadas. El procedimiento era siempre el mismo o muy parecido, madres jóvenes, solteras de escasa economía a quienes informaban que su bebé había nacido muerto y recomendaban para su pronta recuperación privarse de contemplar la escena tan impactante. Esos niños nunca murieron, se registraban como hijos de padres desconocidos, abandonados y acogidos posteriormente por una familia caritativa y decente.

Tardé diez años en dar con mi madre biológica, sin saber si estaba todavía viva. Hoy voy a conocerla, me costó dar ese paso, y ahora estoy temblando como un adolescente ante su primera cita, ¿qué pensará de mi?, ¿le gustaré?, ¿querrá volver a verme después de este encuentro, o todo quedará en un par de horas?

Crecí feliz y muy dichoso, ¿nací…? No sé dónde ni cómo. Tal vez logre revivir, o mejor dicho fabricar estos recuerdos a partir de ahora. Pero si me preguntan por mi infancia, la emplazo en la calle Serranos, número 12, jugando con mis vecinos y compañeros de cole. Protegido y educado por María y Andrés, mis padres, mi familia.

NIEVES JUAN GALIPIENSO
17/8/2010.

lunes, 16 de agosto de 2010

POR SER MUJER...


POR SER MUJER…

Silana embarazada de cuatro meses, rezaba cada día a todas horas, para que su bebé fuera niño, no quería traer a este mundo a otra víctima, ser mujer en Afganistán era, poco menos que no llegar a ser ni un animal. Supeditadas primero al padre y posteriormente al marido. No deseaba mermar las capacidades de nadie, y mucho menos las de su propio hijo.

Nacida y educada en el anterior régimen, Silana pudo estudiar, llegó a conducir y su primer trabajo de recepcionista en un hotel de la capital se vio truncado con la entrada de los Talibanes al poder. Su esposo no era fanático radical, afortunadamente, pero siempre vigilaba que no llamara la atención, ni infringiera las leyes fundamentalistas, ya que también lo ponía en peligro a él. Dentro de casa reinaba un ambiente algo más liberal e igualitario, pero de puertas para fuera el burka y la intolerancia cubrían hasta los pies su cuerpo. Su matrimonio no había sido pactado de antemano, y aunque procedían de familias bien posicionadas, su unión había sido por amor.

Siempre temerosa ocultando una doble vida, desarrollada a medias, siempre mirando hacia atrás. Leyendo casi a oscuras en la habitación más escondida de la casa. Reprimiendo cualquier comentario al respecto para evitar las denuncias de sus vecinos. Era tiempo de aparentar. De represión y de reducir su pequeño mundo a una serie de concesiones privadas y secretas.

El cambio había sido brutal, y costaba hacerse con este nuevo modelo de sociedad, privada, de la noche a la mañana, de una serie de derechos, que se presuponen intrínsecos al ser humano, concedidos en cualquier otro país por el simple hecho de respirar. Se acabó poder seguir estudiando como había planeado, para ascender en su carrera hotelera, de ganar su propio dinero trabajando, ni hablamos. La religión, la política e incluso la vida social quedaban vetadas para cualquier mujer.

Salir a la calle era todo un suplicio, esta cárcel diaria redimía a más de una feminista afgana. Silana acariciaba su barriga y deseaba que su niño varón lograra casarse, algún día por amor, eligiendo libremente a su esposa, y disfrutando con ella todo lo que ahora se le privaba. Nadie imaginaba un futuro como este. Cada minuto respirando a través de la rejilla de su burka, coraza represora de libertades y cinturón de castidad de sueños e ilusiones de igualdad mermaba un poco más la facultad de ser persona, anulaba la de mujer y resecaba el corazón de más de media sociedad afgana, castigadas por su sexo, despreciadas por sus cromosomas. Era increíble, que el estandarte portador de vida, considerado en otras culturas, admirado, valorado y protegido, aquí representara lo más mundano e indeseado.

Nadie en su sano juicio podría ni debería considerar a su compañera de vida, de cama, madre de sus hijos, hija o hermana como un ser inferior, carente de derechos y justicia. ¿Cómo se puede matar a pedradas, o echar ácido sulfúrico a quién te ha dado la vida? Estas cuestiones indignaban a Silana y su familia, pero sobre todo la indefensión, la impotencia y ese desinterés mostrado por los países llamados del primer mundo, cultos, avanzados y terriblemente demócratas, acartonaban su alma cada vez más rancia y oscura, contaminada por tanta barbarie en nombre de la religión y la fe.

Ojala su primer hijo fuera varón, ojala luchara por defender otro mundo, y el paso del tiempo borrara cualquier ejemplo de tortura y dolor injusto. Ojala las urnas se impusieran y nadie fuera más que nadie. Ojala las piedras formaran parte de los muros y pilares de puentes y pasarelas que acercaran a sus gentes, de idiomas variados, de razas multicolores, de ideas infinitas y diversas. Ojala Silana no fuera otra víctima más. Y su segundo hijo pudiera llevar coletas y faldas, sin miedo a nada.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
16/8/2010.

jueves, 15 de julio de 2010

A SON DE VUVUCELA.



A SON DE VUVUCELA.


- Mira estas fotos, ¿recuerdas Sara?-
- Uy, ¿ahí estaban? ¡Madre mía, que recuerdos!-
- Fueron días gloriosos, el colofón a todo un año de esfuerzos, trabajo y sudor, nos dejamos la piel.-
- ¿No me digas que conservaste el recorte?-
- Sí, sabía que a ti te molestaba, pero a mí me encantó que todo el mundo supiera lo nuestro, así la polémica se zanjó.-
- No sé qué decirte se cuestionó tanto mi trabajo.-
- Bueno para muchos fuiste una influencia pésima en mi rendimiento.-
- Ah sí, ¿y para ti que fui, eh?-
- Para mí una bendición, que llegó micrófono en mano, permanece en el silencio y en la noticia, y espero que envejezca a mi lado. Cuando no haya nada que retransmitir, ni goles que parar.-
- Hasta que el mundo se pare o el universo se vuelva mudo, jajajjajajaaaa.-
- Exacto, seguiré besándote sin importarme ninguna opinión.-
- Vaya, ¿ni siquiera la mía?-
- Ay, de esa no podré escaparme, creo que ni regateándola, jajajjjaaaa.-
- Iker si ahora, en este momento estuviera entrevistándote, ¿qué dirías?-
- ¿Sobre ese día, el de la final?-
- No, sobre ese momento y los posteriores, la entrega de la copa, las sucesivas celebraciones, tus sentimientos días más tarde, y ahora años más tarde.
- ¡Uy! Daría para mucho esa entrevista. A ver guapa reportera ¿tiene usted tiempo para prestarme toda su atención?-
- Pues claro, espere que tomo nota, qué le parece como titular: ¿A QUÉ SABE LA GLORIA?-
- Jajajajjajaaa, no está mal, para ser improvisado. Ponte cómoda que comienzo.-

Me preguntan a que sabe la gloria, y francamente cuesta describir un conjunto de sensaciones tales. La culminación a un largo trabajo, a un período de esfuerzo y presión, sintiéndote en el ojo del huracán constantemente, obtuvo, en esta ocasión un grato resultado, una valoración positivísima, pero no siempre es así.

El sudor todavía recorría nuestra nuca cuando un escalofrío lo congeló al instante, la emoción me embargó y por mi mente pasaron miles de momentos, personas queridas, situaciones desagradables que aminoraban su amargor, conforme mis brazos alzaban aquel premio dorado. La recompensa obtenida fue tal, que todo había merecido la pena. Aunque el precio a pagar, a veces, fuera muy alto.

- ¿Qué fue lo más caro que tuvo que costear?-

- Sin duda mi vida personal, mi intimidad, como estuvo en tela de juicio, todos y cada uno de mis actos. Que tanta gente te escogiera como estandarte y baluarte de su suerte, del designio de todo un país frente a un campeonato mundial. La presión, las críticas, el no poder pasear llevando de la mano a mi chica sin ser perseguido, fotografiado y comentado. Agotar los destinos perdidos, incomunicados para evitar la prensa y poder disfrutar del silencio amoroso y ocioso. Ver a tu gente lejos y preocupada, deseando abrazarla y no poder. Reprimir deseos y necesidades básicas, que cualquiera disfruta, y nosotros debemos digerir sin que nos vuelva majaras.

Los espectadores sólo ven goles, césped, grandes sueldos, chicas hermosas y jóvenes con su vida resulta. Y ante eso exigen triunfos, buenos resultados y clasificaciones magnificas. Pero si preguntaras, ninguno sabría describirte nuestro puesto de trabajo. Obligaciones, responsabilidades, objetivos, que se esperan de nosotros, destinos antagónicos en función de nuestros resultados.-

- ¿Si pudieras retroceder en el tiempo habrías sido futbolista, sabiendo o conociendo todo lo que te esperaba?-

- Sí, sin duda, era mi vocación, no cambiaría nada. Bueno, sí, una cosa, poder serlo sin tener que alejarme de los míos, eso lo llevé fatal.

La victoria me supo a champán, a sonrisas constantes, a alegría y risa en todos y cada uno de nuestros huesos, a descanso, liberación, suerte. A amor, mucho amor y reconocimiento de tantas personas, de toda clase y condición. Y a eterno recuerdo de quienes me acompañaron, aconsejaron y velaron por mi formación como ser humano en valores y principios, primero, y después como futuro futbolista.

La fiesta estuvo servida en platos diversos, de primero una buena batucada en Sudáfrica. De segundo, un recibimiento en Barajas a pedir de boca. Paseo por Madrid sorteando las aglomeraciones, ese río de gente agotada de tanto calor, espera y canto, coreando nuestro triunfo. Embriagados por el apoyo y la admiración de la Casa Real al completo y la Moncloa. Repletos de tanto cariño brindado de forma espontánea por hermanos desconocidos. Con ese empacho, ¿quién logra pisar tierra y dormir como un simple mortal? Parecíamos semidioses regresados del Olimpo a la mundanal tierra.

Deseosos de ver a nuestras familias, de tener tiempo para reposar, conversar y compartir nuestra experiencia, sin flases, sin prisas. Cesaron los fogonazos de colores, el ruido, toda clase de himnos y de nuevo sudorosos por el calor humano y ambiental nos despojamos de la camiseta tan soñada, en esos momentos, e ignorada en otros. Nos resguardamos entre cuatro paredes bajo un chorro de agua fría, un torrente de vitalidad que pretende despojarnos de tanto obsequio otorgado y devolvernos algo de serenidad, capaz de hacernos conciliar el sueño, ese que durante 48 horas no ha estado presente, ahora se ha apoderado de nosotros. Por fin vacaciones y tranquilidad.

Regresar a casa fue especial, durante un tiempo no salí de ella, necesitaba el silencio, la luz justa y esa paz propia de la soledad. Me rodeé de mi gente y ante ellos no fue necesario interpretar, fui quién soy, sin temor a ser censurado.

El verano pasó y con él los compromisos regresaron, entrenamientos, concentraciones y cada uno a su equipo, abrazos y felicitaciones que no cesan, a pesar del tiempo. Y la normalidad, esa terrible famosa normalidad, se instauró.

De aquel equipo, hoy somos todos recuerdos, fotos, posters y recortes de periódico. Algunos siguen jugando en equipos inferiores, ya somos mayores, demasiado para este nivel. Otros entrenan y los hay quienes tienen su propio negocio.

¿A qué me sabe ahora la gloria, os preguntaréis?, pues a un dulce recuerdo que conmemoró una etapa de mi vida. Y que posibilitó que hoy esté y sea quién soy. El futbol me dio la vida y a él se la sigo dedicando, rodeado de los que amo, algo más ignorado y mejor camuflado entre esta muchedumbre de almas y corazones danzantes, que se apelotonan por las calles, en el metro, o en los pasillos de cada centro comercial.

Sara sigue a mi lado, por supuesto, y ojala sea por mucho tiempo, nos casamos. Cuándo la pareja del año se subía a la pasarela y a los escenarios. Y la pelota y el micrófono ya estaban en un segundo plano. Algún día tendremos hijos, si es nuestro destino, y entonces volveremos a sacar estas fotos y la historia recobrará vida. Volveré a sentir ese sabor, el de la GLORIA.

NIEVES JUAN GALIPIENSO. 14/7/2010.

miércoles, 7 de julio de 2010

XI.EL ARPÓN DE LA DISTANCIA.


EL ARPÓN DE LA DISTANCIA.

- ¿Qué ocurre, problemas? Están tardando mucho, ya lo han comprobado todo varias veces.-

- No sé, pero tenemos que seguir, nuestro barco espera, y Cilandro no creo que aguante mucho tiempo aquí. Vamos sigue caminando.-

- Pero Nara no puede quedarse atrás, no se han separado nunca, no lo resistirían. Y todavía no ha pasado la aduana. Voy a llamar a Encarna, ella me explicará.-

Nara no pudo zarpar en aquel hotel acuático, algo en su expediente clínico alertaba a las autoridades portuarias. Encarna y Pablo la acompañarían, nada comparado a Cilandro, que viajaba de camino a su nueva casa, atravesando mares y costas de diferentes países. Parecía inquieto y preocupado, Nara no estaba a su lado y no entendía por qué. Luisa y Jandro trataban de calmarlo y animarle. Colocaron su música preferida, disminuyeron la luz de su habitación y templaron el agua de su gran pecera, pero nada lograba apaciguar sus lamentos de vacío y soledad.

“Te seguiré hasta el final, te buscaré en todas partes, bajo la luz y las sombras y en los dibujos del aire.”

El primer requisito impuesto ya se había infringido, debían permanecer juntos, siempre, salir de su país era una aventura segura y fiable, toda una organización repleta de expertos y cualificados profesionales velarían por su integridad. Verse acogidos en otro país debía suponer una mejora para ambos. De nada habían servido las negociaciones previas, la cumplimentación de tanta petición y requerimiento, ni todas las medidas adoptadas para el cumplimiento de su protocolo.

Ahora alegaban algo ridículo, no detectado en otros países o ignorado por las anteriores fronteras. No tenía sentido. Alguien se había empeñado en separarlos.

“Te seguiré hasta el final, te pediré de rodillas que te desnudes amor, te mostraré mis heridas. Y con las luces del alba antes que tú te despiertes, se hará ceniza el deseo me marcharé para siempre.”

Nara estaba arrinconada en una esquina, sus lágrimas aumentaban el nivel casi rebosante del agua de su alcoba, todo a su alrededor imprimía tristeza y desolación. Alejada de su amor justo en este momento. La larga travesía que precisaban recorrer sería menos traumática, si el viaje lo realizaban unidos, intentando reconstruir un entorno fiel a su hábitat natural. Todo había sido calculado al milímetro, meses de pruebas y ensayos demostraban su aptitud. No se contaba con esto, una confusión burocrática en la traducción de su pasaporte.

“Te seguiré hasta el final, entre los musgos del bosque, te pediré tantas veces, que hagamos nuestra la noche. Te seguiré hasta el final con el tesón del acero, te buscaré por la lluvia para mojarme en tu beso.”

Cilandro no comió y sus gemidos silenciaban la banda sonara de su vida junto a Nara. La tristeza, la indiferencia, y la pasividad no llamaban la atención de nadie, decidió cambiar de estrategia. Comenzó alimentándose, necesitaba recuperar fuerzas. Descansó algo, fingiendo tranquilidad y sosiego. Sus amigos, los cuidadores se relajaron, todo parecía haber mejorado. Cilandro por fin se adaptaba a su nuevo medio sin Nara.

“Y con las luces del alba antes que tú te despiertes, se hará ceniza el deseo, me marcharé para siempre y cuando todo se acabe y se hagan polvo las alas, no habré sabido por qué, me he vuelto loco por nada.”

El barco reposaba en sueños, el silencio impuesto detonó su reacción. Cilandro se agitó con todas sus fuerzas, y de un coletazo rompió aquella urna prisionera de tanto amor. El agua lo inundaba todo. Alertados intentaron reprimir la furia de un delfín alejado de su amada, las redes ya estaban cortadas y Cilandro nadaba de regreso a Nara.

“Te seguiré hasta el final por la ladera del viento, para rogarte, por Dios, que me hagas sitio en tus besos. Y con las luces del alba antes que tú te despiertes, se hará ceniza el deseo, me marcharé para siempre, y cuando todo se acabe y se hagan polvo las alas, no habré sabido por qué me he vuelto loco por nada.”

Quienes contemplaron el encuentro no salen de su asombro y emoción. Cilandro se aproximaba al barco en el que Nara permanecía recluida, los sonidos emitidos por ambos eran desgarradores. Nara estaba inquieta, agitada, y en un quiebro su trampilla se abrió sumergiéndose en ese mar de camino a Cilandro. No se les pudo contener. El personal resignado tuvo que rendirse ante tanta fidelidad y dejarles a su antojo. Dicen los estudiosos de su lenguaje, que la luna y el mar fueron testigos de aquella dulce balada, entre gritos y gemidos ambos pronunciaban:

“Y con las luces del alba, antes que tú te despiertes, se hará ceniza el deseo, me marcharé para siempre. Y cuando todo se acabe y se hagan polvo las alas, no habré sabido por qué, me he vuelto loco por nada.” Mientras se unían en un acercamiento más parecido a un abrazo humano que a un contacto acuático. Sus lomos se fundieron, sus colas retozaban y nadando en paralelo se alejaron de tanto bullicio, nada les importó, y su casa habitual los acogió.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
7/7/2010.

jueves, 1 de julio de 2010

PAMELAS DE ESTUPOR.



PAMELAS DE ESTUPOR.

Leonor agitaba su abanico con graciosa delicadeza, aquel verano estaba siendo uno de los más calurosos y el grado de humedad rebasaba los límites de cualquier escala. Recostada en su diván frente al porche dejaba pasar las horas muertas, paladeando su coctel preferido con breves sorbos, y trasladándose en cada trago a una isla, escenario paradisíaco de tanto aburrimiento concentrado y deseo reprimido.

El traslado de su marido a aquella selva urbana, como ella solía llamarla empezaba a superarla. Imaginó estar rodeada de lujo y belleza, y en su lugar encontró sencillez y precariedad. Amadeo, médico de profesión y vocación optó por un destino necesario, una pequeña aldea africana benefactora de MEDICOS SIN FRONTERAS. De esto, por supuesto no sabía nada Leonor. Se lo ocultó y lo disfrazó de gran oportunidad profesional, formar parte de este equipo sería un privilegio y en unos años lograría llegar a la cúspide, siendo una eminencia en su especialidad, la cirugía interna.

Su esposa se imaginó rodeada de glamour y reconocimiento, asistiendo a grandes fiestas, recogiendo premios y colaborando desinteresadamente en cenas benéficas. Quiso creer que Amadeo había sido contratado por una clínica privada de alto estánding , y aunque al principio deberían cambiar de destino con frecuencia, en breve se situarían en una gran capital europea.

Tal era ya su desazón, que abandonó sus clases de idiomas, francés, inglés o alemán, que su magnetofón repetía una y otra vez como un papagayo eléctrico. Privando así la gran expectación de los niños de la aldea, que contemplaban fascinados aquel trasto negro emitiendo sonidos. Allí, lo más que precisaba era poder señalar. Y a base de mucha mímica y más paciencia lograr hacerse entender.

Mosquitos como águilas, polvo, calor, y penurias eran sus compañeros de aventura. Y la carrera hacia el estrellato no había pasado del primer escalón, o mejor dicho había descendido al subsuelo de la mediocridad.

Amadeo estaba encantado, aquella clínica improvisada en medio de la selva le permitía tratar todo tipo de enfermedades, diagnosticar dolencias rarísimas, de las que apenas los estudios médicos se hacían eco. Aquella aventura era un reto constante para él, poder mejorar la vida de uno solo de sus pacientes era una motivación constante y diaria que suplía con creces cualquier incomodidad. Su estancia era vista como una oportunidad permanente de salvar, curar y ayudar. Valores que le movieron a aceptar ese destino a pesar del desagrado de Leonor. Quién recibía la información justa y necesaria, altamente desvirtuada, para no destronarla de aquel trono autoproclamado por si misma como soberana consorte del futuro de la ciencia y la medicina.

Un buen día harta de tanta inutilidad, decidió dar un paseo por aquella marea de arena, cabañas, y cabras. Encontró a un par de niños que guiaban a su rebaño a golpe de palo y gritos repetitivos, cuando pudo oírlo con precisión se quedó perpleja, estaban mascullando expresiones en inglés, parecidas a sus lecciones. Estos pastores la habían contemplado durante horas repitiendo la pronunciación del vocabulario, y las coreaban como un juego, por diversión.

Leonor pensó que tal vez podría ser de utilidad aquel magnetofón abandonado, y su cabecita comenzó a estar ocupada. Con el tiempo logró formar una diminuta escuela con los niños pequeños que todavía no podían trabajar y como profesora improvisada impartió sus clases de lengua, matemáticas, historia y manualidades. Jardinería, cocina, costura y construcción completaban el plantel formativo.

Amadeo no podía creerlo, ver a su esposa tan motivada e involucrada con su pueblo la convirtió ante sus ojos y su corazón como la reina de su amor. Comenzó a recibir presentes de los padres de sus alumnos, incluso fue invitada a compartir mesa con el anciano ilustre de la tribu, el más sabio y patriarca del poblado.

Ella aceptó sin saber muy bien dónde se metía. Todo un despliegue de obsequios cubrían su mesa, los vecinos habían cocinado para la ocasión y el anciano la esperaba con sus mejores galas. Una falda a base de plumas y hojas, un gran medallón cubría su pecho arrugado y ennegrecido y una cinta de cuero sobre su frente sujetaba el blanco y lacio cabello. Tras una infinidad de reverencias la invitó a sentarse a su velador, repleto de comida y flores, las jóvenes de la aldea se habían encargado personalmente de prepararlo. Todos cuidaban de su anciano sabio, y le preguntó por su esposo, el médico del poblado. Ella le explicó torpemente que andaba ocupado salvando a uno de sus pacientes.

Llegó Said, uno de sus alumnos, quién improvisó la traducción simultanea del anciano. Disfrutaron de una grata velada, degustando grandes manjares típicos del lugar, intercambiando ideas y propósitos. A lo largo de la cena iban llegando lugareños para obsequiarla con presentes. Por un momento se sintió tremendamente querida, sentada en aquella silla rodeada de tesoros parecía una reina. No consorte, por los méritos de su marido, sino plena heredera de tanto cariño, agradecimiento y respeto por su labor con la tribu.

Aquella fue la primera de muchas cenas, conocida por todos como “Aiguazaro” la emperatriz de las palabras, se convirtió en un ser especial e imprescindible para el avance y la prosperidad de aquella pequeña aldea. Formando parte de sus vidas, ocupando un lugar exclusivo en sus corazones.


NIEVES JUAN GALIPIENSO.
30/6/210.

lunes, 28 de junio de 2010

XIII. ETERNIDAD.



XIII. ETERNIDAD.

“5.000 años
y aún estoy por tus huesos abrazado a tus huesos
respirando tu olor.

5.000 años
y aún me saben tus besos al sabor de los besos
que se dan con sabor”.

Pensé que no te vería más y eso me angustió tanto que dejé de respirar. Dicen que tras tu partida morí de pena. Apostaron porque no lo superaría, y ganaron, sin ti nada tenía sentido, y decidí marcharme en tu busca. No hubo despedidas ni notas aclaratorias, me llegó de forma natural, deseada, pero natural, me cansé de respirar el aire ausente de ti.

Supe que andabas cerca, porque tu fragancia lo invadía todo. Mis pulmones acartonados comenzaban a esponjarse y otro fluido me devolvía la vida, otra vida, en otro sitio, creo que el cielo.

¡Madre mía! hace tanto ya de todo esto, recuerdo nuestro primer encuentro, aquí, tus amigos te avisaron de mi llegada y puntual viniste a acogerme, me mostraste la luz y el camino acertado. Me tomaste de la mano y juntos recorrimos el túnel.
Me acerqué para besarte, como solía hacer en la tierra, no pensé que aquí se dan de forma diferente, bueno, todo lo es. Pero tenían el sabor de siempre, y eso me gustó, tanto que ya hemos llegado al millón, cinco mil años dan para mucho, somos la envidia del cielo. Cupido piensa que de seguir así algún día perderá su puesto.

“5.000 años
y aún recibes mi cuerpo como un mundo desierto
donde todo es hacer.” Dicen que todo es caduco y temporal, que equivocados estaban, pobres ignorantes, tú y yo gozamos de una eternidad, atemporal y perpetua. Seguimos juntos y enamorados. Deseándonos, buscándonos, compartiendo. La tierra, el cielo, otra galaxia, que más nos da. Pueden argumentar lo que sea, mientras, seguimos unidos en este nuevo aliento cargado de ese amor tan conocido y dominado, y a la vez sorprendente y estimulante.

“Sobrevivimos al verano y a su mejilla más ardiente
y en el invierno nos guardamos bajo la sombra de la nieve.” Superamos tanto, problemas económicos, de salud, la educación de los niños, tantas preocupaciones por su futuro, su felicidad, pensábamos que éramos imprescindibles, tuvimos que morir para, juntos, darnos cuenta de que sus vidas siguen perfectas y completas. Tienen sus momentos, y aunque no están exentos de problemas, salen a flote sin nosotros.

“5.000 años
y aún me busco y me pierdo en el terco misterio
del amor y su red.” Cuantas veces me has guiado, torpemente creí conocerte, jamás se termina de conocer a nadie. Ni si quiera a uno mismo. Cuándo más seguro estoy de acertar en tu reacción, más imprevisible eres; cuándo creía adivinar tu pensamiento, éste vagaba perdido en desiertos remotos, inaccesibles para alguien tan de ciudad como yo. A tu lado todo ha sido y es una sorpresa constante, salpicada de pequeñas certezas conocidas y explotadas, pero en definitiva un misterio a descifrar cada día.

“5.000 años
y aún conservo el recuerdo del feliz cautiverio
de una luna de miel.” No sé como resumirías nuestra vida, para mí, sin duda, sigue siendo una eterna luna de miel. Con sus más y sus menos, pero su dulzor prevalece como sabor principal, ya sabes, como ese último sabor de boca inalterable.

“5.000 años
y no pudo ni el tiempo a través de los tiempos
eludir la pasión.” Nos preguntan la clave, ¿qué se debe hacer para lograr lo que tenemos, lo que sentimos el uno por el otro?, ¿recuerdas cuando tus alumnos te cuestionaban?, sonreías, y sin más decías: “c’est la vie.” Siempre has pensado que no había ningún misterio, ni mérito, simplemente esta era nuestra vida y así la vivíamos. Aquí ni si quiera pronuncias tu frase magistral, siempre dejas que sea yo el que argumente lo indescriptible. Te gusta verme en apuros, y cuando desearía desaparecer, para evitar el desastroso ridículo cometido, sales en mi defensa, me rescatas cantándoles a todos los presentes:

-“Y nos encontrarán
y sabrán que alguien te amó
el devenir será testigo
de cómo al hilo del amor
viví una eternidad
contigo.”-

Nos dejas a todos con la boca abierta y entonces lentamente reacciono y replico: - eso es, yo no lo habría expresado mejor.- Reímos y nuestra mirada cómplice nos asegura otra década más juntos.
Una eternidad contigo.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
28/6/2010.

miércoles, 23 de junio de 2010

PREMATURO.



PREMATURO.

Alarmado cerró su bolso sin atinar a unir los polos de aquel imán disfrazado de hebilla. No podía creerlo, el tema estaba zanjado Elisa sabía a qué se atenía cuando aceptó y dijo si quiero, ¿por qué ese cambio? Y a escondidas. Jaime iba acalorándose por momentos, sintiéndose traicionado, utilizado y engañado.

Elisa y Jaime vivían juntos dos años, se conocieron en un foro sobre Saramago. Opiniones, recomendaciones, dudas y testimonios fueron forjando su relación, pasando de algo superficial, esporádico e impersonal, si sólo atendemos al medio o canal y no al contenido, ya que reflexionar sobre Saramago y sus ideas, podría ser de todo menos banal, al cara a cara de sus citas, llamadas constantes y encuentros en grupo y a solas.

No hubo anuncios, ni perfiles, la amistad no se demandaba por correo, ni siquiera tenías que ser admitido en nada, ni por nadie. No hizo falta. No se buscaba nada, tan sólo se opinaba, se aportaba sin más retribución que sentirse leído, o al menos expresado.

Desde el primer momento conectaron, sus ideas lejos de oponerse convergían hacia un punto nuevo para ambos, sorprendente y casi perfecto. Lo tenían claro, antes de verse ya se gustaron.

De forma práctica y racional se acortaron los espacios, se redujeron los gastos individuales y se compartieron los comunes. Los activos de la convivencia, la unión y el tiempo disfrutado juntos subieron como la espuma, generando altos dividendos amorosos y sentimentales. Los estatutos de esta sociedad tan sólo recogieron dos clausulas: 1. El deseo de vivir y permanecer juntos mientras se amaran y respetaran, sin ningún tipo de infidelidad o traición permitida. Y 2. El compromiso a no ver aumentada la familia, su familia.

¿Cómo había olvidado algo tan importante?, no podía entenderlo, todo marchaba bien, algo debía de habérsele pasado por alto. ¿Y si habíamos sido demasiado prácticos y sensatos?, ¿quizás faltó romanticismo, improvisación y misterio?, y por eso busque en un hijo recuperar la ternura, que yo no le he brindado, el amor desinteresado que no he sabido transmitirle, y que sin duda siento. ¿Y si el instinto maternal le acecha sin tregua y se siente en lucha consigo misma?, su cabeza dijo una cosa y su alma ahora le ametralla con otra.
Jaime llega a casa y sin mediar tregua entra al trapo: - ¿Elisa cómo has podido ocultarme algo así?

- Hola cariño, ya has llegado, ¿cómo dices?

- Lo sé, lo he visto no te hagas la sueca.-

- ¿Lo has visto ya?, vaya nunca puedo sorprenderte, por más que me empeñe en ello.-

- Enhorabuena, esta vez lo has conseguido, ya lo creo que me ha sorprendido, no esperaba algo así, no creo que lo merezca.-

-¿A que sí?, sabía que te encantaría y que nunca te lo permitirías, por eso yo lo hice por ti.-

- Mira Elisa, esto es demasiado serio como para tomar uno solo la decisión. Y sabías de antemano mi opinión, la dejé clara hace mucho y no ha cambiado.-

- ¿Cariño, sigue gustándote la Callas, no?, ¿o he metido la pata con su colección de CDS?-.

- ¿Pero de qué CDS hablas?-. No disimules más y confiesa. O mejor no digas nada, sobran las mentiras.-

- Jaime no entiendo nada, si no te gusta mi regalo, pues se cambia y no pasa nada, no es para ponerse así.-

- ¿Mi regalo, qué regalo?, ¿de qué hablas?-

- Pues de lo que encontraste, he tenido tu regalo escondido más de dos semanas, tapado por tu ropa, no quería llegar tarde a comprarlo si esperaba a la fecha de nuestro aniversario, la colección era exclusiva y de número limitado.-

- ¿En el armario?, lo que yo encontré estaba en tu bolso, olvidé mis llaves en uno de sus bolsillos y al intentar recuperarlas vi con claridad el predictor sin abrir, ¿para cuándo pensabas contarme algo?, por eso lo de las capsulas de hiero de los últimos días, el cambio repentino en tu alimentación y ese sueño profundo que te deja cao cada noche nada más caer en el sofá.-

- Jajajajjajaj, Jaime, tranquilo no estoy embarazada. No creí que tuviera que explicarte una de mis sesiones con adolescentes previniendo embarazos no deseados. Lo compré para mi taller con las chicas, no para mí. Sabes que cada cierto tiempo necesito un aporte de hierro extra. Además quería perder un par de kilitos, por ello mi dieta algo más sana y ligera. Y en cuanto al sueño, tan sólo es cansancio acumulado.

- ¡Vaya! ¿Es nuestro aniversario ya?-.

- No, será mañana, ni siquiera lo recuerdas. Creo que deberías salir corriendo a comprar un muy buen regalo, porque después de la que me has montado y de tu despiste vas a necesitar algo más que una frase elocuente y unos bombones.-

- ¿Ni siquiera los Ferrero?-.

- No, no, me temo que no. Ni siquiera acompañados de flores, majete cúrratelo porque lo tienes crudo. –

Jaime abandonó su casa en busca de algo original y digno para Elisa, aunque nada repararía su torpeza. Tan sólo el amor incondicional y la comprensión de ella lograrían convertir todo esto en una anécdota divertida y chocante, sin pasar a mayores. Su relación siguió adelante, sin hijos ni escarceos. Y llena de romanticismo y emoción. Jaime aprendió la lección.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
23/6/2010.

lunes, 21 de junio de 2010

IMPULSO.



IMPULSO.

De pie frente a la ruleta observaba el juego mareado por aquella música, que sonaba de fondo, y por el ir venir de tanta gente, buscando su hueco de diversión.

Su copa llena de coñac, esperaba ansiosa encontrar sus labios, para devolverle algo de paz, cada sorbo de alcohol logaría adormilar el rumor incesante de su conciencia.

De repente alguien le observa, lo mira de arriba a bajo, siguiéndole como un rádar recién programado. Sebastián nota unos ojos clavados en su nuca y aún se siente más incómodo. Se gira, como si alguien le tocara el hombro, y a su vuelta sólo encuentra, a lo lejos, la figura esbelta de un joven moreno, que le increpa con su sonrisa y mirada.

Sebastián descifra el mensaje y responde al instante, acercándose. Le toca el hombro, arrastrando su mano hasta el cuello del joven, él deja acariciarse la cara y le corresponde asiéndole por la cintura.

Sebastián abandona la sala, seguido por aquel desconocido y entre pasillos, puertas privadas, cortinas y oscuridad se entregan a la pasión del momento, besos desesperados, mordiscos cómplices, sus lenguas se confunden y se devoran, sin importar nada más que saciar esa sed de placer incontrolable.

Sus ropas ya no estorban, poco importa la privacidad, se sienten en un mundo ajeno. Una isla habitada única y exclusivamente por ellos dos, sin leyes, ni prohibiciones, sin hipocresía ni apariencias. Sebastián y Rogelio pueden ser quienes son sin disfrazar el deseo de amistad. No se conocen, y seguirán siendo dos extraños, que un día cruzaron algo más que palabras sin emitir ningún vocablo.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
21/6/2010.

viernes, 18 de junio de 2010

MURALLAS DE INCERTIDUMBRE.



MURALLAS DE INCERTIDUMBRE.

Sus manos temblorosas algo resecas precisaban el calor de unos guantes y la suavidad de una buena hidratante. Había salido corriendo de casa, llegaba tarde a su cita. Y el tren no esperaba a nadie.

Con las prisas prescindió de lo irrelevante, y ahora, mientras vigilaba su reloj, detectaba la dejadez en su aseo. Demasiado tarde, hasta que no deshiciera su equipaje no podría acicalarse. Recordó que otros guantes, distintos a los de costumbre, se quedaron olvidados en el bolso provisional, que hoy había cogido.

Los minutos pasaban y él no llegaba. Debían coger el tren de las 19.00h. Una escapada romántica y furtiva les aguardaba. Pero los compromisos y obligaciones eran más de los deseados, sobre todo para Santiago.

Había recibido un ultimátum, y sabía perfectamente, que otra excusa lo llevaría directamente a sentarse en el banquillo de los acusados con alevosía y prevaricación.

Amparo ya estaba harta, concedió esta última oportunidad, con la esperanza de que su actitud cambiara. No entendía la lejanía de sus encuentros, la distancia siempre tan marcada en sus citas. Ni aquellos retrasos o cancelaciones en el último momento. No era síntoma de desinterés, porque a su lado, ella era lo único y principal.

Al comienzo le resultaba gracioso, imprevisible, algo novedoso y sorprendente. Pero no saber a que atenerse hasta el último momento, o cambiar de planes en cinco minutos, viendo como se iban por la borda de su barco de sueños, comenzó a pesar.
No pensó, no dio vueltas a nada, no obtuvo conclusiones, se limitó a vivir, a sentir y a dejarse llevar por ese ímpetu renovador de tanta monotonía y soledad.

Era una mujer independiente cansada de tanta autosuficiencia y falta de cariño. Entre sus brazos todo eso se difuminaba, y la niebla de su costumbre se tornaba claridad llena de sol y luz. Los planes en compañía, aunque distantes, llenaban y cubrían sus expectativas, y por una vez decidió no cuestionar. Tal vez ese había sido su constante y reiterativo error, querer tenerlo todo controlado. Aplastando cualquier posibilidad de espontaneidad o misterio.

Esta relación sería diferente y comenzó por cambiar ella. Faltaban tan sólo 5 minutos para coger el tren y Santiago no estaba. Tantas prisas presionando a la chica de la agencia de viajes. Preparando todo ella sola, para darle facilidades, y ni siquiera hizo lo único que se precisaba, asistir a su cita.

El revisor le da el último aviso. Ella duda por unos segundos y entre titubeos llenos de nervios y cabreo, agarra su maleta y de un salto se planta en el vagón 6 destino a Teruel. Albarracín sería precioso con o sin él. Un merecido relax contrarrestaría tantas prisas y quizás devolvería algo de perspectiva para encauzar sus decisiones futuras y su vida. El gasto estaba hecho y no aprovecharlo sería una necedad.

Tropezó un par de veces mientras buscaba su asiento. Se aseguró no haber recibido ningún aviso de Santiago. Y muy orgullosa se sentó, dando por concluida su relación.

Amparo llegó a su hotel cerca de las murallas, un pequeño edificio de piedra muy bien conservado, coqueto y señorial. Íntimo y tranquilo. Todo era de su gusto, se instaló y procedió con su visita del pueblo al día siguiente.

Sentada para comer, mientras echaba un vistazo a la carta y jugueteaba con los cubiertos escuchó unas palabras: - ¿Creía que no llegaría a su cita?- Levantó la cabeza de repente y su mirada se iluminó. Santiago estaba allí plantado frente a su mesa. – Con algo de retraso, ¿no le parece?- Respondió en voz bajita. – Era para sorprenderte.- Guiñándole un ojo. - ¿Te sientas?- Le invitó ella.

Revoloteo de niños en el comedor, escapándose una de ellas del control de su madre se acerca hasta su mesa y estirando de un extremo de la chaqueta le dice: - papá vamos a comer, mamá no nos deja empezar sin ti, ¡vamos!, que tenemos hambre...-

ENTRE LIBROS.



ENTRE LIBROS.

Llegaste a mí una tarde de lluvia, tu perfume invadiendo la librería llamó mi atención. Conseguiste, desde el principio, que todo fuera secundario. Yo que solía perderme entre libros, manuscritos y viejas joyas de la literatura recopiladas. Esa tarde lo abandoné para prestarte toda mi atención.

Preguntaste por un libro mediocre, aunque creo que tan sólo era una escusa para resguardarte de la lluvia, pero eso a mi no me importó. Intentando prolongar tu presencia en mi tienda, me atreví a mentirte. Un mal comienzo, mentir antes incluso de presentarnos. Y te sugerí otros libros mucho más dinámicos y divertidos, de mayor calidad literaria.

Cualquier pretexto era bueno para retenerte a mi lado. Educadamente los ojeaste, tus consultas sobre otros títulos me permitió deleitarme con el sonido de tu voz. Tartamudeé, no por ignorancia. O tal vez sí, pero de otro tema, más humano y personal, que el de los libros, de ese soy un experto, pero de mujeres como esta, como tú, un perfecto inexperto.

El temporal escampó, los rayos de sol tímidos comenzaban a surcar el cielo, mostrando un arco iris precioso, casi tan bello como el color de tus ojos. Alertado por este cambio meteorológico, te obligue a girar, para dar la espalda al escaparate y privarte de ello. Que iluso creí poder mantener una tormenta inexistente, yo un modesto y aburrido librero.

En menos de media hora nuestro encuentro espontáneo estaba repleto de mentiras y manipulación, un mal comienzo. Tras mi última explicación, sonreíste agradecida con un leve contoneo de hombros y cabeza, y un rayo de luz marcó el azabache de tu pelo, cerraste los ojos como muestra de molestia.

Mi tiempo se agotaba, era cuestión de segundos, que te marcharas.
Sentí un escalofrío por la espalda. Dios como deseaba atesorar el tiempo en tu compañía. Ojala pudiera aclamar a la diosa lluvia para que regresara. Casi temblando como reo de muerte ante su último minuto de vida me separé algo de ti. Era lo mínimo que podía hacer, concederte espacio para que siguieras tu marcha. Respiré hondo, estaba listo para responder a tu adiós cortésmente.

Entonces te asomaste por la ventana, contemplaste el cielo en contraste con el asfalto todavía húmedo y oscuro. – Menudas vistas tiene Usted desde aquí.- Comentaste encantada. – No me extraña que pase tanto tiempo, yo en su lugar también lo haría.- No podía creerlo.

Hubo un adiós, por supuesto, pero a él le siguieron varios hasta luego, hasta otro rato, buenos días, buenas tardes. Han pasado cuatro años de aquella tarde de lluvia. Y ahora si entra en mi librería tendrá el placer de ser atendido por una mujer fuera de lugar, excepcional y auténtica, mi esposa. Sí, se va, pero regresa como yo puntual cada mañana.

jueves, 17 de junio de 2010

MELODIAS A CONTRATIEMPO. XII CUESTIÓN DE FE


XII CUESTIÓN DE FE.

“El desierto del Sahara está más cerca de mis labios que tus besos, y el mercado de Estambul. Las mezquitas de la India están más cerca de mis dedos que tu cuerpo, y la noche en Katmandú.”

Nadie comprendía la razón de su decisión, Samuel llevaba tres años internado en el seminario de Orihuela, no se marchó de niño, ni tuvo unos padres extremadamente religiosos. No había antecedentes en su familia, ni sufrió ningún fracaso amoroso a quien responsabilizar de su vocación. No señor, en plenas facultades, meditada concienzudamente y tras varias experiencias en campos diversos, optó por ser cura.

Su novia fue la primera en saberlo, suena gracioso, Rosa jamás imaginaba perderlo así. Podría haber otra, o cansarse de su amor, pero dejarla para meterse a cura, eso desde luego no entraba en sus planes.

Se llevó el primer jarro de agua fría, tras hablar con ella, sus explicaciones no la convencieron, la enojaron. Se sintió engañada, traicionada, rechazada. Menuda competencia le había salido, nada más y nada menos que la Iglesia, los votos de castidad y el celibato, a estas alturas. No se imaginaba a Samuel vestido de cura alejado del sexo y las mujeres, siguiendo los mandatos de su diócesis, él un revolucionario, rebelde y reivindicador en contra de toda autoridad. ¿Pero qué había pasado, qué había cambiado en él para someterse de tan agrado a la orden eclesial?

“Los danzones de Santiago están más cerca de mi ritmo que tus piernas, las terrazas de Madrid. Los almendros de Tejeda están más cerca de mis labios, que tu escuela, el lugar que nunca vi.”

El asombro y la incredulidad se apoderó de su familia y amigos, creyeron que ésta, era otra de sus excentricidades, o de su lucha sin tregua por alguna causa perdida, y en unos meses regresaría a su normalidad, entraría en razón y retomaría su rutina habitual.

Pero no fue así, Samuel siguió adelante sin el apoyo de nadie, por eso pensó que un cambio de residencia y de compañías le haría bien. Trasladarse al seminario sería mejor que estar yendo y viniendo. Al menos allí no tendría que soportar comentarios jocosos, malas caras y juicios continuos. Tal vez entre simpatizantes de aquella loca ideología no se sentiría como un bicho raro, sino como uno más.

Su formación finalizó, fue ordenado y destinado a la parroquia de un barrio conflictivo. Supo respetar todos los preceptos y predicó con el ejemplo y la obra más que con las palabras. Se sintió querido y respetado, y aunque los suyos siguen sin entenderlo, Samuel, eso, ya lo ha aceptado. A veces duda y cuestiona, protesta cuando ve algo injusto y recibe reprimendas por ello, pero no le achican. En ocasiones imagina cómo sería su vida si no fuera cura, y francamente no la concibe.

Algunas noches, cuando aprieta el calor, abre su ventana y sentado frente a ella contempla la luna, sobre todo si está llena y recuerda a Rosa, un pensamiento le aborda: “mujer que no tendré, que no adivinarás mis buenas luces. Mujer que no tendré que nunca sufrirás mis malos ratos.”

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
17/6/2010.

NOTA: El texto entrecomillado y en cursiva pertenece a la canción de Pedro Guerra “Mujer que no tendré.

miércoles, 16 de junio de 2010

DEL NEGRO AL BLANCO



DEL NEGRO AL BLANCO.

- Vaya, veo que te has convertido en uno más de los nuestros, se bienvenido. Ahora sé que te sentirás raro, pero eso es al principio, al cabo de un tiempo, apenas percibirás el cambio de color y te sentirás uno más poblando su cuerpo. –

- Estoy confuso, nadie me avisó de esto, y aunque a mi alrededor os veía con un semblante diferente, nunca pensé que acabaría igual que vosotros. Creí que mi juventud sería eterna, gran error, y que seguiría creciendo negro y fuerte. –

- Pero, sigues creciendo. No te abrumes, tu fuerza y vitalidad sigue siendo la misma, sólo se ha modificado su color. Como cuando íbamos a la playa, ¿recuerdas?, el sol, solía aclararnos, mira que soñábamos con ser rubios.-

- Siiiii, algunos casi lo conseguían. Horas expuestos al sol en la piscina o la playa, pasando calor y pringados de aceite bronceador, cualquier cosa era buena si otorgaba ese rubio platino tan deseado.-

- Al menos no nos han embadurnado con esos potingues de colores tan raros, esos que huelen fatal y nos debilitan tanto.-

- Si lo nuestro siempre ha sido natural.-

- Lo ves aún tenemos que sentirnos agradecidos, nos cuidan, nos protegen con cremas suavizantes, mascarillas regeneradoras y champús anticaída. A pesar de las modas de estos últimos tiempos nunca nos han rapado o extirpado definitivamente, al contrario se afana por mantenernos vivos y brillantes. Somos un tesoro para él.-

- Ya lo creo, yo soy fruto de unas ampollas vitamínicas, por eso me extrañó este cambio repentino, ya que hace poquito que estoy a vuestro lado.-

-¡Ay querido amigo!, el tiempo no pasa en baldes, y aunque se desee la eterna juventud, él ya tiene sus años. Y ahora ser cana es lo que toca. –

- Bueno, tendré que acostumbrarme a verme blanco y despedirme de ese negro azabache que antes poblaba su cabeza. Ser su último pelo negro ha sido todo un mérito para mí. Ahora aceptaremos nuestro nuevo devenir como una más de sus canas.-

- Se sobrevive, te lo digo por experiencia, lo importante es seguir aquí y no caernos, aunque esa será otra etapa, que también nos tocará vivir.-

NIEVES JUAN GALIPIENSO
16/6/2010.

lunes, 14 de junio de 2010

BATALLA CAMPAL.



BATALLA CAMPAL.

Suspendido del techo aquel balón parecía no desear ser recepcionado por torpes e inmensas manos. Arturo y Raúl luchaban por su rebote. Cuando parecía atraparlo, resbaló, rodando el esférico a través del cuerpo de Arturo, que se encogía y arqueaba para no perderlo. Pero de nada sirvió, ya había salido disparado, chocando contra la valla. Arturo estaba descendiendo de su salto y presentía que algo iba mal. No sólo porque el sonido estridente de la sirena comunicara el fin del partido, sin lograr remontar en el marcador, sino porque algo había crujido, su pie derecho parecía una marioneta a la que han cortado sus hilos, totalmente deforme no lograba apoyarlo correctamente. La caída fue inminente.

Ese cuerpo de casi dos metros yacía tendido en la pista, encogido por el dolor, parecía haber perdido el conocimiento. Sus compañeros de equipo se acercaron, el banquillo al completo corrió a socorrerlo. Arturo intentó incorporarse, pero su cuerpo no le respondía, asustado presentía que era más grave de lo que parecía, el público y las gradas se han vuelto borrosos, parece que todo se ha cubierto de gris, antesala del túnel por el cual comienza a deambular su vida, sus comienzos, hace ya una década. Las imagenes se agolpan y la zarandean, las primeras victorias, su ascenso de categoria, cambios de equipo, tanto esfuerzo y trabajo, alejado de su familia y amigos, durmiendo en hoteles, extrañando camas y hogares provisionales. Cayó en picado a un pozo lleno de oscuridad. Frío, miedo e incertidumbre lo cubrían como abrigo prestado de herencias impuestas antes de hora.

Ambulancias, médicos. Arrebato sanitario en la pista, traslado de urgencias al hospital más cercano. Intervención apresurada. El negro se tornó rosa, un sabor a fresa o frambuesa llenaba su boca de saliva. Se sentía en una nube, y desde ella contemplaba ajeno su realidad. Rodeado de incertidumbre con una sola certeza, su carrera deportiva había finalizado. Aquella lesión sentenciaba un año de siete meses intensos, a su edad y lastimado no podía esperar grandes milagros. El dulzor afrutado de la anestesia se transformó en un sabor agrio, amargando al final, tocaba decir adiós. A toda una carrera, a una vocación, ¿para hacer,qué?

Todo tintado de marrón a su alrededor, destiñéndose hasta llegar a un beige cálido, y de ahí al blanco, abrió lentamente sus ojos y eso fue lo primero que vio, todo un escenario blanco e impoluto. Demasiada luz, para alguien que lleva dormido tanto tiempo. Se observa, vuelve a sentir, su pierna está colgada y el dolor y las molestias han regresado. Sonríe, no imaginaba sentirse tan afortunado, esguince de ligamentos con rotura del maléolo intervenido, le había devuelto a la vida. Una nueva oportunidad se le otorgaba, no para jugar, sino para aprovechar sus casi dos metros en otras causas.

Respiró aliviado, ahora tocaba una constante rehabilitación, esfuerzo y persistencia, pero lo lograría, estaba seguro de ello. Se recostó tranquilo y acariciándose la otra pierna se durmió.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
14/6/2010.

martes, 8 de junio de 2010

LOSA PASAJERA




LOSA PASAJERA.

Te busqué entre las nubes, saltando entre algodones, pendiendo de las estrellas, columpiada en cada pico de ellas. Y no te encontré.

Hurgué entre las piedras, las desenterré, por si estabas oculto, sepultado de caliza y mármol, y sólo fósiles hallé.

Cavé, escarbé, hundí mi pala tan hondo como pude, pero el fango no te trajo a mí, cansada, sudorosa y sedienta tapé aquel túnel cuya única salida era la oscura y fría nada.

Regresé a casa, pensé, y no obtuve respuesta. ¿Dónde estás? ¿Quién eres? ¿Qué busco?, me tumbé, el sueño se apoderó de mi pensamiento, y este, inerte, cedió terreno. La angustia cesó. Y en mis sueños no te visualicé, pero eso ya no me importó.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
8/6/2010.