20 de marzo, la ciudad duerme. La calma retorna imponiéndose. Las gentes acomodadas en sus camas recuperan horas de sueño y excesos. El asfalto tan agredido, hace unas horas, reposa húmedo, conteniendo los restos de lo que fue una fiesta en mayúsculas.
Los semáforos se sienten inútiles, no hay tráfico que regular, ni peatones a los que conceder el paso seguro. La música ha cesado y los últimos petardos resuenan, ya, en el eco de nuestra reciente memoria.
Sosiego, por fin. La resaca como protagonista contagia los hogares y a sus ocupantes, es el momento idóneo para pasear uno a sus anchas. Y comprobar cómo todo cambia a pasos agigantados. El mundo hace unos días detenido, ha vuelto a ponerse en movimiento, tan sólo ha bastado el cambio de posición de las manecillas del reloj.
Presos de esa rapidez transformadora nos moldeamos para hacer más liviano su impacto. La vida sigue en esta ciudad adormilada, comenzando a despertar de su siesta, ya ha pasado el medio día sin hambre ni ganas de nada, cada cual emprende su día, reducido a ocho horas.
NIEVES JUAN GALIPIENSO.
VALENCIA. 21/3/2010.
A solas contigo ... Has llegado a tu rincón personal. Fuera las prisas, el mal humor, la ira o la indiferencia. Tan sólo el disfrute y la calma. Si para ello puedo ayudarte, sigue leyendo. Reflexiones, cuentos, realatos mágicos, cualquier medio será útil para mi propósito: compartir contigo mis ideas. Esas locas que disfrazan esta rutina, aquellas reflexivas y profundas que hagan pensar, y siempre las divertidas y transformadoras de esta realidad. Atrévete y ya me dirás ...
domingo, 21 de marzo de 2010
ARDIENTE DESTRUCCIÓN.

ARDIENTE DESTRUCCIÓN.
En breve todo tocará a su fin. Cinco minutos para pronunciar las palabras mágicas en voz femenina, y el fuego arrasará tantos meses de trabajo, creatividad e ilusión.
Es momento para repasar, echar la mirada atrás y evaluar esta semana de infarto, repleta de cenas en comunidad, paellas numerosas, despertás ruidosas y horas, muchas horas de pie sobre tacones o espardeñas, noches tornándose día sin un descanso que los separe o distinga. Horas preparando, acogiendo, invitando, bailando y sobre todo celebrando.
Estruendo, ya no hay vuelta atrás. Las figuras llenas de color e ironía caerán al suelo, regresando a su punto de partida, pero esta vez convertidas en cenizas. Todos observan desde cerca, el humo se apodera del espacio. Y la sensación de destrucción está palpable.
Para unos, simplemente se acaba un periodo, otro año festero, fallero. Pero hay quienes viven este ritual como un proceso de superación. Atrás se deja un tiempo de propósitos, objetivos, metas, problemas, situaciones adversas, incluso frustrantes.
El fuego poderoso elimina todo lo malo y nos purifica, preparándonos para afrontar una nueva etapa. Reunidos frente a la decadencia de gamas vistosas, cartones tornados en vida y denuncias manifiestas, arrancamos de nuestro pensamiento todo lo dañino.
El calor de la hoguera reconforta nuestro corazón y nos recarga de energía. Listos para emprender otro día con la certeza absoluta, de que los problemas volverán y por supuesto se superarán.
Dedicado a dos ejemplos de verdaderos falleros y mejores amigos: Lourdes y Javi.
NIEVES JUAN GALIPIENSO.
VALENCIA 19/3/2010.
jueves, 11 de marzo de 2010
LA DANZA DEL SIETE.

LA DANZA DEL SIETE.
Siete, eran siete, los enanitos
para una Blancanieves perdida
y desorientada en el bosque.
Siete días, siete noches,
setenta veces siete
susurrar tu nombre
antes del alba y al amanecer.
Siete, número judío mágico.
Componentes de una semana,
maravillas del mundo.
Siete novias para siete hermanos.
Siete nubes, siete estrellas
bailando al son de las séptimas sinfonías
de Beethoven y Mozart
como siete besos de tu boca.
Siete días, siete noches,
setenta veces siete
tu mano en la mía,
una caricia constante.
Siete los colores del arco iris
siete almas en vela, la tuya y la mía
tres noches y media.
Siete pecados capitales,
siete deseos inconfesables
siete sueños realizables.
Siete viajes interlunares,
Siete islas, siete galaxias
El universo rendido a nuestros pies.
En cada gesto que nos une más.
Siete días, siete noches,
Setenta veces siete
Tu sonrisa provocando mi volcán.
Siete días, siete noches,
Setenta veces siete
celebrar siete meses más juntos.
¡Feliz siete mesversario, Fabio!
NIEVES JUAN GALIPIENSO. 11/3/2010.
jueves, 4 de marzo de 2010
RELOJ DE ARENA.

RELOJ DE ARENA.
Sus manos denotaban nerviosismo, el rostro descolorido y arrugado, cansancio y dejadez. Las noches en vela y los días en guardia, expectante, vigilante, llenaban toda su vida. Esa que se había convertido en una cárcel antónima de sus costumbres y su agitación social.
No pude evitarlo, verla enrollada en ese sillón destapada y casi temblando me conmovió, tanto, que me acerqué con cuidado y la tapé, acariciando su hombro, con el deseo y la intención de contagiarle algo de sosiego y ánimo. Ella no despertó, pero agradeció el gesto con un leve contoneo. Su espalda parecía pronunciar: “GRACIAS”.
Imaginé por un momento como sería de niña y de adolescente, su pelo, la ropa, la expresión de su cara. Y hasta el tono de voz vino a mi mente. Su estilo de vida, el tipo de amistades, y cómo se vino abajo todo su mundo tras conocer la noticia.
Debía ser fuerte, y algo en mí me decía, que lo superaría. Era cuestión de tiempo. En breve el ocio, tocaría a su puerta, la obligación cedería terreno a la libertad, y aquel pijama se tornaría un vestido de noche. El silencio de la habitación del hospital se convertiría en bullicio de ciudad, despacho y cafeterías. Y las ropas negras recobrarían colores vistosos y alegres.
Era cuestión de tiempo, como todo en la vida. Tiempo para ser, para olvidar, superar, perdonar, estimar, recuperar y desear. Tiempo para no desesperar y aceptar. Tiempo para mejorar y cambiar.
NIEVES JUAN GALIPIENSO.
4/3/2010.
martes, 2 de marzo de 2010
EN TARDES COMO ESTA.

EN TARDES COMO ESTA.
- ¡Ummm..., que rico! Calentito, me apetece tanto saborear este chocolate.- Roberto pensaba en voz alta mientras bebía su taza humeante. Detestaba la lluvia, siempre conseguía asaltarle la melancolía con ella de fondo. La mejor forma de acallar sus reclamos era así. Tomar un buen chocolate, tumbado en su sofá mientras una película sonaba como historia protagonista de aquel salón.
Por unas horas, su vida se postergaba, parecía que todo se detenía, hasta sus latidos eran reposados y lentos, tan sólo la sucesión de imágenes reflejada en el cristal de la vitrina rompía aquella calma. Los actores tomaban cada vez más protagonismo pasando de la pantalla de televisión a los sueños de él.
Sumergido en otro mundo Roberto era un miembro más de aquel colectivo en busca de un tesoro perdido. Un aventurero ansioso por las joyas y los trofeos sepultados en la caja fuerte de aquel barco hundido. Varias expediciones lo habían intentado en vano. Peleas, mentiras, intrigas y mucha rivalidad entre ellos debilitaba la misión y las ganas se ahogaban entre olas y espuma de frustración.
Roberto magullado y agotado cae al fondo del mar, no consigue flotar y se ve camino a la bodega del barco. Sobresaltado se despierta de repente, se sujeta al sofá y nota su cuerpo suspendido en terreno seco. Ni barco, ni olas, ni tesoro, suspira aliviado y vuelve a coger la taza para agotar el último sorbo de chocolate.
La lluvia ha cesado y el arco iris pinta en el cielo un halo de esperanza. – Creo que al fin podré salir a dar una vuelta, el aire fresco me despejará.-
NIEVES JUAN GALIPIENSO.
2/3/2010.
TRES MINUTOS... UNA ERTERNIDAD.

TRES MINUTOS... UNA ETERNIDAD.
- ¿Qué tal, cómo ha pasado la noche?- Preguntó el enfermero.
- Bien, va a ratos. Ahora parece algo más intranquilo.- Contestaba mientras sujetaba su mano y acariciaba su pecho.
Luisa desconocía si ese arrumaco calmaba a Miguel, y si sus gemidos constantes eran síntoma de dolor, cansancio o agotamiento por estar apresado en esas cuatro paredes, encamado más de veinte días, sin más propósito que aguardar ansioso la llegada de su carcelero. Ese que libraría su alma y su cuerpo de tanta limitación y sufrimiento.
El enfermero realizaba su cometido y conmovido por sus lamentos, acarició su frente mientras le hablaba con cariño. Luisa no pudo contenerse y ante tal gesto se derrumbó. Sus lágrimas mojaron la cama de Miguel, y una mirada cómplice entre ambos puso de manifiesto el dolor y la preocupación compartidos.
Era inevitable, el tiempo, su tiempo, se acortaba y la vida se esfumaba entre cables y goteros. Tres minutos, una hora, dos semanas, toda una eternidad en la palma de sus manos. Otro centímetro más en el agujero de nuestro corazón.
NIEVES JUAN GALIPIENSO
2/3/2010.
lunes, 1 de marzo de 2010
BOMBAY.

BOMBAY.
Natalia miraba desesperada su reloj. Luis llegaba tarde, como de costumbre. De pie en su despacho contaba los minutos para abandonarlo.
Nadie entendía su repentina decisión. Loca para unos y descabezada caprichosa para otros.
Su avión estaba a punto de aterrizar. El que la llevaría rumbo a otra vida, otro país, diferente cultura y tradiciones. Sin amigos ni familiares.
No esperó más, cogió sus cosas y se despidió de todos. Su taxi aguardaba en la entrada, y mientras se alejaba recorriendo aquellos lugares, recordó su llegada, llena de juventud e inexperiencia. Ahora algo más curtida en años y en vivencias.
Se despedía conforme, a su paso, iba dejando atrás parques, edificios, monumentos y lugares emblemáticos.
Con una sonrisa y algo de nervios por la nueva experiencia, pasar de alta ejecutiva a voluntaria sería todo un reto.
Llegó a tiempo, sin Luis, ¡que desastre!. Sus maletas facturadas, ya acomodada en su asiento imaginaba como sería su llegada. Y pedía al cielo no haber errado en su decisión.
Sus sueños se esfumaron, dejando paso a un descanso profundo. Mientras surcaba los cielos de Bombay.
NIEVES JUAN GALIPIENSO.
1/3/2010.
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MICRORRELATOS: DESPEDIDAS
ENTRE PIELES DE VALOR.

ENTRE PIELES DE VALOR.
Lo siento, de veras que lo he intentado, con empeño desmedido y espejismos de ilusión.
Aposté por ti y me equivoqué. ¿Será verdad que no somos dueños del amor?. ¿Que no podemos fingir, forzar u obligar a sentir?.
En esta noche de frío y tormenta rebusco en mi armario el abrigo del valor, para decirte mientras me arropo: - “ADIOS”-.
No hay otra, nunca la hubo. No hay amor, él siempre faltó.
NIEVES JUAN GALIPIENSO.
1/3/2010.
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MICRORRELATOS: DESPEDIDAS
viernes, 26 de febrero de 2010
MICRORRELATOS: EDEN PERSONAL.

EDÉN PERSONAL.
Tacones golpeando el suelo, contoneo de caderas, falda ladeada marcando sus formas fuera de perspectiva. Esa melena rizada ondeando caprichosa según la brisa del mes de abril. Un perfume intenso, penetrante que corta el sentido. Que te transporta a un edén, paraíso perfecto inaccesible para los simples mortales, esos que madrugan, sudan y se desmemorian con el paso del tiempo.
¿Tal vez he muerto y estoy en mi cielo? Entorno repleto de hermosas mujeres, de formas, esencias, manjares y colores propios de otra categoría, de otra dimensión. Perfección a mí alrededor y yo tan mediocre.
En esta escuela de la vida uno aprende demasiado tarde. La veteranía y la experiencia se nos conceden como medalla póstuma, reconocimiento que nos llega cuando carecemos de sentidos. Y son otros los que las recogen en manos tarambanas. Para encerrarlas en una vitrina o conservarlos en un álbum, casi olvidado en el recuerdo.
Dicen, que aquí no sirve de nada los títulos, ni los meritos terrenales. Eso me salva. No hay duda estoy en el cielo. ¡Que gloria haber llegado! Por fin un poco de vida, de buena vida.
NIEVES JUAN GALIPIENSO.
26/2/2010.
miércoles, 24 de febrero de 2010
ARREBATO

ARREBATO.
Su labio entre mordido, ojos en blanco, respiraciones aceleradas. Silencio roto a golpe de gemido ahogado en suspiros casi silenciosos, una lágrima moja su mejilla. Y ese abrazo comienza a ahogar. Dos cuerpos enlazados en uno. Sin otro pensamiento, ni propósito que amarse.
NIEVES JUAN GALIPIENSO.
3/2/10.
AFORTUNADO ENCUENTRO

AFORTUNADO ENCUENTRO.
Caminaba a prisa, sus pisadas delataban inseguridad y peligro. Sombras en la noche la perseguían. Respiración entrecortada, caminar acelerado. Giró en la primera esquina para esconderse, chocando con su verdugo.
- ¡Ayyyyyy! ¡No me haga daño, por favor!-
- Señora tranquila, soy el agente Rodríguez, ¿está bien?
NIEVES JUAN GALIPIENSO.
2/2/10.
DE PASEO.

DE PASEO...
Caminaba sola arrastrando su osito de trapo, asustada y llorosa. La gente pasaba por su lado esquivándola. No comprendía su indiferencia. ¿Dónde estaba su mamá?.
- Clara, cariño, tranquila. No llores más. Estás en casa y con mamá. Vuélvete a dormir, todavía queda mucho para ir al cole.-
NIEVES JUAN GALIPIENSO: 2/2/10.
DESPEDIDAS:ACERTADA DECISIÓN

ACERTADA DECISIÓN.
Te encaprichaste de mi, tal vez, porque era una nota discordante en tu vida. Alguien que salpicaba tu honorabilidad y tiraba por tierra la cuna de tu familia. Elegirme fue otro más de tus actos de rebeldía frente a esa estricta autoridad familiar.
Debo marcharme, mi amor, porque seguir a tu lado sólo te dañará. Tu familia jamás me aceptará. Y en un par de meses lo que ahora es novedad pasará a un segundo plano. Tu desinterés ganará terreno sobre mi. Entonces no podré soportarlo. Y te quedarás sin tu familia y sin mi.
Ahora te enfadarás, incluso me maldecirás. Pero a la larga comprenderás que es lo mejor. Reconcíliate contigo misma. Deja de guerrear, nadie ha abierto ningún frente contra ti. Acepta quién eres, dónde has nacido y sé quien deseas ser.
Construye tu vida desde la utilidad y la satisfacción, no desde el escándalo y las excentricidades. Duerme, sigue soñando con mis palabras, cuando despiertes ya no estaré. Y mi nota te recordará que todo esto fue real.
Un beso mi amor, nuestras vidas seguirán, el camino está por trazar.
NIEVES JUAN GALIPIENSO.
24/2/2010.
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MICRORRELATOS: DESPEDIDAS
DESPEDIDAS: DESPEDIDA REVELADORA.

DESPEDIDA REVELADORA.
Creía que no llegaba a tiempo. El taxi pilló un atasco en la carretera y tuve que bajarme y realizar el último trayecto corriendo. Llegué acalorada al aeropuerto, los nervios y el sudor invadieron mi rostro y mis manos. Te busqué en tu terminal, y a lo lejos divisé aquel sombrero que tanto detestaba. Ese que te regalaron por tu ascenso.
Ahí estabas tú, respetando como nunca la cola, erguido, bien plantado de espaldas a mi, mostrándome el mapa de África estampado en tu camiseta. Grité tu nombre varias veces. Pero mi tenue voz se perdía entre tanto espacio.
Mi corazón se aceleraba por momentos, te ibas y no podría despedirme de ti. Tal vez en un arranque de valor conseguiría decirte esto que callo tantos años. Intentaba alzarme de puntillas, con la esperanza de resaltar y llamar tu atención, agitaba mi brazo a la vez que pronunciaba tu nombre.
De repente te giras tu maleta se ha atascado, sí creo que me has visto. Corres contracorriente, la azafata te llama la atención, pero sigues corriendo hacia mi, los pasajeros te observan sorprendidos.
- ¡Jorge!.- Me fundo en un abrazo contigo y te susurro: - lo siento, te echaré de menos, muchísimo. Buena suerte en tu nuevo destino. Acuérdate de mi.-
Tú me besas y respondes: - tranquila volveré en un par de semanas, acabo de verlo claro. Rechazaré el traslado. Nada se me ha perdido en Bélgica. Aclararé todo y volveré, y entonces no aceptaré ni una escusa por tu parte. ¿Trato hecho?.-
Yo te beso y mis lágrimas te confirman mi deseo.
NIEVES JUAN GALIPIENSO.
23/2/2010.
DESPEDIDAS

¿YA TE VAS?.
- Prepárense.- Nos alertó su médico. – Tal y como avanza la enfermedad, todo apunta a complicarse en cualquier momento y ser irreversible.- Escuchábamos estas palabras en el pasillo del hospital como sentencia en vía de ejecución rápida.
¿Cómo se prepara uno para esto?. Para decir adiós y dejar partir a alguien que anhela su libertad. Que aún estando aquí físicamente, su mente y su esencia hace mucho que vagan perdidas, desorientadas en busca de su destino.
¿Cómo se prepara uno para no sufrir, para no llorar?. Para no sentir su apego, su cariño, su amor y su protección. ¿Cómo se puede decir adiós sin que se nos resquebraje la voz, se hiele el aliento y se nos petrifique el alma ante los pies de su cama, tomándole de la mano?. Mientras él ya hacía mucho que tenía decidida su partida.
No se puede, sucede, se vive, se impone y se supera.
NIEVES JUAN GALIPIENSO.
19/2/2010.
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viernes, 12 de febrero de 2010
ALIENTO

ALIENTO.
Sé que lloras a escondidas, y eso me mata, creo que más, que esta mierda que tomo. Por las noches en silencio, el cuello de tu pijama y el lado de tu almohadón se humedecen. Y cuando sales, aprovechando que tengo visita y tardas un tiempo en volver, sé que digieres en soledad nuestro diagnóstico.
Intentas sonreír, y te esfuerzas en ello, pero me basta mirar tus pupilas para saber que su pequeño riachuelo de tristeza y desesperanza ha fluido como agua que busca su camino.
Entonces bromeo, y pongo alguna de esas caras que tanta gracia siempre te han hecho. Tu sonrisa brota sincera y limpia, yo me oxigeno y me crezco, no todo está perdido. Mi aliento cobra fuerza, te cojo de la mano y tus caricias me recuerdan cuan afortunado soy. Aún teniendo esta sentencia de muerte casi firmada.
lunes, 16 de noviembre de 2009
XIII GÉMINIS.

XIII CERTAMEN GÉMINIS: CONCURSO NARRATIVA BREVE. AYTO. DE ASPE.
El pasado sábado 14 de noviembre se celebró la entrega de premios de dicho concurso, recibiendo un Accesit al mejor relato de autor aspense. La obra premiada fue "Azar".
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informacion de actos y eventos literarios
LAS PALABRAS

LAS PALABRAS.
“-¡Vaya, soy la primera!, lo intuía. Todavía no ha llegado nadie. Si es que ya se sabe la puntualidad no es el valor predominante en estos tiempos. Todos vamos deprisa, robando minutos al reloj, con la triste ilusión de hacer más cosas a la vez , y en realidad hacemos, pero menos y peor. Nuestra dueña suele ser de esas, no de las que llegan tarde, sino más bien de las que se afana en recuperar cada minuto para estrujarlo y aprovecharlo al máximo. Esta noche sin ir más lejos pretendía crear una historia, le gusta escribir. Y me atrevería a decir, que no lo hace del todo mal. Su cabeza no deja de dar vueltas, intenta encontrar las palabras adecuadas; tras unas horas opta por abandonar, aquel dolor de sien junto a su resultado frustrado ya le había generado bastante ansiedad. Cierra su portátil con apenas un garabato sin sentido y cambia de escenario. Acostada sigue pensando, suelen venirle grandes ideas a esas horas y en esa posición, por favor, que nadie pregunte la razón. Hasta que el sueño la vence”-.
Quedamos atrapadas en sus recuerdos inmediatos, como si de un baile se tratara, vamos saliendo una a una a la pista iluminada por esa luna llena que acierta a colarse entre las rendijas de la persiana. Yo soy la primera, permítanme que me presente: Jacarandá, para servirles, creo que mi ama y señora me tiene en mente, me asocia con una de sus canciones favoritas del gran Jorge Drexler. Pero en realidad está obsesionada conmigo, no sabe qué puesto darme en su historia, ni a quién cobijar bajo mi sombra. Voy y vengo a su pensamiento como un columpio incapaz de tomar tierra, y este hilo conductor de sus pensamientos subconscientes muestran la traición de su ocultismo, poniendo de manifiesto, a través de mi, todo ese mundo secreto y privado.
Llega mi compañera la melancolía, de naturaleza triste y pensativa, parece que nuestra bella durmiente tiene un sueño de amor, y aunque su primer instinto es de atracción, la suerte no juega a su favor; los dioses la han abandonado. Y la magia del momento se pierde y se confunde como un grano de arena en el desierto. Una vez más ese amor inicial se ha transformado en amistad. La mariposa del sexo y la lujuria se disipan en la lejanía, y su espíritu somnoliento y lleno de escarcha busca un refugio, una cueva en la cual guarecerse hasta que amaine la tormenta, y cada nube ceda su terreno al sol.
Gira, cambia de posición en la cama; la melancolía y yo esperamos ansiosas la visita de una nueva colega, el baile en pareja comienza a cansarnos, pasar a ser un trío tendría su morbo. Y cual es nuestra sorpresa, de repente se unen a nuestra danza las madreselvas con pétalos de color ámbar envolviendo con su aroma cada rincón de la habitación. Formando un quinteto variado iconoclasta de cualquier síntoma de nostalgia. Jugamos en corro, formamos una cadena, todo es algarabía y jolgorio. Por fin van acudiendo a la cita.- ¡Silencio!, bajar la voz, o la despertaremos y nos tocará regresar cada una a su página-.
La música cesa, el silencio mueve ficha en esta partida de ajedrez y toda nuestra atmósfera cambia, la incertidumbre nos apresa. No sabemos qué pasa por su cabeza, comenzamos a ver algo. Parece que está viajando, en sus sueños visita lugares recónditos y sin sentido, a lomos de su unicornio, apareciendo frente al luminoso ultramarino barlovento el cuál ha perdido su “s final” azul turquesa, era una antigua tienda del barrio. Las imágenes se agolpan y se suceden como flases, fogonazos que la devuelven a esa hoguera de inmundicia, esa que le recuerda todos los planes incumplidos, las promesas rotas, de quién antes la quería y ahora ya ni le importa. La alacena de su alma se llena de sensaciones caducas y negativas; se agita, parece insegura y se agarra a la cama, su cuerpo siente caerse al vacío, intenta incorporarse y colocar los pies en algo fijo y seguro, cree que duerme en litera, tal vez en la de algún albergue, como acostumbra en sus viajes mochileros. De repente aparece agarrada a la bajante de su edificio. No entiende que ocurre, no es la única, su cara lo demuestra, ni qué significa cada destino, pero parece que recupera la calma, presuponemos, un aterrizaje seguro. Y vuelve a recostarse. La pesadilla ha cesado, respira tranquila, parece que descansa. Su sueño se vuelve profundo. Nosotras recuperamos el aliento y nos disponemos a reanudar nuestra particular fiesta.
¿Qué es eso?, no se oye nada. Su actividad mental ha cesado, y nosotras como hierático canto de sirena somos arrastradas a un rincón de la pasividad y la nada. Mis hermanas las palabras van desapareciendo, han perdido su poder, carecen de vida. En breve me esfumaré. Tan sólo la sabiduría y el buen hacer de quién decida pronunciarnos logrará resucitarnos de este letargo. Y de nuevo seremos útiles. Sólo la transmutación del silencio nos hará protagonistas.
Ring-ring-ringggggggg. – ¡No, maldito despertador!, otra vez se ha vuelto a atrasar. Llegaré a tarde a mi cita. Tengo que tomar algo, mi cabeza parece embotada. Oportuna charla sobre las palabras y su uso, justo ahora cuando lo que más deseo es guardar silencio. Menuda pesadilla.
Entre unicornios, palabras bailando al son de mis pensamientos y viajes a destinos sin sentido, no ha habido quien descansara esta noche. Y por si fuera poco un perlado con sotana negra me perseguía ¡Ay sueño profundo y reparador, quién te pillara!-.
- “Schischisssschhhhhc, ya estamos de nuevo en marcha, somos nosotras, las palabras”-.
“-¡Vaya, soy la primera!, lo intuía. Todavía no ha llegado nadie. Si es que ya se sabe la puntualidad no es el valor predominante en estos tiempos. Todos vamos deprisa, robando minutos al reloj, con la triste ilusión de hacer más cosas a la vez , y en realidad hacemos, pero menos y peor. Nuestra dueña suele ser de esas, no de las que llegan tarde, sino más bien de las que se afana en recuperar cada minuto para estrujarlo y aprovecharlo al máximo. Esta noche sin ir más lejos pretendía crear una historia, le gusta escribir. Y me atrevería a decir, que no lo hace del todo mal. Su cabeza no deja de dar vueltas, intenta encontrar las palabras adecuadas; tras unas horas opta por abandonar, aquel dolor de sien junto a su resultado frustrado ya le había generado bastante ansiedad. Cierra su portátil con apenas un garabato sin sentido y cambia de escenario. Acostada sigue pensando, suelen venirle grandes ideas a esas horas y en esa posición, por favor, que nadie pregunte la razón. Hasta que el sueño la vence”-.
Quedamos atrapadas en sus recuerdos inmediatos, como si de un baile se tratara, vamos saliendo una a una a la pista iluminada por esa luna llena que acierta a colarse entre las rendijas de la persiana. Yo soy la primera, permítanme que me presente: Jacarandá, para servirles, creo que mi ama y señora me tiene en mente, me asocia con una de sus canciones favoritas del gran Jorge Drexler. Pero en realidad está obsesionada conmigo, no sabe qué puesto darme en su historia, ni a quién cobijar bajo mi sombra. Voy y vengo a su pensamiento como un columpio incapaz de tomar tierra, y este hilo conductor de sus pensamientos subconscientes muestran la traición de su ocultismo, poniendo de manifiesto, a través de mi, todo ese mundo secreto y privado.
Llega mi compañera la melancolía, de naturaleza triste y pensativa, parece que nuestra bella durmiente tiene un sueño de amor, y aunque su primer instinto es de atracción, la suerte no juega a su favor; los dioses la han abandonado. Y la magia del momento se pierde y se confunde como un grano de arena en el desierto. Una vez más ese amor inicial se ha transformado en amistad. La mariposa del sexo y la lujuria se disipan en la lejanía, y su espíritu somnoliento y lleno de escarcha busca un refugio, una cueva en la cual guarecerse hasta que amaine la tormenta, y cada nube ceda su terreno al sol.
Gira, cambia de posición en la cama; la melancolía y yo esperamos ansiosas la visita de una nueva colega, el baile en pareja comienza a cansarnos, pasar a ser un trío tendría su morbo. Y cual es nuestra sorpresa, de repente se unen a nuestra danza las madreselvas con pétalos de color ámbar envolviendo con su aroma cada rincón de la habitación. Formando un quinteto variado iconoclasta de cualquier síntoma de nostalgia. Jugamos en corro, formamos una cadena, todo es algarabía y jolgorio. Por fin van acudiendo a la cita.- ¡Silencio!, bajar la voz, o la despertaremos y nos tocará regresar cada una a su página-.
La música cesa, el silencio mueve ficha en esta partida de ajedrez y toda nuestra atmósfera cambia, la incertidumbre nos apresa. No sabemos qué pasa por su cabeza, comenzamos a ver algo. Parece que está viajando, en sus sueños visita lugares recónditos y sin sentido, a lomos de su unicornio, apareciendo frente al luminoso ultramarino barlovento el cuál ha perdido su “s final” azul turquesa, era una antigua tienda del barrio. Las imágenes se agolpan y se suceden como flases, fogonazos que la devuelven a esa hoguera de inmundicia, esa que le recuerda todos los planes incumplidos, las promesas rotas, de quién antes la quería y ahora ya ni le importa. La alacena de su alma se llena de sensaciones caducas y negativas; se agita, parece insegura y se agarra a la cama, su cuerpo siente caerse al vacío, intenta incorporarse y colocar los pies en algo fijo y seguro, cree que duerme en litera, tal vez en la de algún albergue, como acostumbra en sus viajes mochileros. De repente aparece agarrada a la bajante de su edificio. No entiende que ocurre, no es la única, su cara lo demuestra, ni qué significa cada destino, pero parece que recupera la calma, presuponemos, un aterrizaje seguro. Y vuelve a recostarse. La pesadilla ha cesado, respira tranquila, parece que descansa. Su sueño se vuelve profundo. Nosotras recuperamos el aliento y nos disponemos a reanudar nuestra particular fiesta.
¿Qué es eso?, no se oye nada. Su actividad mental ha cesado, y nosotras como hierático canto de sirena somos arrastradas a un rincón de la pasividad y la nada. Mis hermanas las palabras van desapareciendo, han perdido su poder, carecen de vida. En breve me esfumaré. Tan sólo la sabiduría y el buen hacer de quién decida pronunciarnos logrará resucitarnos de este letargo. Y de nuevo seremos útiles. Sólo la transmutación del silencio nos hará protagonistas.
Ring-ring-ringggggggg. – ¡No, maldito despertador!, otra vez se ha vuelto a atrasar. Llegaré a tarde a mi cita. Tengo que tomar algo, mi cabeza parece embotada. Oportuna charla sobre las palabras y su uso, justo ahora cuando lo que más deseo es guardar silencio. Menuda pesadilla.
Entre unicornios, palabras bailando al son de mis pensamientos y viajes a destinos sin sentido, no ha habido quien descansara esta noche. Y por si fuera poco un perlado con sotana negra me perseguía ¡Ay sueño profundo y reparador, quién te pillara!-.
- “Schischisssschhhhhc, ya estamos de nuevo en marcha, somos nosotras, las palabras”-.
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RELATOS BREVES
martes, 14 de julio de 2009
VII. AZAR.

VII. AZAR.
“Fue sin querer, es caprichoso el azar, no te busqué; ni me viniste a buscar. Yo estaba dónde no tenía que estar, y pasaste tú cómo sin querer pasar…”.
Cuando escuchaba esta canción, una de mis preferidas de Serrat, no pensaba, ni podía imaginar, sentirme identificado con ella. Ahora cada vez que la oigo recuerdo nuestros inicios. Y me emociono siempre en el mismo compás, en ese estribillo, que viene a mis labios, de forma pausada, una y otra vez mientras suena la música:
“Tanto tiempo esperándote, tanto tiempo esperándote”.
Mi voz se recrea y toma plena consciencia de cada una de esas sílabas, que se escapan melodiosamente, desplegando todo un abanico de emociones y sentimientos. Conectando mi rincón más íntimo y sagrado con mi exterior físico y cambiante. Un escalofrío me recorre, el vello de mis brazos se altera, la piel de gallina, la sonrisa perpetua en mi expresión y hasta mi voz tiembla cuando repito a dúo con Serrat esta frase mágica.
No soy Noa, ni tengo su voz aterciopelada y potente, que más quisiera yo. Pero todo mi ser al oír, cantar y recordar, se emociona, como su público en pie seguidor en los recitales de cada gira. Yo siento que te la estoy cantando a ti, y que esta simple canción se ha convertido en un mantra revelador, que me repito hasta la saciedad, para reconocer o creerme que lo nuestro es verdad, que amar jamás había sido tan tremendamente gratificante, y que haber dado contigo es el premio a toda una vida. El mejor regalo que alguien puede recibir. Y todavía me pregunto, ¿qué he hecho yo para merecer esto?. Agradecido elevo mis plegarias al cielo, para que no desaparezcas.
Para que no te esfumes. Aunque ambos sabemos que nada es para siempre, y que esta vida en movimiento constante puede llevarnos a paraderos desconocidos, lejos de todo lo habitual.
Fue ella y esa evolución involuntaria, la que un buen día te presentó en mi despacho. Mi cita no era contigo, en mi agenda aparecía anotada una tal srta. Asunción Cano, experta en marketing. Acababa de sacar un nuevo producto y necesitaba diseñar su promoción. Decidí acudir a los expertos y así contratar sus servicios. Tuve que salir de mi despacho por una urgencia, y llamé para cancelar y posponer el encuentro.
Fueron muy amables conmigo, entendieron mis circunstancias personales. Se anuló y me llamaron en unos días más tarde, para buscar el momento idóneo y concertar una nueva entrevista.
Llegó el día, tu ruta no era esa. Te cogió por sorpresa, y no de muy buen grado, tuviste, que hacer un hueco más en tu agenda ya repleta, sustituyendo otra vez tu almuerzo por mi visita. Confirmaste a tu secretaria el servicio, y ella a mi tu presencia. Y allí te plantaste tú, D. Jorge Atienza, coordinador jefe de marketing, atendiendo a un ejecutivo fuera de tu lista, de un sector desconocido para ti, saltándote todos los planes y protocolos establecidos, obedeciendo una orden procedente de lo más alto de tu escalafón laboral.
La sorpresa fue mutua, ya que nadie me avisó del cambio de profesional, y aunque esperaba a la srta. Asunción, me encantó recibirte a ti. Nuestra primera toma de contacto fue interesante, a ambos se nos pasó el tiempo volando. Y sacamos mucho provecho de él. Tanto, que necesitamos varias reuniones más, largas y amenas para lograr el diseño esperado.
Aquellos encuentros se iban convirtiendo en mucho más que simples reuniones de trabajo. Y aprovechábamos cualquier excusa para repetir y aumentar nuestras citas, y con ellas las oportunidades de estar juntos. De descubrir al otro y alegrarnos compartiendo quiénes éramos.
No pretendíamos nada, ambos estábamos en situaciones de alto riesgo, como solías decir tú, y tal vez fue eso, lo que nos atrajo de forma tan potente y especial. Tú estabas a punto de romper con tu novia. Todo era más que evidente para ambos, tan sólo restaba pronunciar las palabras definitivas que sentenciaran una realidad. Bajar a la tierra aquella nube de desinterés y desgana, instalada hace tanto entre vosotros.
Yo todavía seguía añorando mi último amor. Ambos luchamos, por su continuidad, pero ella acertadamente, no pudo más. Y se negó a alargar la agonía de nuestra relación. Fue tajante y decisiva y un buen día se marchó. Se despidió y una vez más demostró su valentía frente a mi cobarde resignación.
Tú estabas a punto de poner fin a tu relación, y a mí me habían dado pasaporte hace mucho. Después de Lucia, no hubo otra. No me apetecía, y aunque estadísticamente soy una excepción, no necesité encontrar una sustituta que alabará mi grandeza personal y me demostrara que valía la pena ser querido. Tan sólo acepté de buen grado mi devenir y canalicé mis fuerzas en seguir viviendo. En desarrollar nuevos proyectos personales y laborales. Tal vez, con el tiempo, y contemplando mi reacción, la decisión de Lucia fue la acertada, y no la quería tanto, como en un principio, yo pensaba.
Claro que tuve momentos duros, pero reconozco que fueron breves, y que logré sobreponerme de ellos con más fuerza y ganas, cada vez que salía del agujero me crecía unos centímetros y me sentía más enérgico para seguir adelante.
El proyecto estaba diseñado, desarrollado y evaluado, y ya no quedaban más pretextos que añadir a mi lista de peticiones. Ambos deseábamos seguir viéndonos, y nuestras queridas secretarias, fueron sustituidas por nuestros móviles personales. En un arrojo de valentía, logré llamarte. Quedamos varias veces, y en estas ocasiones, no era el trabajo el tema central , aunque solía estar presente en nuestras conversaciones. Comimos juntos, viajamos, jugamos al pádel, contemplamos la belleza del mar buceando, reconozco que me aterraba, pero a tu lado fue fácil, y me convertí en un adicto del oxigeno en botella. Disfrutamos de exposiciones, congresos y cursos. Y sin darnos cuenta estábamos compartiendo todo aquello que más nos gustaba. Organizar planes juntos y compatibilizar horarios resultaba muy fácil.
Todo fue surgiendo de forma natural, y a ninguno nos extrañó pasar tanto tiempo juntos y a solas. Claro que este no era el pensamiento del resto de nuestros amigos y conocidos. Pero a nosotros no nos importó, cosa rara, pero así fue. Cada uno emitió su veredicto, sobre como acabaría esta historia, y por supuesto ninguno acertó. Jorge y Mario, tú y yo, no tuvimos nada más en cuenta, que nuestro sentir. El cual nos llevó a descubrir una nueva forma o modalidad de amor.
Reconozco, que al principio fue raro, joder muy raro. Me pregunté si había sido abducido por los marcianos, me analicé exhaustivamente, creyendo que esta atracción se debiera a un trauma no superado, en vez de a un deseo real. Consulté a expertos. Siempre había tenido clara mi tendencia sexual, y aunque mis relaciones terminaban fracasando, nunca lo achaqué al sexo.
Tú también pasaste lo tuyo, no fue fácil para ninguno de los dos descubrirnos deseándonos.
Aceptar toda esa serie de sentimientos brotados, fue una lucha interna que ambos pretendíamos, en solitario, vencer. Dando paso a la razón lógica y normal, de dos hombres que deben sentirse atraídos por mujeres. Pero no fue así, afortunadamente. Tras varias semanas de confusión e incertidumbre, por separado, decidimos marcar nuestros números y compartirlo.
Recuerdo tu cara de sorpresa y a la vez de alivio. Cuando descubriste que a mí me ocurría lo mismo. Era alentador no sentirnos únicos. Mal de muchos consuelo de tontos. Saber que los dos estábamos en procesos parecidos y éramos correspondidos, nos devolvía algo de paz y apoyo. Y nos introducía en un nuevo mundo totalmente desconocido. Tomar decisiones con tampoco criterio nos aterraba, y de mutuo acuerdo optamos por seguir juntos, sin recriminaciones, sin juicios, dejando que la vida siguiera su curso, y que los sentimientos afloraran naturalmente, teniendo la certeza de no ser rechazados.
No necesitamos asociarnos a colectivos, ni buscar nuevos amigos con otra orientación sexual. No precisábamos quemar la noche, ni experimentar excentricidades sexuales. Tan sólo seguimos con nuestras vidas. Y en ella incorporamos todas aquellas demostraciones de afecto y amor que deseábamos. No cambió nuestra apariencia física. Nos gustábamos tal y como éramos. En ningún momento hubo que fingir o interpretar, que alivio. Y lo mejor de todo, no tuvimos que dar explicaciones, ni emitir bandos sobre nuestra relación. Sé que resulta increíble, pero tras superar los primeros miedos a todo este mundo de sentimientos desconocidos, y la angustia de errar y dañar al otro con nuestras decisiones. Todo fue sobre ruedas.
Juntos optamos por relajarnos, por aceptar esto nuevo que sentíamos; y por dejar que se manifestara libremente. Y fue maravilloso. Poder besarnos sin sentirnos perseguidos por nuestra moral varonil. Abrazarte y acariciarnos sin tener que desobedecer ninguna regla, sino más bien haciendo caso omiso a nuestro corazón. Vivir una relación de pareja sin cuestionarnos constantemente el rol de cada uno.
“Tal vez quiso el azar tornar semáforos carmín, detener el aguacero y parar el autobús, hasta que me miraste tú. Tanto tiempo esperándote, tanto tiempo esperándote…”. Tal vez todo este tiempo echando el freno sentimental fuera necesario para poder dar contigo. Mi corazón necesitó alojarse en ese semáforo en rojo, detenido, aguardando tu llegada, por eso después de Lucia no hubo ninguna más. Para así, al verte, lograr reconocer que tipo de amor, que tipo de relación complacería todos nuestro anhelos y nos aportaría por fin, aquello que siempre habíamos deseado.
No hubo boda, ni día del orgullo gay, no fue necesario. Nuestras familias fueron aceptándolo, y a día de hoy formamos una familia de dos. Aunque muchos se empeñen en designarnos de forma rarísima. Compartimos todo lo que precisamos y apostamos por el amor y el respeto, la fidelidad y lealtad. Tenemos todo lo que siempre habíamos añorado. ¿Qué importa si somos dos hombres?; Nunca nos hemos sentido tan queridos, tan estimados, valorados y realizados, ¿qué más da si nos llamamos Jorge y Mario?.
“Fue sin querer, es caprichoso el azar, no te busqué; ni me viniste a buscar. Yo estaba dónde no tenía que estar, y pasaste tú cómo sin querer pasar…”.
Cuando escuchaba esta canción, una de mis preferidas de Serrat, no pensaba, ni podía imaginar, sentirme identificado con ella. Ahora cada vez que la oigo recuerdo nuestros inicios. Y me emociono siempre en el mismo compás, en ese estribillo, que viene a mis labios, de forma pausada, una y otra vez mientras suena la música:
“Tanto tiempo esperándote, tanto tiempo esperándote”.
Mi voz se recrea y toma plena consciencia de cada una de esas sílabas, que se escapan melodiosamente, desplegando todo un abanico de emociones y sentimientos. Conectando mi rincón más íntimo y sagrado con mi exterior físico y cambiante. Un escalofrío me recorre, el vello de mis brazos se altera, la piel de gallina, la sonrisa perpetua en mi expresión y hasta mi voz tiembla cuando repito a dúo con Serrat esta frase mágica.
No soy Noa, ni tengo su voz aterciopelada y potente, que más quisiera yo. Pero todo mi ser al oír, cantar y recordar, se emociona, como su público en pie seguidor en los recitales de cada gira. Yo siento que te la estoy cantando a ti, y que esta simple canción se ha convertido en un mantra revelador, que me repito hasta la saciedad, para reconocer o creerme que lo nuestro es verdad, que amar jamás había sido tan tremendamente gratificante, y que haber dado contigo es el premio a toda una vida. El mejor regalo que alguien puede recibir. Y todavía me pregunto, ¿qué he hecho yo para merecer esto?. Agradecido elevo mis plegarias al cielo, para que no desaparezcas.
Para que no te esfumes. Aunque ambos sabemos que nada es para siempre, y que esta vida en movimiento constante puede llevarnos a paraderos desconocidos, lejos de todo lo habitual.
Fue ella y esa evolución involuntaria, la que un buen día te presentó en mi despacho. Mi cita no era contigo, en mi agenda aparecía anotada una tal srta. Asunción Cano, experta en marketing. Acababa de sacar un nuevo producto y necesitaba diseñar su promoción. Decidí acudir a los expertos y así contratar sus servicios. Tuve que salir de mi despacho por una urgencia, y llamé para cancelar y posponer el encuentro.
Fueron muy amables conmigo, entendieron mis circunstancias personales. Se anuló y me llamaron en unos días más tarde, para buscar el momento idóneo y concertar una nueva entrevista.
Llegó el día, tu ruta no era esa. Te cogió por sorpresa, y no de muy buen grado, tuviste, que hacer un hueco más en tu agenda ya repleta, sustituyendo otra vez tu almuerzo por mi visita. Confirmaste a tu secretaria el servicio, y ella a mi tu presencia. Y allí te plantaste tú, D. Jorge Atienza, coordinador jefe de marketing, atendiendo a un ejecutivo fuera de tu lista, de un sector desconocido para ti, saltándote todos los planes y protocolos establecidos, obedeciendo una orden procedente de lo más alto de tu escalafón laboral.
La sorpresa fue mutua, ya que nadie me avisó del cambio de profesional, y aunque esperaba a la srta. Asunción, me encantó recibirte a ti. Nuestra primera toma de contacto fue interesante, a ambos se nos pasó el tiempo volando. Y sacamos mucho provecho de él. Tanto, que necesitamos varias reuniones más, largas y amenas para lograr el diseño esperado.
Aquellos encuentros se iban convirtiendo en mucho más que simples reuniones de trabajo. Y aprovechábamos cualquier excusa para repetir y aumentar nuestras citas, y con ellas las oportunidades de estar juntos. De descubrir al otro y alegrarnos compartiendo quiénes éramos.
No pretendíamos nada, ambos estábamos en situaciones de alto riesgo, como solías decir tú, y tal vez fue eso, lo que nos atrajo de forma tan potente y especial. Tú estabas a punto de romper con tu novia. Todo era más que evidente para ambos, tan sólo restaba pronunciar las palabras definitivas que sentenciaran una realidad. Bajar a la tierra aquella nube de desinterés y desgana, instalada hace tanto entre vosotros.
Yo todavía seguía añorando mi último amor. Ambos luchamos, por su continuidad, pero ella acertadamente, no pudo más. Y se negó a alargar la agonía de nuestra relación. Fue tajante y decisiva y un buen día se marchó. Se despidió y una vez más demostró su valentía frente a mi cobarde resignación.
Tú estabas a punto de poner fin a tu relación, y a mí me habían dado pasaporte hace mucho. Después de Lucia, no hubo otra. No me apetecía, y aunque estadísticamente soy una excepción, no necesité encontrar una sustituta que alabará mi grandeza personal y me demostrara que valía la pena ser querido. Tan sólo acepté de buen grado mi devenir y canalicé mis fuerzas en seguir viviendo. En desarrollar nuevos proyectos personales y laborales. Tal vez, con el tiempo, y contemplando mi reacción, la decisión de Lucia fue la acertada, y no la quería tanto, como en un principio, yo pensaba.
Claro que tuve momentos duros, pero reconozco que fueron breves, y que logré sobreponerme de ellos con más fuerza y ganas, cada vez que salía del agujero me crecía unos centímetros y me sentía más enérgico para seguir adelante.
El proyecto estaba diseñado, desarrollado y evaluado, y ya no quedaban más pretextos que añadir a mi lista de peticiones. Ambos deseábamos seguir viéndonos, y nuestras queridas secretarias, fueron sustituidas por nuestros móviles personales. En un arrojo de valentía, logré llamarte. Quedamos varias veces, y en estas ocasiones, no era el trabajo el tema central , aunque solía estar presente en nuestras conversaciones. Comimos juntos, viajamos, jugamos al pádel, contemplamos la belleza del mar buceando, reconozco que me aterraba, pero a tu lado fue fácil, y me convertí en un adicto del oxigeno en botella. Disfrutamos de exposiciones, congresos y cursos. Y sin darnos cuenta estábamos compartiendo todo aquello que más nos gustaba. Organizar planes juntos y compatibilizar horarios resultaba muy fácil.
Todo fue surgiendo de forma natural, y a ninguno nos extrañó pasar tanto tiempo juntos y a solas. Claro que este no era el pensamiento del resto de nuestros amigos y conocidos. Pero a nosotros no nos importó, cosa rara, pero así fue. Cada uno emitió su veredicto, sobre como acabaría esta historia, y por supuesto ninguno acertó. Jorge y Mario, tú y yo, no tuvimos nada más en cuenta, que nuestro sentir. El cual nos llevó a descubrir una nueva forma o modalidad de amor.
Reconozco, que al principio fue raro, joder muy raro. Me pregunté si había sido abducido por los marcianos, me analicé exhaustivamente, creyendo que esta atracción se debiera a un trauma no superado, en vez de a un deseo real. Consulté a expertos. Siempre había tenido clara mi tendencia sexual, y aunque mis relaciones terminaban fracasando, nunca lo achaqué al sexo.
Tú también pasaste lo tuyo, no fue fácil para ninguno de los dos descubrirnos deseándonos.
Aceptar toda esa serie de sentimientos brotados, fue una lucha interna que ambos pretendíamos, en solitario, vencer. Dando paso a la razón lógica y normal, de dos hombres que deben sentirse atraídos por mujeres. Pero no fue así, afortunadamente. Tras varias semanas de confusión e incertidumbre, por separado, decidimos marcar nuestros números y compartirlo.
Recuerdo tu cara de sorpresa y a la vez de alivio. Cuando descubriste que a mí me ocurría lo mismo. Era alentador no sentirnos únicos. Mal de muchos consuelo de tontos. Saber que los dos estábamos en procesos parecidos y éramos correspondidos, nos devolvía algo de paz y apoyo. Y nos introducía en un nuevo mundo totalmente desconocido. Tomar decisiones con tampoco criterio nos aterraba, y de mutuo acuerdo optamos por seguir juntos, sin recriminaciones, sin juicios, dejando que la vida siguiera su curso, y que los sentimientos afloraran naturalmente, teniendo la certeza de no ser rechazados.
No necesitamos asociarnos a colectivos, ni buscar nuevos amigos con otra orientación sexual. No precisábamos quemar la noche, ni experimentar excentricidades sexuales. Tan sólo seguimos con nuestras vidas. Y en ella incorporamos todas aquellas demostraciones de afecto y amor que deseábamos. No cambió nuestra apariencia física. Nos gustábamos tal y como éramos. En ningún momento hubo que fingir o interpretar, que alivio. Y lo mejor de todo, no tuvimos que dar explicaciones, ni emitir bandos sobre nuestra relación. Sé que resulta increíble, pero tras superar los primeros miedos a todo este mundo de sentimientos desconocidos, y la angustia de errar y dañar al otro con nuestras decisiones. Todo fue sobre ruedas.
Juntos optamos por relajarnos, por aceptar esto nuevo que sentíamos; y por dejar que se manifestara libremente. Y fue maravilloso. Poder besarnos sin sentirnos perseguidos por nuestra moral varonil. Abrazarte y acariciarnos sin tener que desobedecer ninguna regla, sino más bien haciendo caso omiso a nuestro corazón. Vivir una relación de pareja sin cuestionarnos constantemente el rol de cada uno.
“Tal vez quiso el azar tornar semáforos carmín, detener el aguacero y parar el autobús, hasta que me miraste tú. Tanto tiempo esperándote, tanto tiempo esperándote…”. Tal vez todo este tiempo echando el freno sentimental fuera necesario para poder dar contigo. Mi corazón necesitó alojarse en ese semáforo en rojo, detenido, aguardando tu llegada, por eso después de Lucia no hubo ninguna más. Para así, al verte, lograr reconocer que tipo de amor, que tipo de relación complacería todos nuestro anhelos y nos aportaría por fin, aquello que siempre habíamos deseado.
No hubo boda, ni día del orgullo gay, no fue necesario. Nuestras familias fueron aceptándolo, y a día de hoy formamos una familia de dos. Aunque muchos se empeñen en designarnos de forma rarísima. Compartimos todo lo que precisamos y apostamos por el amor y el respeto, la fidelidad y lealtad. Tenemos todo lo que siempre habíamos añorado. ¿Qué importa si somos dos hombres?; Nunca nos hemos sentido tan queridos, tan estimados, valorados y realizados, ¿qué más da si nos llamamos Jorge y Mario?.
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Melodias a contratiempo:relatos breves.
jueves, 9 de julio de 2009
IX. ADICCIÓN.
IX. ADICCIÓN.
“Para empezar diré que es el final, no es un final feliz, tan sólo es un final, pero parece ser, que ya no hay vuelta atrás”. Me planté en tu vida entre risas y desenfreno. No tenías edad para olvidar, ni problemas diarios que superar. Pero acudías a mí, cada vez con mayor frecuencia. Las horas compartidas solían dejarte un buen sabor de boca. Decías que a mi lado todo era fácil. El universo se tornaba rosa chicle con unas dosis de mi esencia, bien combinada con otros sabores propios de la vida. La invitación se tornó canjeo, y éste exigencia, creías que pagando podrías obtener todo lo deseado, y que además sería bueno.
Me buscaste en parques, gasolineras, bares y supermercados. Pasé grandes momentos en tu casa. Confieso, que al principio, eso de ser artículo prohibido me fascinaba, lo hacía todo más interesante. Vernos a escondidas, ocultar nuestros encuentros; disfrazarnos y camuflar tan bien mis síntomas en ti, era divertido. Agudizaba nuestro ingenio, sobre todo el tuyo. Pero al cabo de un tiempo, pesó y llevarme a cuestas entre escondite y despiste era agotador.
Reconozco que “ sólo te di diamantes de carbón; rompí tu mundo en dos; rompí tu corazón, y ahora tu mundo está burlándose de mí ”. Todavía mantengo la esperanza de que alteres tu decisión, y como tantas otras veces, vuelvas a mí, con la cabeza gacha, negando con su gesto esa voluntad resquebrajada por mi poder y tu adicción. Tal vez salgas de ese mal sueño y pises la realidad, esa que demuestra lo mucho que me necesitas. Formando de nuevo esa pareja ideal. Aún estás a tiempo de deshacer tu maleta y venir a mi lado a morar.
Podemos celebrarlo de nuevo, como nosotros sabemos, sin límites, sin un futuro. Y dormirnos abrazados con esa sensación de fragilidad constante, importando muy poco despertar. Sobre todo si tras nuestra pesada y densa reconciliación descubrimos haber errado en la decisión.
“Miedo de volver a los infiernos” de ser condenada a tu destierro. “Miedo a que me tengas miedo”. Y prescindas de mí. “A tenerte que olvidar”. Porque aunque pienses lo contrario, yo sin ti, sin vosotros estaría realmente perdida y sería innecesaria. “Miedo de quererte sin quererlo” de tenerte apego. “De encontrarte de repente” cuándo aún no tenías edad. “De no verte nunca más”, de que logres olvidarme y soñar, vivir sin mi recuerdo, sin ese mono anulador de tus sentidos, sin escalofríos, ni sudores; recuperando el pulso y la sensatez de quién se sabe fuerte y vencedor.
“Oigo tu voz” que llama sin parar, “siempre antes de dormir” porque sin mí no podrías descansar. “Me acuesto junto a ti” como tratando de calmar esa insaciable sed de no ser más. “Y aunque mañana no estarás aquí, en esta oscuridad la claridad eres tú. Sólo tu demanda desvela mi superioridad.
“Ya sé que es el final, no habrá segunda parte. Y no sé cómo hacer para borrarte. Para empezar diré que es el final…” “Y aquí en el infierno oigo tu voz” como me niegas más de tres y seis veces. Me miras, pero no me tomas entre tus manos. Tus labios se alejan de mi boca y me relegas a una esquina de la habitación. Tu indiferencia me cubre de plástico, me enfunda como una especie de basura lista para su deshecho y me arrojas de tu vida. Ya no calmo tu sed ni aumento tu temple. Tu sonrisa eterna y tu alta euforia son aplacadas por esa sensación de no poder más.
Y en un último intento de arrojo y valentía coges tu maleta; abres la puerta y te marchas sin mí. Seis meses y unos cientos de kilómetros nos separarán. Y será otro hogar el que te acoja. Lleno de amigos y vacío de malas influencias como yo. Esta botella de vodka ya no te verá más, no por algún tiempo. Ese centro rehabilitador se convertirá en tu nueva familia, te abrazará para enseñarte a prescindir de mi. Yo seca y rota voy dando tumbos del cubo al camión; del camión al vertedero. Y lo único positivo que obtienen es mi reciclaje.
“Para acabar diré que es el final, no es un final feliz, tan sólo un final; pero parece ser que ya no hay vuelta atrás”…
“Miedo”: M-CLAN.
“Para empezar diré que es el final, no es un final feliz, tan sólo es un final, pero parece ser, que ya no hay vuelta atrás”. Me planté en tu vida entre risas y desenfreno. No tenías edad para olvidar, ni problemas diarios que superar. Pero acudías a mí, cada vez con mayor frecuencia. Las horas compartidas solían dejarte un buen sabor de boca. Decías que a mi lado todo era fácil. El universo se tornaba rosa chicle con unas dosis de mi esencia, bien combinada con otros sabores propios de la vida. La invitación se tornó canjeo, y éste exigencia, creías que pagando podrías obtener todo lo deseado, y que además sería bueno.
Me buscaste en parques, gasolineras, bares y supermercados. Pasé grandes momentos en tu casa. Confieso, que al principio, eso de ser artículo prohibido me fascinaba, lo hacía todo más interesante. Vernos a escondidas, ocultar nuestros encuentros; disfrazarnos y camuflar tan bien mis síntomas en ti, era divertido. Agudizaba nuestro ingenio, sobre todo el tuyo. Pero al cabo de un tiempo, pesó y llevarme a cuestas entre escondite y despiste era agotador.
Reconozco que “ sólo te di diamantes de carbón; rompí tu mundo en dos; rompí tu corazón, y ahora tu mundo está burlándose de mí ”. Todavía mantengo la esperanza de que alteres tu decisión, y como tantas otras veces, vuelvas a mí, con la cabeza gacha, negando con su gesto esa voluntad resquebrajada por mi poder y tu adicción. Tal vez salgas de ese mal sueño y pises la realidad, esa que demuestra lo mucho que me necesitas. Formando de nuevo esa pareja ideal. Aún estás a tiempo de deshacer tu maleta y venir a mi lado a morar.
Podemos celebrarlo de nuevo, como nosotros sabemos, sin límites, sin un futuro. Y dormirnos abrazados con esa sensación de fragilidad constante, importando muy poco despertar. Sobre todo si tras nuestra pesada y densa reconciliación descubrimos haber errado en la decisión.
“Miedo de volver a los infiernos” de ser condenada a tu destierro. “Miedo a que me tengas miedo”. Y prescindas de mí. “A tenerte que olvidar”. Porque aunque pienses lo contrario, yo sin ti, sin vosotros estaría realmente perdida y sería innecesaria. “Miedo de quererte sin quererlo” de tenerte apego. “De encontrarte de repente” cuándo aún no tenías edad. “De no verte nunca más”, de que logres olvidarme y soñar, vivir sin mi recuerdo, sin ese mono anulador de tus sentidos, sin escalofríos, ni sudores; recuperando el pulso y la sensatez de quién se sabe fuerte y vencedor.
“Oigo tu voz” que llama sin parar, “siempre antes de dormir” porque sin mí no podrías descansar. “Me acuesto junto a ti” como tratando de calmar esa insaciable sed de no ser más. “Y aunque mañana no estarás aquí, en esta oscuridad la claridad eres tú. Sólo tu demanda desvela mi superioridad.
“Ya sé que es el final, no habrá segunda parte. Y no sé cómo hacer para borrarte. Para empezar diré que es el final…” “Y aquí en el infierno oigo tu voz” como me niegas más de tres y seis veces. Me miras, pero no me tomas entre tus manos. Tus labios se alejan de mi boca y me relegas a una esquina de la habitación. Tu indiferencia me cubre de plástico, me enfunda como una especie de basura lista para su deshecho y me arrojas de tu vida. Ya no calmo tu sed ni aumento tu temple. Tu sonrisa eterna y tu alta euforia son aplacadas por esa sensación de no poder más.
Y en un último intento de arrojo y valentía coges tu maleta; abres la puerta y te marchas sin mí. Seis meses y unos cientos de kilómetros nos separarán. Y será otro hogar el que te acoja. Lleno de amigos y vacío de malas influencias como yo. Esta botella de vodka ya no te verá más, no por algún tiempo. Ese centro rehabilitador se convertirá en tu nueva familia, te abrazará para enseñarte a prescindir de mi. Yo seca y rota voy dando tumbos del cubo al camión; del camión al vertedero. Y lo único positivo que obtienen es mi reciclaje.
“Para acabar diré que es el final, no es un final feliz, tan sólo un final; pero parece ser que ya no hay vuelta atrás”…
“Miedo”: M-CLAN.
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