miércoles, 21 de abril de 2010

X. ELECTRICIDAD



X.ELECTRICIDAD.

“Fuera sopla el viento, fuera está lloviendo, un aullido aterrador”. Parece que el cielo revela tu interior. Ese miedo contenido, tanto silencio ensordecedor inunda cada hueco de esta habitación, aumenta el temporal y refleja lo que no supe evitar, no me tuviste, y ahora “yo te observo mientras duermes, respirando dulcemente, en la calma de esta habitación”. Sentada en este incómodo sillón repaso las últimas semanas. Analizo cada detalle, tus respuestas, aquellos gestos raros, achacados a tu caprichosa adolescencia, por mi torpeza o descuido. ¿Qué no supe ver? ¿Qué pista deseché?

Creo que si conservo cada segundo de tu aliento en el tarrito de mi conciencia, podré devolverte la vida, sacarte de este eterno sueño, en el que has decidido refugiarte, recuperando ese tiempo ya consumido, dándote una nueva oportunidad. En todo un cielo abierto a la esperanza, al futuro de tus 14 años, sin marcas. Sin cardenales, cortes, ni magulladuras de tanto golpe recibido, de tanta amenaza acumulada forjadora de ese muro protector, que un día, tu miedo levantó y que tanto impedía nuestro acceso. Cualquier acercamiento se tornó misión imposible para nosotros.

Pensamos que ésta, era una rabieta más de las tuyas, que duraba demasiado, pero que pronto pasaría y tus hormonas dejarían de jugarte malas pasadas. El enemigo no estaba dentro, no estaba en ti. Sabía perfectamente como acercarse, cómo acorralarte, sin dejar pruebas de ello, sin que hubiera testigos. Salir a la calle se convirtió en una tortura. Doblar cada esquina sin ir acompañado, sin mirar a todos lados comenzaba a pesarte. Sólo sentías alivio en casa.

Hoy estoy aquí sentada frente a ti, en esta habitación de hospital, deseando que abras los ojos, esos verdes grisáceos, que tanto enamoran. Esos que conseguían derretirme y librarte de cualquier bronca. Me tenías calada, sabías perfectamente cómo hacer uso de ellos para atormentar mi indulgencia, y salir bien parado de cualquier trifulca. Ahora esos ojos están cerrados, rodeados de cortes y moratones, hinchados por tanto sufrimiento acumulado. Por tantas horas de insomnio atesoradas, de pesadillas revividas una y otra vez.

Me acerco a ti “y al besarte en la mejilla, yo creí que me moría, se rompía este pobre corazón. Quiero besarte tengo miedo a despertarte, entró en tu sueño y te grito desde lejos: QUE TE QUIERO. En sólo un segundo”.

“He comprendido lo que importa y lo que no. El fin del mundo, de tu mundo, la tormenta, el dolor. Quedan muy lejos de esta habitación”.
Me siento cansada, las horas de vigilia comienzan a hacer mella. Mis párpados no resisten y lentamente buscan adherirse como si de un velcro se tratara, necesito dormir. Este estado me une más a ti, en mi sueño apareces tú. Estás dormido, como ahora. No, soy yo la que logro colarme en el tuyo. Tengo miedo, noto inseguridad. Todo tiembla, se oyen gritos, insultos, ¿quién es Ringo? Escucho suplicas, es tu voz, lamentos y reproches. Nada te libera de esa agonía, cada vez más inminente. Te preparas para ser golpeado, contraes los riñones y el hígado, presientes su patada. Te mueves muy rápido, que mareo, deseas esquivar los golpes. Pero estos te llegan, te tumban y ya eres hombre muerto. Una vez en el suelo sabes que no hay salida, ni escapatoria posible. Y nuevamente Ringo te utilizará como saco de boxeo para descargar todo esa rabia contenida y acumulada.

Tú ya sabes que es un chico problemático, con una infancia dura. Él ya sabe que tú eres el nuevo, inadaptado y solitario. Ringo ya ha salido, ha abandonado nuestra escena. Y tú sigues tirado en el suelo rodeado de babas y sangre. Lloras en silencio reprochándote tu falta de valentía y fuerza, tragándote tu orgullo pisoteado y rastrero. Te sientes pequeño, cada vez más pequeño, todo se vuelve un obstáculo imposible de salvar. Deseas morirte para librarte de este suplicio.
Yo noto tu angustia esa quemazón estomacal. Y comienzo a correr, preciso ir a tu encuentro, entregarte mis brazos fuertes y llenos de cobijo. Me estoy moviendo, puedo hacerlo, tengo vida en tu sueño. Comienzo a articular palabras, sonidos, no sé si tú me oyes. Pero “te grito desde lejos: QUE TE QUIERO”.

Te giras, tus ojos intentan vislumbrar mi imagen, esta voz te resulta conocida. Ya estoy más cerca de ti. Veo tus ojos, me sumerjo en ese verde esmeralda, los reflejos del sol te deslumbran. No tienes la certeza de saber quién soy. Pero ya no tiemblas, ni lloras. Te acaricio mientras te tomo en mis brazos. “Fuera sopla el viento, fuera está lloviendo un aullido aterrador, pero un susurro nos envuelve, nos abraza lentamente, como un mantra conocido por los dos. No son fantasmas es mi espíritu el que habla. Entra en tu sueño y te grita desde lejos: QUE TE QUIERO”.

“En sólo un segundo he comprendido lo que importa y lo que no”. Tus miedos, tus fobias. Esa manía persecutoria que te anula. Todo lo callado y ocultado, tus excusas, tantas mentiras encubridoras de una explotación más, de otro abuso por la fuerza. Y te susurro lentamente: -ya estás a salvo, esto también pasará. Ya ha pasado. No me sufras más. No estás solo, juntos podremos.-

Nos incorporamos, has dejado de sangrar. Caminamos unidos, giras tu cara y lo último que veo en mi sueño, en tu sueño es tu sonrisa. “Quiero besarte tengo miedo a despertarte; entro en tu sueño y te grito desde lejos: QUE TE QUIERO. En sólo un segundo. He comprendido lo que importa y lo que no: los desengaños y los malos presagios; las envidias, las intrigas que complican nuestras vidas, quedan muy lejos de esta pompa de jabón, nuestra burbuja de amor. Sube por el cielo, más allá del universo, sube y estalla en tu sueño”.

Ya he despertado y sentada en tu cama, sigo abrazándote. Siento algo, parece que tus dedos me han rozado. Tomo tu mano y tú te coges a ella, no puedo creerlo, tu coma ha cesado. Esas dos esmeraldas me miran con sorpresa y anhelo. Me reconoces y te fundes en un abrazo. Y tu pompa de jabón, nuestra burbuja de amor sigue intacta, flotando en esta habitación, en este mundo que castiga el acoso, el hostigamiento, los abusos y la persecución.

PRESENTADO A COCURSO: X CERTAMEN NARRATIVA CORTA " VILLA DE TORRECAMPO.NO FUE PREMIADO.

viernes, 16 de abril de 2010

SUEÑOS EN TUTU ROSA.



SUEÑOS EN TUTU ROSA.

Soñaba con ser bailarina, de esas con medias blancas y tutu, no la frenó ni las risas de sus compañeras, ni esos quilos de más, Soraya rompió su hucha para comprarse las primeras zapatillas de cintas. Sus padres asombrados apoyaron su proyecto, llevándola a clases de ballet como actividad extraescolar. Le dieron tres meses de prueba, pensaban, que se cansaría y abandonaría, esto era otro capricho más de última hora.

Ninguna de sus mejores amigas compartía esa afición, fue sola, empezó sola y ha seguido, continúa, ahora, rodeada de compañeras, alguna de ellas amiga. Madrugó, invirtió sábados y festivos practicando. Entrenó fuera de horario, se privó de chuches y disminuyó el consumo de chocolate. Sudó lo que no estaba escrito. Y aquellos pliegues se alisaron, dejando ver unos músculos más acentuados. Su figura mejoró por momentos, y aunque sus caderas y muslos revelaban su talla, logró bailar y moverse al son del vuelo de una mariposa en busca de alguna flor preciosa.

Su familia empezó a cuestionarse su cordura, y el capricho, según ellos, pasó a obsesión. Soraya estrenó mallot, debutó coreografía, recibió aplausos, y siguió bailando. Esa niña regordeta, caprichosa y veleta encontró su lugar entre punteras y vendajes, entre pasos alados armoniosamente articulados, entre piruetas y equilibrios.

Aquel antojo, hoy es vocación y profesión. Y su primera lección siempre comienza con estas palabras: - Cada uno de vosotros será quién dese ser, nadie tiene poder para anular vuestros sueños, si creéis en vosotros mismos, no necesitaréis estar secundados. Bailar sintiendo, sentir en clave de sol y vivir al compás de vuestras ilusiones y anhelos. Sólo así llegaréis a ser primer bailarín o bailarina, auténtica persona y reina o rey de vuestras vidas.-

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
14/4/2010.

CUENCOS EN VERSO.



CUENCOS EN VERSO.

Hijo de alfarero y nieto de tornero, Jonás prefería regalar versos. Acompañaba a su padre en las ferias, más por obligación que por vocación. Escaqueándose, siempre que podía. Amigo de todos, seductor de lo femenino, encandilaba con su verborrea.

Antonio, mayor y cansado, deseaba legar su horno y ser relevado por su primogénito, esfumándose de él, su escaso interés entre rimas, versos y sueños.

Aquella tarde buscó en la quiromancia su aliado perfecto, que dejara patente, ante su padre, su verdadero sino. A él le creería, este viejo vidente, curandero y tallista de cristal, testigo directo de amaños y chantajes, vio llenarse su cofre de monedas, Antonio pagó su deseo paternal.

Los posos de café hablaron: - alfarero.- Jonás sonrió y emocionado respondió:
- sí, seré alfarero de poemas, modelaré versos y coceré rimas.-

Fue el primer alfarero de las letras. Sustituyó el papel por el barro, las flores por versos y los colores por rimas variadas, llenas de musicalidad. Jarrones, cuencos, vasijas y platos llevaban su sello, altamente literario, bello, original y útil.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
12/4/2010.

APARIENCIAS.



APARIENCIAS.

Hacíamos cola en la caja del banco, delante de mí una esbelta figura se alzaba casi toda de negro, sobre tacones vertiginosos. Su melena morena camuflada en aquellas mechas rubias cubría su espalda. Perfume de violetas y bolso amplio con hebillas y tachuelas.

Revisaba mis cuentas, y preparaba todo lo necesario para agilizar la tarea del cajero. La gente se amontonaba, y no había tiempo que perder. Se gira y me mira de reojo, como un gesto instintivo, como parte de su movimiento, del contoneo de su cabeza, cambiando de postura.

La miro de frente, maquillada hasta la saciedad, sus ojeras, imposibles de disimular, despiertan mi imaginación. Mi mente comienza a recrear la noche anterior. Tal vez estas ojeras escandalosas sean fruto de un rato de pasión, de una fiesta para dos, desconocidos y cómplices del placer de la oscuridad, el alcohol y la excitación. Tal vez el tiempo haya volado entre besos y caricias, repleto de jadeos y vacío de sueño y descanso.

Ya me toca, por fin, y suena su teléfono. Contesta mientras abandona la cola, cediéndome su lugar. No puedo evitar escucharla:
- Si, buenos días, bueno no muy bien. De seguir así tendrán que ingresarla. Faltan los resultados de la última prueba. ¿Pablo y Ana? Se han quedado en casa de mi cuñada, pero a media noche he tenido que salir a por ellos, estaban muy nerviosos.
Así que regresamos a las tantas y por fin se han dormido. ¿Yo?, pues he descansado acostada, pero sin pegar ojo. Si, intentaré dormir siesta, aunque lo tengo difícil. Gracias, no te preocupes, me apañaré. Hasta luego, ya te llamo, hasta luego.-

Indudablemente nada es lo que parece.


NIEVES JUAN GALIPIENSO.
12/4/2010.

lunes, 5 de abril de 2010

LLEGADA MI HORA...


LLEGADA MI HORA…

Nadie me explicó esto, desorientado y con mis sentidos casi anulados represento mi último acto. Con vestuario escaso, a penas una bata azul de hospital, sin maquillaje aparente. Tan sólo los restos de la crema que mi hija solía aplicarme masajeando mi cara. Me decía que era para estar suave. Me encantaba sentir sus manos con ese mimo y cariño. Tumbado en una cama paso mis últimos días. Ya no oigo las máquinas, hace mucho que ni si quiera siento ese gota a gota entrando en mis venas. Llevo sumergido en una pompa, flotando en una nube de algodón, no sé cuánto tiempo. No hay dolores, ni hambre, ni sueño, ni siquiera frío. Con lo friolero que siempre he sido. Y aunque sé que no estoy solo, no sé dónde me encuentro.

Se escucha una música, un dulce susurro, y noto que me llaman, creo que mi turno ha llegado, y sin saberlo debo haber avanzado en la cola, encabezándola. En la habitación todo sigue su curso, las enfermeras me visitan con frecuencia, mi mujer sentada frente a mí, me observa, como esperando una respuesta. Creo que se siente algo perdida y confusa, y sobre todo agotada. Ella tampoco entiende muy bien mi partida, pero acepta algo crispada mi marcha. Me vienen imágenes de estos últimos días, mis hijos, dándome de comer, limpiando mis ojos, masajeando mi pecho para tranquilizarme. Y esas palabras de paz que mi hija suele repetirme:

“Puedes irte cuando quieras, cuando estés preparado. No tengas miedo, estoy contigo, sujeto tu mano. No te preocupes por nosotros, estaremos bien. Todo está bien.”

La escena cambia, me veo en casa, ese traje de capucho a medias, que no acabaré, no sé qué fecha es, pero tal y como van las cosas, no veré más procesiones. Esto se acaba y no sé qué debo hacer. ¿Seguir recordando? Ya no puedo hablar, tal vez quedaron cosas pendientes. Ellos han sabido aprovechar el tiempo, cada uno a su estilo ya se ha despedido. Sé que me quieren, de eso no hay duda. Va a quedar tanto incompleto. ¿Cómo expresarlo?

Ya no podré apaciguar los cabreos de mi hijo, y éste va a ser monumental, no me gusta verle serio y desmotivado. Nunca reflejó su tristeza. La carencia de lágrimas la suplió con una buena dosis de amargura silenciada, de ese resquemor contagioso que siembra desgana. El llanto buscará los ojos de mi hija. Se emociona con facilidad, y suele ser de lágrima fácil, en eso ha salido a mí. Pero me tranquiliza saber, que no está sola, y que incluso, cuando lo ha estado ha sido lo suficientemente valiente para pedir ayuda, para llenarse de todos y todo lo que, como ella dice: “le da vida”.

Últimamente le ha dado por escribir, lo hace hasta aquí, frente a mi cama, y por su gesto y paciencia denoto que eso le ayuda. No he leído gran cosa de ella, y creo que mi opinión no fue acertada. Pensé que era infeliz. Y al enterarse por su madre se apenó, de nuevo se sentía incomprendida. Tal vez no supe leer, tal vez vi reflejada en su teoría mi propia existencia. Tal vez debí leer más, antes de sacar un criterio tan poco acertado. Eso quedará pendiente. Y me angustia, ya no puedo leerla.

Los días se suceden, para mí tan sólo es tiempo que no distingo, me inquieto porque no sé qué siento, porque veo y no distingo, porque sigo preso contemplando mi mundo a la deriva. Lleno de dudas. Es curioso, cada vez me siento más distante de ellos, a pesar de sentir sus manos, sujetando o acariciando la mía, noto otras presencias mucho más intensas, gente querida, ausente, que viene en mi busca, y eso me transmite paz. La que le falta a mi esposa. Hoy la noto más abatida, esa fortaleza de hiperactividad se derrumba a golpe de lágrima. Y aunque lo disimula, ya se siente derrotada. No hay mucho que hacer, y esa pasividad le devuelve a esta realidad.

Tengo que irme, ha llegado mi hora, no quiero escándalo ni nervios. No me gustaría ver a nadie triste, debo partir, mis alas están preparadas. Desearía estar consciente para dejar zanjado todo, pero no es posible.

La habitación calla, mi mujer junto a mí me mira tranquila, intuye lo que pasa. Mis hijos duermen en casa, y yo, me siento preparado, ya veo a mi madre y a mis hermanos, cuánto tiempo separado de ellos, y a lo lejos el reflejo de esa corona dorada, es mi Virgen querida, que acoge a su hijo áspense. Mi desasosiego se ha tornado paz, una serena y armoniosa calma me inunda.

Todo sucedió como deseé, ni gritos, ni nervios, ni crispación. Mi mujer tranquila cierra mis ojos, me besa y avisa. Mis hijos han llegado, Fabio está con ellos, me alegro, mi hija va a necesitarlo, me besan y se despiden con lágrimas silenciosas, sosegadas. El viaje comienza y esta vez sé que no llegaré tarde a mi destino, no perderé ningún tren ni me marearé. Estar tranquilos, me siento como en casa, toda mi familia y conocidos ha salido a mi encuentro. No hay dolor, ni deterioro, tan sólo un inmenso sentimiento de bondad y regocijo reina en cada uno de nosotros.

No sé si será el cielo, pero por lo a gusto que me encuentro, debe de serlo.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
5/4/2010.

miércoles, 31 de marzo de 2010

CUMPLEAÑOS FELIZ.



CUMPLEAÑOS FELIZ.

La ciudad duerme, parece que la noche se ha instalado inamovible, a pesar de este sol mañanero cálido y confortable, que guía mis pasos de camino al trabajo. Resonando a hueco, poniendo de manifiesto la ausencia de todo. Haciéndose raro cualquier otra celebración, que no repique a tambores, nazarenos, cirios y plegarias.

31 de marzo, un miércoles cualquiera, miércoles santo para el calendario nacional. Y un día especial para mí. La vida y la muerte de nuevo pasean de la mano. Una fecha para celebrar desde la distancia, con alguien especial, mi treinta y siete cumpleaños, y primero a su lado. Y desde la cercana ausencia el anhelo del primero sin ti.

Sensaciones contradictorias agolpadas, deseando imponerse, y esta calma personal que hondea en mí como estandarte de mi esencia. Recibo felicitaciones, gestos cariñosos, y la alegría de sentirme tan querida traslada las lágrimas a mis ojos, porque entre tanta prueba de amor no recibiré la tuya.

Mamá me ha llamado, ya sabes, a ella le gusta cantarme su felicitación por teléfono. Comeremos juntos, ya elegí menú de anfitriona y tú estarás a tu modo y estilo, siempre discreto, pero presente, aunque esta vez seamos tres en vez de cuatro. Soplaré las velas y pediré mi deseo, en esta ocasión doble y compartido por los hombres que han llegado y han partido.

El día acabará como cualquier otro y de nuevo la rutina se apoderará de una semana que terminará santa y resucitada.
Tal vez viajera, si la salud acompaña, porque las ganas no faltan.


NIEVES JUAN GALIPIENSO.
31/3/2010.

domingo, 21 de marzo de 2010

RESACA GENERALIZADA.

20 de marzo, la ciudad duerme. La calma retorna imponiéndose. Las gentes acomodadas en sus camas recuperan horas de sueño y excesos. El asfalto tan agredido, hace unas horas, reposa húmedo, conteniendo los restos de lo que fue una fiesta en mayúsculas.

Los semáforos se sienten inútiles, no hay tráfico que regular, ni peatones a los que conceder el paso seguro. La música ha cesado y los últimos petardos resuenan, ya, en el eco de nuestra reciente memoria.

Sosiego, por fin. La resaca como protagonista contagia los hogares y a sus ocupantes, es el momento idóneo para pasear uno a sus anchas. Y comprobar cómo todo cambia a pasos agigantados. El mundo hace unos días detenido, ha vuelto a ponerse en movimiento, tan sólo ha bastado el cambio de posición de las manecillas del reloj.

Presos de esa rapidez transformadora nos moldeamos para hacer más liviano su impacto. La vida sigue en esta ciudad adormilada, comenzando a despertar de su siesta, ya ha pasado el medio día sin hambre ni ganas de nada, cada cual emprende su día, reducido a ocho horas.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
VALENCIA. 21/3/2010.

ARDIENTE DESTRUCCIÓN.



ARDIENTE DESTRUCCIÓN.

En breve todo tocará a su fin. Cinco minutos para pronunciar las palabras mágicas en voz femenina, y el fuego arrasará tantos meses de trabajo, creatividad e ilusión.

Es momento para repasar, echar la mirada atrás y evaluar esta semana de infarto, repleta de cenas en comunidad, paellas numerosas, despertás ruidosas y horas, muchas horas de pie sobre tacones o espardeñas, noches tornándose día sin un descanso que los separe o distinga. Horas preparando, acogiendo, invitando, bailando y sobre todo celebrando.

Estruendo, ya no hay vuelta atrás. Las figuras llenas de color e ironía caerán al suelo, regresando a su punto de partida, pero esta vez convertidas en cenizas. Todos observan desde cerca, el humo se apodera del espacio. Y la sensación de destrucción está palpable.

Para unos, simplemente se acaba un periodo, otro año festero, fallero. Pero hay quienes viven este ritual como un proceso de superación. Atrás se deja un tiempo de propósitos, objetivos, metas, problemas, situaciones adversas, incluso frustrantes.

El fuego poderoso elimina todo lo malo y nos purifica, preparándonos para afrontar una nueva etapa. Reunidos frente a la decadencia de gamas vistosas, cartones tornados en vida y denuncias manifiestas, arrancamos de nuestro pensamiento todo lo dañino.

El calor de la hoguera reconforta nuestro corazón y nos recarga de energía. Listos para emprender otro día con la certeza absoluta, de que los problemas volverán y por supuesto se superarán.

Dedicado a dos ejemplos de verdaderos falleros y mejores amigos: Lourdes y Javi.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
VALENCIA 19/3/2010.

jueves, 11 de marzo de 2010

LA DANZA DEL SIETE.



LA DANZA DEL SIETE.

Siete, eran siete, los enanitos
para una Blancanieves perdida
y desorientada en el bosque.

Siete días, siete noches,
setenta veces siete
susurrar tu nombre
antes del alba y al amanecer.

Siete, número judío mágico.
Componentes de una semana,
maravillas del mundo.
Siete novias para siete hermanos.

Siete nubes, siete estrellas
bailando al son de las séptimas sinfonías
de Beethoven y Mozart
como siete besos de tu boca.

Siete días, siete noches,
setenta veces siete
tu mano en la mía,
una caricia constante.

Siete los colores del arco iris
siete almas en vela, la tuya y la mía
tres noches y media.

Siete pecados capitales,
siete deseos inconfesables
siete sueños realizables.

Siete viajes interlunares,
Siete islas, siete galaxias
El universo rendido a nuestros pies.
En cada gesto que nos une más.


Siete días, siete noches,
Setenta veces siete
Tu sonrisa provocando mi volcán.

Siete días, siete noches,
Setenta veces siete
celebrar siete meses más juntos.

¡Feliz siete mesversario, Fabio!

NIEVES JUAN GALIPIENSO. 11/3/2010.

jueves, 4 de marzo de 2010

RELOJ DE ARENA.



RELOJ DE ARENA.

Sus manos denotaban nerviosismo, el rostro descolorido y arrugado, cansancio y dejadez. Las noches en vela y los días en guardia, expectante, vigilante, llenaban toda su vida. Esa que se había convertido en una cárcel antónima de sus costumbres y su agitación social.

No pude evitarlo, verla enrollada en ese sillón destapada y casi temblando me conmovió, tanto, que me acerqué con cuidado y la tapé, acariciando su hombro, con el deseo y la intención de contagiarle algo de sosiego y ánimo. Ella no despertó, pero agradeció el gesto con un leve contoneo. Su espalda parecía pronunciar: “GRACIAS”.

Imaginé por un momento como sería de niña y de adolescente, su pelo, la ropa, la expresión de su cara. Y hasta el tono de voz vino a mi mente. Su estilo de vida, el tipo de amistades, y cómo se vino abajo todo su mundo tras conocer la noticia.

Debía ser fuerte, y algo en mí me decía, que lo superaría. Era cuestión de tiempo. En breve el ocio, tocaría a su puerta, la obligación cedería terreno a la libertad, y aquel pijama se tornaría un vestido de noche. El silencio de la habitación del hospital se convertiría en bullicio de ciudad, despacho y cafeterías. Y las ropas negras recobrarían colores vistosos y alegres.

Era cuestión de tiempo, como todo en la vida. Tiempo para ser, para olvidar, superar, perdonar, estimar, recuperar y desear. Tiempo para no desesperar y aceptar. Tiempo para mejorar y cambiar.


NIEVES JUAN GALIPIENSO.
4/3/2010.

martes, 2 de marzo de 2010

EN TARDES COMO ESTA.



EN TARDES COMO ESTA.

- ¡Ummm..., que rico! Calentito, me apetece tanto saborear este chocolate.- Roberto pensaba en voz alta mientras bebía su taza humeante. Detestaba la lluvia, siempre conseguía asaltarle la melancolía con ella de fondo. La mejor forma de acallar sus reclamos era así. Tomar un buen chocolate, tumbado en su sofá mientras una película sonaba como historia protagonista de aquel salón.

Por unas horas, su vida se postergaba, parecía que todo se detenía, hasta sus latidos eran reposados y lentos, tan sólo la sucesión de imágenes reflejada en el cristal de la vitrina rompía aquella calma. Los actores tomaban cada vez más protagonismo pasando de la pantalla de televisión a los sueños de él.

Sumergido en otro mundo Roberto era un miembro más de aquel colectivo en busca de un tesoro perdido. Un aventurero ansioso por las joyas y los trofeos sepultados en la caja fuerte de aquel barco hundido. Varias expediciones lo habían intentado en vano. Peleas, mentiras, intrigas y mucha rivalidad entre ellos debilitaba la misión y las ganas se ahogaban entre olas y espuma de frustración.

Roberto magullado y agotado cae al fondo del mar, no consigue flotar y se ve camino a la bodega del barco. Sobresaltado se despierta de repente, se sujeta al sofá y nota su cuerpo suspendido en terreno seco. Ni barco, ni olas, ni tesoro, suspira aliviado y vuelve a coger la taza para agotar el último sorbo de chocolate.

La lluvia ha cesado y el arco iris pinta en el cielo un halo de esperanza. – Creo que al fin podré salir a dar una vuelta, el aire fresco me despejará.-


NIEVES JUAN GALIPIENSO.
2/3/2010.

TRES MINUTOS... UNA ERTERNIDAD.


TRES MINUTOS... UNA ETERNIDAD.

- ¿Qué tal, cómo ha pasado la noche?- Preguntó el enfermero.
- Bien, va a ratos. Ahora parece algo más intranquilo.- Contestaba mientras sujetaba su mano y acariciaba su pecho.

Luisa desconocía si ese arrumaco calmaba a Miguel, y si sus gemidos constantes eran síntoma de dolor, cansancio o agotamiento por estar apresado en esas cuatro paredes, encamado más de veinte días, sin más propósito que aguardar ansioso la llegada de su carcelero. Ese que libraría su alma y su cuerpo de tanta limitación y sufrimiento.

El enfermero realizaba su cometido y conmovido por sus lamentos, acarició su frente mientras le hablaba con cariño. Luisa no pudo contenerse y ante tal gesto se derrumbó. Sus lágrimas mojaron la cama de Miguel, y una mirada cómplice entre ambos puso de manifiesto el dolor y la preocupación compartidos.

Era inevitable, el tiempo, su tiempo, se acortaba y la vida se esfumaba entre cables y goteros. Tres minutos, una hora, dos semanas, toda una eternidad en la palma de sus manos. Otro centímetro más en el agujero de nuestro corazón.


NIEVES JUAN GALIPIENSO
2/3/2010.

lunes, 1 de marzo de 2010

BOMBAY.


BOMBAY.

Natalia miraba desesperada su reloj. Luis llegaba tarde, como de costumbre. De pie en su despacho contaba los minutos para abandonarlo.

Nadie entendía su repentina decisión. Loca para unos y descabezada caprichosa para otros.

Su avión estaba a punto de aterrizar. El que la llevaría rumbo a otra vida, otro país, diferente cultura y tradiciones. Sin amigos ni familiares.

No esperó más, cogió sus cosas y se despidió de todos. Su taxi aguardaba en la entrada, y mientras se alejaba recorriendo aquellos lugares, recordó su llegada, llena de juventud e inexperiencia. Ahora algo más curtida en años y en vivencias.

Se despedía conforme, a su paso, iba dejando atrás parques, edificios, monumentos y lugares emblemáticos.

Con una sonrisa y algo de nervios por la nueva experiencia, pasar de alta ejecutiva a voluntaria sería todo un reto.

Llegó a tiempo, sin Luis, ¡que desastre!. Sus maletas facturadas, ya acomodada en su asiento imaginaba como sería su llegada. Y pedía al cielo no haber errado en su decisión.

Sus sueños se esfumaron, dejando paso a un descanso profundo. Mientras surcaba los cielos de Bombay.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
1/3/2010.

ENTRE PIELES DE VALOR.


ENTRE PIELES DE VALOR.

Lo siento, de veras que lo he intentado, con empeño desmedido y espejismos de ilusión.

Aposté por ti y me equivoqué. ¿Será verdad que no somos dueños del amor?. ¿Que no podemos fingir, forzar u obligar a sentir?.

En esta noche de frío y tormenta rebusco en mi armario el abrigo del valor, para decirte mientras me arropo: - “ADIOS”-.

No hay otra, nunca la hubo. No hay amor, él siempre faltó.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
1/3/2010.

viernes, 26 de febrero de 2010

MICRORRELATOS: EDEN PERSONAL.


EDÉN PERSONAL.

Tacones golpeando el suelo, contoneo de caderas, falda ladeada marcando sus formas fuera de perspectiva. Esa melena rizada ondeando caprichosa según la brisa del mes de abril. Un perfume intenso, penetrante que corta el sentido. Que te transporta a un edén, paraíso perfecto inaccesible para los simples mortales, esos que madrugan, sudan y se desmemorian con el paso del tiempo.

¿Tal vez he muerto y estoy en mi cielo? Entorno repleto de hermosas mujeres, de formas, esencias, manjares y colores propios de otra categoría, de otra dimensión. Perfección a mí alrededor y yo tan mediocre.

En esta escuela de la vida uno aprende demasiado tarde. La veteranía y la experiencia se nos conceden como medalla póstuma, reconocimiento que nos llega cuando carecemos de sentidos. Y son otros los que las recogen en manos tarambanas. Para encerrarlas en una vitrina o conservarlos en un álbum, casi olvidado en el recuerdo.

Dicen, que aquí no sirve de nada los títulos, ni los meritos terrenales. Eso me salva. No hay duda estoy en el cielo. ¡Que gloria haber llegado! Por fin un poco de vida, de buena vida.


NIEVES JUAN GALIPIENSO.
26/2/2010.

miércoles, 24 de febrero de 2010

ARREBATO


ARREBATO.

Su labio entre mordido, ojos en blanco, respiraciones aceleradas. Silencio roto a golpe de gemido ahogado en suspiros casi silenciosos, una lágrima moja su mejilla. Y ese abrazo comienza a ahogar. Dos cuerpos enlazados en uno. Sin otro pensamiento, ni propósito que amarse.



NIEVES JUAN GALIPIENSO.
3/2/10.

AFORTUNADO ENCUENTRO


AFORTUNADO ENCUENTRO.

Caminaba a prisa, sus pisadas delataban inseguridad y peligro. Sombras en la noche la perseguían. Respiración entrecortada, caminar acelerado. Giró en la primera esquina para esconderse, chocando con su verdugo.

- ¡Ayyyyyy! ¡No me haga daño, por favor!-
- Señora tranquila, soy el agente Rodríguez, ¿está bien?



NIEVES JUAN GALIPIENSO.
2/2/10.

DE PASEO.


DE PASEO...

Caminaba sola arrastrando su osito de trapo, asustada y llorosa. La gente pasaba por su lado esquivándola. No comprendía su indiferencia. ¿Dónde estaba su mamá?.

- Clara, cariño, tranquila. No llores más. Estás en casa y con mamá. Vuélvete a dormir, todavía queda mucho para ir al cole.-




NIEVES JUAN GALIPIENSO: 2/2/10.

DESPEDIDAS:ACERTADA DECISIÓN


ACERTADA DECISIÓN.


Te encaprichaste de mi, tal vez, porque era una nota discordante en tu vida. Alguien que salpicaba tu honorabilidad y tiraba por tierra la cuna de tu familia. Elegirme fue otro más de tus actos de rebeldía frente a esa estricta autoridad familiar.

Debo marcharme, mi amor, porque seguir a tu lado sólo te dañará. Tu familia jamás me aceptará. Y en un par de meses lo que ahora es novedad pasará a un segundo plano. Tu desinterés ganará terreno sobre mi. Entonces no podré soportarlo. Y te quedarás sin tu familia y sin mi.

Ahora te enfadarás, incluso me maldecirás. Pero a la larga comprenderás que es lo mejor. Reconcíliate contigo misma. Deja de guerrear, nadie ha abierto ningún frente contra ti. Acepta quién eres, dónde has nacido y sé quien deseas ser.

Construye tu vida desde la utilidad y la satisfacción, no desde el escándalo y las excentricidades. Duerme, sigue soñando con mis palabras, cuando despiertes ya no estaré. Y mi nota te recordará que todo esto fue real.

Un beso mi amor, nuestras vidas seguirán, el camino está por trazar.


NIEVES JUAN GALIPIENSO.
24/2/2010.

DESPEDIDAS: DESPEDIDA REVELADORA.


DESPEDIDA REVELADORA.

Creía que no llegaba a tiempo. El taxi pilló un atasco en la carretera y tuve que bajarme y realizar el último trayecto corriendo. Llegué acalorada al aeropuerto, los nervios y el sudor invadieron mi rostro y mis manos. Te busqué en tu terminal, y a lo lejos divisé aquel sombrero que tanto detestaba. Ese que te regalaron por tu ascenso.

Ahí estabas tú, respetando como nunca la cola, erguido, bien plantado de espaldas a mi, mostrándome el mapa de África estampado en tu camiseta. Grité tu nombre varias veces. Pero mi tenue voz se perdía entre tanto espacio.

Mi corazón se aceleraba por momentos, te ibas y no podría despedirme de ti. Tal vez en un arranque de valor conseguiría decirte esto que callo tantos años. Intentaba alzarme de puntillas, con la esperanza de resaltar y llamar tu atención, agitaba mi brazo a la vez que pronunciaba tu nombre.

De repente te giras tu maleta se ha atascado, sí creo que me has visto. Corres contracorriente, la azafata te llama la atención, pero sigues corriendo hacia mi, los pasajeros te observan sorprendidos.

- ¡Jorge!.- Me fundo en un abrazo contigo y te susurro: - lo siento, te echaré de menos, muchísimo. Buena suerte en tu nuevo destino. Acuérdate de mi.-

Tú me besas y respondes: - tranquila volveré en un par de semanas, acabo de verlo claro. Rechazaré el traslado. Nada se me ha perdido en Bélgica. Aclararé todo y volveré, y entonces no aceptaré ni una escusa por tu parte. ¿Trato hecho?.-

Yo te beso y mis lágrimas te confirman mi deseo.



NIEVES JUAN GALIPIENSO.
23/2/2010.

DESPEDIDAS


¿YA TE VAS?.


- Prepárense.- Nos alertó su médico. – Tal y como avanza la enfermedad, todo apunta a complicarse en cualquier momento y ser irreversible.- Escuchábamos estas palabras en el pasillo del hospital como sentencia en vía de ejecución rápida.

¿Cómo se prepara uno para esto?. Para decir adiós y dejar partir a alguien que anhela su libertad. Que aún estando aquí físicamente, su mente y su esencia hace mucho que vagan perdidas, desorientadas en busca de su destino.

¿Cómo se prepara uno para no sufrir, para no llorar?. Para no sentir su apego, su cariño, su amor y su protección. ¿Cómo se puede decir adiós sin que se nos resquebraje la voz, se hiele el aliento y se nos petrifique el alma ante los pies de su cama, tomándole de la mano?. Mientras él ya hacía mucho que tenía decidida su partida.

No se puede, sucede, se vive, se impone y se supera.



NIEVES JUAN GALIPIENSO.
19/2/2010.

viernes, 12 de febrero de 2010

ALIENTO


ALIENTO.

Sé que lloras a escondidas, y eso me mata, creo que más, que esta mierda que tomo. Por las noches en silencio, el cuello de tu pijama y el lado de tu almohadón se humedecen. Y cuando sales, aprovechando que tengo visita y tardas un tiempo en volver, sé que digieres en soledad nuestro diagnóstico.
Intentas sonreír, y te esfuerzas en ello, pero me basta mirar tus pupilas para saber que su pequeño riachuelo de tristeza y desesperanza ha fluido como agua que busca su camino.
Entonces bromeo, y pongo alguna de esas caras que tanta gracia siempre te han hecho. Tu sonrisa brota sincera y limpia, yo me oxigeno y me crezco, no todo está perdido. Mi aliento cobra fuerza, te cojo de la mano y tus caricias me recuerdan cuan afortunado soy. Aún teniendo esta sentencia de muerte casi firmada.

lunes, 16 de noviembre de 2009

XIII GÉMINIS.


XIII CERTAMEN GÉMINIS: CONCURSO NARRATIVA BREVE. AYTO. DE ASPE.


El pasado sábado 14 de noviembre se celebró la entrega de premios de dicho concurso, recibiendo un Accesit al mejor relato de autor aspense. La obra premiada fue "Azar".

LAS PALABRAS


LAS PALABRAS.
“-¡Vaya, soy la primera!, lo intuía. Todavía no ha llegado nadie. Si es que ya se sabe la puntualidad no es el valor predominante en estos tiempos. Todos vamos deprisa, robando minutos al reloj, con la triste ilusión de hacer más cosas a la vez , y en realidad hacemos, pero menos y peor. Nuestra dueña suele ser de esas, no de las que llegan tarde, sino más bien de las que se afana en recuperar cada minuto para estrujarlo y aprovecharlo al máximo. Esta noche sin ir más lejos pretendía crear una historia, le gusta escribir. Y me atrevería a decir, que no lo hace del todo mal. Su cabeza no deja de dar vueltas, intenta encontrar las palabras adecuadas; tras unas horas opta por abandonar, aquel dolor de sien junto a su resultado frustrado ya le había generado bastante ansiedad. Cierra su portátil con apenas un garabato sin sentido y cambia de escenario. Acostada sigue pensando, suelen venirle grandes ideas a esas horas y en esa posición, por favor, que nadie pregunte la razón. Hasta que el sueño la vence”-.
Quedamos atrapadas en sus recuerdos inmediatos, como si de un baile se tratara, vamos saliendo una a una a la pista iluminada por esa luna llena que acierta a colarse entre las rendijas de la persiana. Yo soy la primera, permítanme que me presente: Jacarandá, para servirles, creo que mi ama y señora me tiene en mente, me asocia con una de sus canciones favoritas del gran Jorge Drexler. Pero en realidad está obsesionada conmigo, no sabe qué puesto darme en su historia, ni a quién cobijar bajo mi sombra. Voy y vengo a su pensamiento como un columpio incapaz de tomar tierra, y este hilo conductor de sus pensamientos subconscientes muestran la traición de su ocultismo, poniendo de manifiesto, a través de mi, todo ese mundo secreto y privado.
Llega mi compañera la melancolía, de naturaleza triste y pensativa, parece que nuestra bella durmiente tiene un sueño de amor, y aunque su primer instinto es de atracción, la suerte no juega a su favor; los dioses la han abandonado. Y la magia del momento se pierde y se confunde como un grano de arena en el desierto. Una vez más ese amor inicial se ha transformado en amistad. La mariposa del sexo y la lujuria se disipan en la lejanía, y su espíritu somnoliento y lleno de escarcha busca un refugio, una cueva en la cual guarecerse hasta que amaine la tormenta, y cada nube ceda su terreno al sol.

Gira, cambia de posición en la cama; la melancolía y yo esperamos ansiosas la visita de una nueva colega, el baile en pareja comienza a cansarnos, pasar a ser un trío tendría su morbo. Y cual es nuestra sorpresa, de repente se unen a nuestra danza las madreselvas con pétalos de color ámbar envolviendo con su aroma cada rincón de la habitación. Formando un quinteto variado iconoclasta de cualquier síntoma de nostalgia. Jugamos en corro, formamos una cadena, todo es algarabía y jolgorio. Por fin van acudiendo a la cita.- ¡Silencio!, bajar la voz, o la despertaremos y nos tocará regresar cada una a su página-.
La música cesa, el silencio mueve ficha en esta partida de ajedrez y toda nuestra atmósfera cambia, la incertidumbre nos apresa. No sabemos qué pasa por su cabeza, comenzamos a ver algo. Parece que está viajando, en sus sueños visita lugares recónditos y sin sentido, a lomos de su unicornio, apareciendo frente al luminoso ultramarino barlovento el cuál ha perdido su “s final” azul turquesa, era una antigua tienda del barrio. Las imágenes se agolpan y se suceden como flases, fogonazos que la devuelven a esa hoguera de inmundicia, esa que le recuerda todos los planes incumplidos, las promesas rotas, de quién antes la quería y ahora ya ni le importa. La alacena de su alma se llena de sensaciones caducas y negativas; se agita, parece insegura y se agarra a la cama, su cuerpo siente caerse al vacío, intenta incorporarse y colocar los pies en algo fijo y seguro, cree que duerme en litera, tal vez en la de algún albergue, como acostumbra en sus viajes mochileros. De repente aparece agarrada a la bajante de su edificio. No entiende que ocurre, no es la única, su cara lo demuestra, ni qué significa cada destino, pero parece que recupera la calma, presuponemos, un aterrizaje seguro. Y vuelve a recostarse. La pesadilla ha cesado, respira tranquila, parece que descansa. Su sueño se vuelve profundo. Nosotras recuperamos el aliento y nos disponemos a reanudar nuestra particular fiesta.
¿Qué es eso?, no se oye nada. Su actividad mental ha cesado, y nosotras como hierático canto de sirena somos arrastradas a un rincón de la pasividad y la nada. Mis hermanas las palabras van desapareciendo, han perdido su poder, carecen de vida. En breve me esfumaré. Tan sólo la sabiduría y el buen hacer de quién decida pronunciarnos logrará resucitarnos de este letargo. Y de nuevo seremos útiles. Sólo la transmutación del silencio nos hará protagonistas.
Ring-ring-ringggggggg. – ¡No, maldito despertador!, otra vez se ha vuelto a atrasar. Llegaré a tarde a mi cita. Tengo que tomar algo, mi cabeza parece embotada. Oportuna charla sobre las palabras y su uso, justo ahora cuando lo que más deseo es guardar silencio. Menuda pesadilla.

Entre unicornios, palabras bailando al son de mis pensamientos y viajes a destinos sin sentido, no ha habido quien descansara esta noche. Y por si fuera poco un perlado con sotana negra me perseguía ¡Ay sueño profundo y reparador, quién te pillara!-.
- “Schischisssschhhhhc, ya estamos de nuevo en marcha, somos nosotras, las palabras”-.

martes, 14 de julio de 2009

VII. AZAR.


VII. AZAR.
Fue sin querer, es caprichoso el azar, no te busqué; ni me viniste a buscar. Yo estaba dónde no tenía que estar, y pasaste tú cómo sin querer pasar…”.
Cuando escuchaba esta canción, una de mis preferidas de Serrat, no pensaba, ni podía imaginar, sentirme identificado con ella. Ahora cada vez que la oigo recuerdo nuestros inicios. Y me emociono siempre en el mismo compás, en ese estribillo, que viene a mis labios, de forma pausada, una y otra vez mientras suena la música:
“Tanto tiempo esperándote, tanto tiempo esperándote”.
Mi voz se recrea y toma plena consciencia de cada una de esas sílabas, que se escapan melodiosamente, desplegando todo un abanico de emociones y sentimientos. Conectando mi rincón más íntimo y sagrado con mi exterior físico y cambiante. Un escalofrío me recorre, el vello de mis brazos se altera, la piel de gallina, la sonrisa perpetua en mi expresión y hasta mi voz tiembla cuando repito a dúo con Serrat esta frase mágica.
No soy Noa, ni tengo su voz aterciopelada y potente, que más quisiera yo. Pero todo mi ser al oír, cantar y recordar, se emociona, como su público en pie seguidor en los recitales de cada gira. Yo siento que te la estoy cantando a ti, y que esta simple canción se ha convertido en un mantra revelador, que me repito hasta la saciedad, para reconocer o creerme que lo nuestro es verdad, que amar jamás había sido tan tremendamente gratificante, y que haber dado contigo es el premio a toda una vida. El mejor regalo que alguien puede recibir. Y todavía me pregunto, ¿qué he hecho yo para merecer esto?. Agradecido elevo mis plegarias al cielo, para que no desaparezcas.
Para que no te esfumes. Aunque ambos sabemos que nada es para siempre, y que esta vida en movimiento constante puede llevarnos a paraderos desconocidos, lejos de todo lo habitual.
Fue ella y esa evolución involuntaria, la que un buen día te presentó en mi despacho. Mi cita no era contigo, en mi agenda aparecía anotada una tal srta. Asunción Cano, experta en marketing. Acababa de sacar un nuevo producto y necesitaba diseñar su promoción. Decidí acudir a los expertos y así contratar sus servicios. Tuve que salir de mi despacho por una urgencia, y llamé para cancelar y posponer el encuentro.
Fueron muy amables conmigo, entendieron mis circunstancias personales. Se anuló y me llamaron en unos días más tarde, para buscar el momento idóneo y concertar una nueva entrevista.
Llegó el día, tu ruta no era esa. Te cogió por sorpresa, y no de muy buen grado, tuviste, que hacer un hueco más en tu agenda ya repleta, sustituyendo otra vez tu almuerzo por mi visita. Confirmaste a tu secretaria el servicio, y ella a mi tu presencia. Y allí te plantaste tú, D. Jorge Atienza, coordinador jefe de marketing, atendiendo a un ejecutivo fuera de tu lista, de un sector desconocido para ti, saltándote todos los planes y protocolos establecidos, obedeciendo una orden procedente de lo más alto de tu escalafón laboral.
La sorpresa fue mutua, ya que nadie me avisó del cambio de profesional, y aunque esperaba a la srta. Asunción, me encantó recibirte a ti. Nuestra primera toma de contacto fue interesante, a ambos se nos pasó el tiempo volando. Y sacamos mucho provecho de él. Tanto, que necesitamos varias reuniones más, largas y amenas para lograr el diseño esperado.

Aquellos encuentros se iban convirtiendo en mucho más que simples reuniones de trabajo. Y aprovechábamos cualquier excusa para repetir y aumentar nuestras citas, y con ellas las oportunidades de estar juntos. De descubrir al otro y alegrarnos compartiendo quiénes éramos.
No pretendíamos nada, ambos estábamos en situaciones de alto riesgo, como solías decir tú, y tal vez fue eso, lo que nos atrajo de forma tan potente y especial. Tú estabas a punto de romper con tu novia. Todo era más que evidente para ambos, tan sólo restaba pronunciar las palabras definitivas que sentenciaran una realidad. Bajar a la tierra aquella nube de desinterés y desgana, instalada hace tanto entre vosotros.
Yo todavía seguía añorando mi último amor. Ambos luchamos, por su continuidad, pero ella acertadamente, no pudo más. Y se negó a alargar la agonía de nuestra relación. Fue tajante y decisiva y un buen día se marchó. Se despidió y una vez más demostró su valentía frente a mi cobarde resignación.
Tú estabas a punto de poner fin a tu relación, y a mí me habían dado pasaporte hace mucho. Después de Lucia, no hubo otra. No me apetecía, y aunque estadísticamente soy una excepción, no necesité encontrar una sustituta que alabará mi grandeza personal y me demostrara que valía la pena ser querido. Tan sólo acepté de buen grado mi devenir y canalicé mis fuerzas en seguir viviendo. En desarrollar nuevos proyectos personales y laborales. Tal vez, con el tiempo, y contemplando mi reacción, la decisión de Lucia fue la acertada, y no la quería tanto, como en un principio, yo pensaba.
Claro que tuve momentos duros, pero reconozco que fueron breves, y que logré sobreponerme de ellos con más fuerza y ganas, cada vez que salía del agujero me crecía unos centímetros y me sentía más enérgico para seguir adelante.
El proyecto estaba diseñado, desarrollado y evaluado, y ya no quedaban más pretextos que añadir a mi lista de peticiones. Ambos deseábamos seguir viéndonos, y nuestras queridas secretarias, fueron sustituidas por nuestros móviles personales. En un arrojo de valentía, logré llamarte. Quedamos varias veces, y en estas ocasiones, no era el trabajo el tema central , aunque solía estar presente en nuestras conversaciones. Comimos juntos, viajamos, jugamos al pádel, contemplamos la belleza del mar buceando, reconozco que me aterraba, pero a tu lado fue fácil, y me convertí en un adicto del oxigeno en botella. Disfrutamos de exposiciones, congresos y cursos. Y sin darnos cuenta estábamos compartiendo todo aquello que más nos gustaba. Organizar planes juntos y compatibilizar horarios resultaba muy fácil.
Todo fue surgiendo de forma natural, y a ninguno nos extrañó pasar tanto tiempo juntos y a solas. Claro que este no era el pensamiento del resto de nuestros amigos y conocidos. Pero a nosotros no nos importó, cosa rara, pero así fue. Cada uno emitió su veredicto, sobre como acabaría esta historia, y por supuesto ninguno acertó. Jorge y Mario, tú y yo, no tuvimos nada más en cuenta, que nuestro sentir. El cual nos llevó a descubrir una nueva forma o modalidad de amor.
Reconozco, que al principio fue raro, joder muy raro. Me pregunté si había sido abducido por los marcianos, me analicé exhaustivamente, creyendo que esta atracción se debiera a un trauma no superado, en vez de a un deseo real. Consulté a expertos. Siempre había tenido clara mi tendencia sexual, y aunque mis relaciones terminaban fracasando, nunca lo achaqué al sexo.
Tú también pasaste lo tuyo, no fue fácil para ninguno de los dos descubrirnos deseándonos.

Aceptar toda esa serie de sentimientos brotados, fue una lucha interna que ambos pretendíamos, en solitario, vencer. Dando paso a la razón lógica y normal, de dos hombres que deben sentirse atraídos por mujeres. Pero no fue así, afortunadamente. Tras varias semanas de confusión e incertidumbre, por separado, decidimos marcar nuestros números y compartirlo.
Recuerdo tu cara de sorpresa y a la vez de alivio. Cuando descubriste que a mí me ocurría lo mismo. Era alentador no sentirnos únicos. Mal de muchos consuelo de tontos. Saber que los dos estábamos en procesos parecidos y éramos correspondidos, nos devolvía algo de paz y apoyo. Y nos introducía en un nuevo mundo totalmente desconocido. Tomar decisiones con tampoco criterio nos aterraba, y de mutuo acuerdo optamos por seguir juntos, sin recriminaciones, sin juicios, dejando que la vida siguiera su curso, y que los sentimientos afloraran naturalmente, teniendo la certeza de no ser rechazados.
No necesitamos asociarnos a colectivos, ni buscar nuevos amigos con otra orientación sexual. No precisábamos quemar la noche, ni experimentar excentricidades sexuales. Tan sólo seguimos con nuestras vidas. Y en ella incorporamos todas aquellas demostraciones de afecto y amor que deseábamos. No cambió nuestra apariencia física. Nos gustábamos tal y como éramos. En ningún momento hubo que fingir o interpretar, que alivio. Y lo mejor de todo, no tuvimos que dar explicaciones, ni emitir bandos sobre nuestra relación. Sé que resulta increíble, pero tras superar los primeros miedos a todo este mundo de sentimientos desconocidos, y la angustia de errar y dañar al otro con nuestras decisiones. Todo fue sobre ruedas.

Juntos optamos por relajarnos, por aceptar esto nuevo que sentíamos; y por dejar que se manifestara libremente. Y fue maravilloso. Poder besarnos sin sentirnos perseguidos por nuestra moral varonil. Abrazarte y acariciarnos sin tener que desobedecer ninguna regla, sino más bien haciendo caso omiso a nuestro corazón. Vivir una relación de pareja sin cuestionarnos constantemente el rol de cada uno.
“Tal vez quiso el azar tornar semáforos carmín, detener el aguacero y parar el autobús, hasta que me miraste tú. Tanto tiempo esperándote, tanto tiempo esperándote…”. Tal vez todo este tiempo echando el freno sentimental fuera necesario para poder dar contigo. Mi corazón necesitó alojarse en ese semáforo en rojo, detenido, aguardando tu llegada, por eso después de Lucia no hubo ninguna más. Para así, al verte, lograr reconocer que tipo de amor, que tipo de relación complacería todos nuestro anhelos y nos aportaría por fin, aquello que siempre habíamos deseado.
No hubo boda, ni día del orgullo gay, no fue necesario. Nuestras familias fueron aceptándolo, y a día de hoy formamos una familia de dos. Aunque muchos se empeñen en designarnos de forma rarísima. Compartimos todo lo que precisamos y apostamos por el amor y el respeto, la fidelidad y lealtad. Tenemos todo lo que siempre habíamos añorado. ¿Qué importa si somos dos hombres?; Nunca nos hemos sentido tan queridos, tan estimados, valorados y realizados, ¿qué más da si nos llamamos Jorge y Mario?.

jueves, 9 de julio de 2009

IX. ADICCIÓN.



IX. ADICCIÓN.

“Para empezar diré que es el final, no es un final feliz, tan sólo es un final, pero parece ser, que ya no hay vuelta atrás”. Me planté en tu vida entre risas y desenfreno. No tenías edad para olvidar, ni problemas diarios que superar. Pero acudías a mí, cada vez con mayor frecuencia. Las horas compartidas solían dejarte un buen sabor de boca. Decías que a mi lado todo era fácil. El universo se tornaba rosa chicle con unas dosis de mi esencia, bien combinada con otros sabores propios de la vida. La invitación se tornó canjeo, y éste exigencia, creías que pagando podrías obtener todo lo deseado, y que además sería bueno.
Me buscaste en parques, gasolineras, bares y supermercados. Pasé grandes momentos en tu casa. Confieso, que al principio, eso de ser artículo prohibido me fascinaba, lo hacía todo más interesante. Vernos a escondidas, ocultar nuestros encuentros; disfrazarnos y camuflar tan bien mis síntomas en ti, era divertido. Agudizaba nuestro ingenio, sobre todo el tuyo. Pero al cabo de un tiempo, pesó y llevarme a cuestas entre escondite y despiste era agotador.
Reconozco que “ sólo te di diamantes de carbón; rompí tu mundo en dos; rompí tu corazón, y ahora tu mundo está burlándose de mí ”. Todavía mantengo la esperanza de que alteres tu decisión, y como tantas otras veces, vuelvas a mí, con la cabeza gacha, negando con su gesto esa voluntad resquebrajada por mi poder y tu adicción. Tal vez salgas de ese mal sueño y pises la realidad, esa que demuestra lo mucho que me necesitas. Formando de nuevo esa pareja ideal. Aún estás a tiempo de deshacer tu maleta y venir a mi lado a morar.


Podemos celebrarlo de nuevo, como nosotros sabemos, sin límites, sin un futuro. Y dormirnos abrazados con esa sensación de fragilidad constante, importando muy poco despertar. Sobre todo si tras nuestra pesada y densa reconciliación descubrimos haber errado en la decisión.
“Miedo de volver a los infiernos” de ser condenada a tu destierro. “Miedo a que me tengas miedo”. Y prescindas de mí. “A tenerte que olvidar”. Porque aunque pienses lo contrario, yo sin ti, sin vosotros estaría realmente perdida y sería innecesaria. “Miedo de quererte sin quererlo” de tenerte apego. “De encontrarte de repente” cuándo aún no tenías edad. “De no verte nunca más”, de que logres olvidarme y soñar, vivir sin mi recuerdo, sin ese mono anulador de tus sentidos, sin escalofríos, ni sudores; recuperando el pulso y la sensatez de quién se sabe fuerte y vencedor.
“Oigo tu voz” que llama sin parar, “siempre antes de dormir” porque sin mí no podrías descansar. “Me acuesto junto a ti” como tratando de calmar esa insaciable sed de no ser más. “Y aunque mañana no estarás aquí, en esta oscuridad la claridad eres tú. Sólo tu demanda desvela mi superioridad.
“Ya sé que es el final, no habrá segunda parte. Y no sé cómo hacer para borrarte. Para empezar diré que es el final…” “Y aquí en el infierno oigo tu voz” como me niegas más de tres y seis veces. Me miras, pero no me tomas entre tus manos. Tus labios se alejan de mi boca y me relegas a una esquina de la habitación. Tu indiferencia me cubre de plástico, me enfunda como una especie de basura lista para su deshecho y me arrojas de tu vida. Ya no calmo tu sed ni aumento tu temple. Tu sonrisa eterna y tu alta euforia son aplacadas por esa sensación de no poder más.


Y en un último intento de arrojo y valentía coges tu maleta; abres la puerta y te marchas sin mí. Seis meses y unos cientos de kilómetros nos separarán. Y será otro hogar el que te acoja. Lleno de amigos y vacío de malas influencias como yo. Esta botella de vodka ya no te verá más, no por algún tiempo. Ese centro rehabilitador se convertirá en tu nueva familia, te abrazará para enseñarte a prescindir de mi. Yo seca y rota voy dando tumbos del cubo al camión; del camión al vertedero. Y lo único positivo que obtienen es mi reciclaje.
“Para acabar diré que es el final, no es un final feliz, tan sólo un final; pero parece ser que ya no hay vuelta atrás”…

“Miedo”: M-CLAN.

lunes, 6 de julio de 2009

VI. TOCANDO EL ALMA.


VI. TOCANDO EL ALMA.

“ Me decías cabecita loca por seguir mis sueños, por romper las olas, tú me decías cabeza loca”. Y sin embargo llegaste a mi alma por el sendero correcto. Necesitaste tu tiempo, no cogiste atajos, ni equivocaste las salidas. El recorrido fue perfecto. Y tras dos años de tardes intensas llenas de apuntes y risas; de consultas y diarios; de exámenes y trabajos, pasaste a ser algo más que un amigo. Tal vez me di cuenta demasiado tarde, aquel comentario antes de nuestro último examen, tu interés por mi estado, por mis problemas; o aquella mirada tan directa y a la vez transparente y protectora, desvelaba todo un futuro lleno de amor. Inalterable al paso del tiempo. Incombustible al devenir de las circunstancias. Fueran cuales fueran nuestros destinos, juntos; separados. Cerca; lejos.
Más tarde descubriría, que nada importaba, que lo nuestro terminaría siendo un amor de primera; o mejor dicho comenzaría siendo una especie en extinción de amistad, cariño, y amor con mayúsculas. De ese generoso y desinteresado, que se nutre con la verdad; triunfa con el respeto y la aceptación; brilla con cada gesto de unión y se impone frente a las inclemencias de cada situación, propias de nuestras vidas.
Nunca fuimos pareja, ni falta que nos hizo. No necesité tus caricias, para sentirme arrullada; no precisé tus besos apasionados, para que mi corazón notará todo tu ser lleno de amor. No pasamos noches desenfrenadas, y sin embargo fuiste mi ángel de la guarda. Expectante, vigilante de mis sueños, de mis anhelos. Sobrevolando mis horas bajas; levantándome de cada caída, con abrazos de humor; con manos llenas de comprensión. Con miradas limpias y cercanas de quién ha sellado un pacto de honor y lealtad.
Con dulces palabras de quién, a pesar de las diferencias, logra identificarse y empatizar con aquella Neus idealista, a la que admirabas por su capacidad para amar y su filosofía de vida.¿Recuerdas?. Llegaron cartas cuando estabas lejos, algunas te pillaron, con un pie en el portal de casa, y fueron leídas y contestadas. Y en ellas se plasmaban aquella calidad humana, que tan pocos han sabido brindarme y que todavía recuerdo y revivo. Pero la más importante para mí, no dio contigo. Hay pasiones que niega el cielo, mis señales de humo no encontraron tus ojos. Y canciones que guardan misterios.
Mi misil cargado con metralla reveladora de antojos, deseos y sentimientos, fue detectado por tu radar y desviado al fondo de tu océano emocional.
El silencio ocupó posiciones, dispersó todo su destacamento de voluntarios. Y el mensaje estaba claro. Mis dudas se disipaban, tu reino no requería una alianza con el mío. Anuncié mi retirada de tu mundo, recogí todo mi despliegue de cariños; pretensiones y confesiones. Y seguí mi rumbo a golpe de timón, surcando las olas de otros mares. Necesitaba revelarte mi secreto, formó parte de la terapia para recuperar mi capacidad sensitiva. Arrebatada por el torbellino de la apatía, la indiferencia y la desmotivación. Y aunque cuándo lo quise, te quise, no salió la luna, la luz de mi valentía aceptando y desvelando sentimientos, fue vigía orientando la escalada de aquel pozo profundo, propiciando los primeros pasos, los incipientes metros recorridos hacia nuevos puertos.
La recuperación fue inminente, nuestras vidas adoptaron sus formas y su sentido, los años transcurridos no borraron aquel teléfono. Más bien supiste recurrir a quién sabía conservarlo.


Aquellas Navidades decidiste levantar el boicot de mis fronteras a golpe de llamada, a son de villancico, y aunque atendí tu reclamo con sorpresa y alegría, no escuché el mensaje; cuándo tu quisiste no te respondieron. Cuándo no esperaba me llovieron besos.
Te presentaste en mi escenario ocupaste el papel provisional e improvisado que te dejé. Mi amigo más fiel que dentro me lleva. Y toda esa gama de emociones, sentimientos y pasiones comenzaba a apoderarse de mí. Como pavo real que exhibe su cola frente a la hembra, para conquistarla, desplegaste todos tus encantos personales. Pasamos juntos tiempo y ocasiones, pero ninguno terminó decidiéndose. Lo nuestro fue una falta de sincronía conyugal, un acertado recuentro de verdadera amistad.
Todavía recuerdo aquel mensaje, recibido mientras salía de una gripe tremenda:
“ Neus, ponte pronto buena, desde que has enfermado
el mundo se ha vuelto loco. Hasta Estados Unidos está
pensando iniciar una guerra. Necesitamos tu amor,
por favor ponte buena, sin ti no sé que
será de nosotros. Mil besos ”.
Parecerá una tontería pero cuando lo leí sentí tal mejoría. Fuiste mi música del alba, el eco de una voz lejana, que cada vez más me desarmaba. Apreciar cómo te aproximabas a mi alma; como sin palabras te percatabas de mi esencia, la respetabas y la admirabas, aumentaba nuestra conexión, así como la categoría de su contenido. Cuando volví a descubrir mis sentimientos por ti, tú ya habías partido muy lejos.

Poco, mucho, algo casi casi nada, no siempre se cruzan todas las miradas. Nuestras miradas contemplaron amaneceres en cielos distintos; disfrutaron de puestas de sol por separado, y aunque miraban a un mismo punto, este marcaba coordenadas inversas.
Cada uno prosiguió su destino antojadizo y vivaracho. De tanto en tanto había alguna noticia; algún contacto telefónico. Y cada Nochebuena, sin falta, puntual a su cita llegaba a mi móvil tu felicitación. Los primeros años recibías mis tarjetas llenas de buenos propósitos y mucho cariño. Tocaba tu corazoncito y derretía el hielo de tu silencio, breve y escueto me dedicabas unas palabras. Después los papeles se invirtieron, yo callé, y tú golpeaste mi puerta, para desearme lo mejor.
Fue un sábado a medio día, tu voz sonó al otro lado de la línea. No podía creerlo, no era Nochebuena, ni víspera. ¿Qué hacía tu voz entrando de nuevo en mi vida?. Rápidamente la sorpresa de tu regreso se transformó en perplejidad, todo un acontecimiento nos aguardaba. Pronto recibiría aquella invitación a tu boda. Te transmití mi alegría y felicitación, y traté de disimular, todo lo que puede, el vuelco que sintió mi corazón. Una decisión así, cerraba puertas; redibujaba círculos incompletos. Las posiciones se definían, y una nueva actriz ocupaba el protagonismo de tu corazón.
Ese día fue especial, nunca conseguí olvidarlo, no fue necesario. Reconozco que no fue fácil ni agradable presenciar tu promesa de amor; tu compromiso adquirido libre y voluntariamente con otra mujer. No te imaginas como desee ser ella. Me emocioné al oíros pronunciar vuestro amor. Al ver vuestra complicidad, todos aquellos gestos, que revelaban, muy a mi pesar, lo mucho que os unía; lo mucho, que os queríais. Y a la vez, me iba llenando de amor; de paz y bondad. Verte tan feliz me devolvía como un bumerán todo un abrazo de serenidad, plenitud y bienestar.


Supe que serías feliz, tremendamente feliz. Me tranquilizó presentir, que hacías lo correcto, que la persona elegida por compañera, era la acertada. Y que mi lugar en tu vida, por fin reubicaba su puesto. Ya no habrían más idas ni venidas. A partir de ese momento, nuestra relación de amistad y respeto seguiría una vía de sentido único, siempre hacia adelante, creciendo y mejorando. Seguiste demostrándome lo mucho que te importaba. Mi ángel de la guarda, que acudía a mí en mis horas bajas.
Hay quienes recuerdan ese banquete de forma especial. Dicen que percibieron una doble corriente de amor. Numerosos gestos con tu reciente esposa así lo confirmaba, pero la trayectoria de esa energía se multiplicaba de camino a mis ojos. Nuestras miradas correspondidas, nuestras muestras de afecto, desprendían en la sala, una aureola de buenas vibraciones; mejores deseos y la alegría acrecentada al saber que el otro era tremendamente feliz. Cada vez, que te acercabas a nuestra mesa, una nube de especial sentimiento invadía a todos sus ocupantes. El amor estaba presente a través de aquellas dos almas que se sentían tan unidas en esencia y tan alejadas físicamente.
Regresé a casa sin lágrimas y con mi ser repleto de amor. Y entonces, entendí todo. “Cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da, nada se pierde, todo se transforma”. Tú le estabas dando todo mi amor recibido a ella, y yo recibiría todo el amor dado de manos de otra persona, saliendo de otro corazón distinto del tuyo. Nada fue perdido. Sino transformado. Llegaron a tu vida 2 pruebas de vuestro amor, dos tesoros incalculables llenos de energía y vitalidad.
Y a mi vida acudieron nuevas experiencias, personas, amistades y deseos. Por supuesto nos seguimos de cerca. Conoces mejor que yo mi destino, y tu apoyo y reconocimiento sigue vigente hondeando en nuestra bandera de amistad.

Crees en mí, como pocos lo han hecho. Por todo ello lo nuestro es algo más que una desincronizada relación. Es un milagro hecho amistad y amor.
Al son de “Oasis” y “Cabecita loca” se va dibujando toda una vida, nuestra historia, y sus letras se tornan personas y sentimientos reales . Escuchar a sus autores: Pedro Guerra y Amaral siempre me hace presente, más si cabe, tu afortunada presencia en mi vida.

viernes, 3 de julio de 2009

V.SIMBIOSIS


V. SIMBIOSIS.

“Todavía no ha salido el sol, son las siete y no puedo dormir, cojo tu jersey azul, me gusta que huela a ti, porque así siento que me abraza como tú”.
La lluvia resbalaba por los cristales de la ventana, y en el ambiente se detectaba una fragancia propia de la humedad, olor a tierra mojada, que se colaba por el entreabierto de la ventana. La luz comenzaba a invadir el dormitorio, María permanecía de pie frente a ella, estrujando aquel jersey azul de Jesús, que tanto le gustaba, y en cada gota de lluvia estrellada contra el suelo recordaba como lo conoció. Su cabeza a son de repiqueteo va repasando cada una de las imágenes de sus mejores momentos. Su primer beso; la primera vez que él la acompañó a casa, más como última oportunidad de arañar y alargar los minutos a su lado, que como medida de seguridad, ya que ambos habitaban en un pueblo tranquilo, y María no acostumbraba a retirarse demasiado tarde.
Sonrió al recordar que nunca se le declaró. Se giró y comprobó que aún no había despertado; apagó la suave luz, que iluminaba su trocito de colchón y decidió salir a prepararse una infusión, se sentía un poco destemplada, y sabía que tomar algo caliente le haría bien. Con su taza en las manos, capturando así el calor despedido, entró en la habitación. Con mucho cuidado para no derramar nada, se echó junto a él, y entre incorporación y sorbo escuchaba su respiración y los latidos de su corazón. El verle dormir tan plácidamente le evocaba la primera noche que pasaron juntos en aquel campamento, la emoción y el nerviosismo les cubría como pijama y camisola. El simple hecho de dormir cerca el uno del otro, robándose algún beso o abrazo en medio de la oscuridad les bastaba para sellar una historia de amor, cada vez más firme y estable, eso sí iniciada sin declaración alguna, les robó el sueño, no pegaron ni ojo. Pero poco importó, aquella noche, resultó ser una de las mejores de su vida.
Jesús iba despertando ya, buscaba en su mitad una parte de ella a la que aferrarse, le encantaba abrir lentamente sus ojos mientras la abrazaba, sonreír y terminar zarandeándola un poquito, para asegurarse de que estaba despierta, y que lo sentía a su lado. Ella solía quejarse, pero en realidad le magnetizaba.
Siempre la encontraba esperándole en un rincón. María lo miró, y aunque no articuló palabra, con el simple gesto de buscar su cuerpo y adherirse más a él, eliminando el escaso espacio mediador entre ambos, a penas existente, le decía a gritos en el silencio del alba: -“ no puedes imaginar cuánto te quiero, ahora los relojes pararán”-.
Él la rodeaba aún más fuerte, sus piernas y sus brazos parecían tentáculos de un pulpo amoroso y humano y de forma no intencionada todas sus cosquillas se activaban. Los dos explotaban entre risas, gemidos y miradas cómplices. Utilizando un lenguaje propio que no precisaba las palabras y que sin embargo conseguía transmitir tanto.
Ese arrebato de hombre de cromañón de poseer por la fuerza se evaporaba al instante, condensándose en aquella habitación nubes de ternura, que descargaban sobre su lecho al acercase a su pelo; lo acariciaba con delicadeza. Toda la fuerza de sus extremidades se había esfumado; y las de María se habían liberado. Y era justo ahora cuando más atada a él se sentía, cuando la miraba y deslizaba sus manos por su cabello. Era como si cada mechón se enredará a sus pulgares formando un nudo imposible de soltar. Era como sentirse unida, vinculada, aferrada a alguien a través de lo más sutil, de lo más frágil, de un cabello, que representa tan afortunadamente la debilidad de la existencia, del acontecer diario.

Es entonces cuando ella deseaba que no existiera el tiempo, poder detener ese momento. Sintiendo, que si todo lo más débil, voluble e insignificante propiciaba su unión, que no lograría las grandes razones de peso; las grandes situaciones vividas en común. Y habían sido tantas en todos estos años. El llegar a esta conclusión reforzaba cada día más su amor.
Sus ojos se llenaban de lágrimas, no pudiendo contener tanta emoción y pensando: -“ una vida es poco para mí ”-. Necesitaba más de una para poder demostrarle todo su amor, para poder saborear y degustar tanta cantidad y calidad de sentimientos emanados de dos corazones latiendo bajo un mismo compás. Jesús no solía alarmarse, sabía que María era tremendamente sensible, y que solía emocionarse con frecuencia, ya habían hablado de ello, como de casi todo. Los años invertidos en su relación había dado para mucho.
Y distinguía perfectamente, cuándo sus lágrimas eran de tristeza, agobio, impotencia, y cuándo de emoción y alegría. Su reacción era inmediata, acercaba sus labios a las mejillas de ella y con un suave beso capturaba aquella lágrima, impidiendo que rodara a través de su cara. Él solo se autoproclamaba el monstruo de las lágrimas, como el de las galletas, que solían ver de niños. Pero en este caso en vez de engullir galletas, devoraba lágrimas, las absorbía, y según él tenía la facultad de transformarlas, cada gota devorada se convertía en sonrisa.
Se empleaba a fondo para ello, y el resultado era el deseado, tras los sonidos emitidos y su gesticulación, María terminaba llorando, pero de la risa. Aquella risa tan contagiosa. Monstruo y victima reían hasta desplomarse el uno sobre la otra. Uno de sus encantos, de sus bazas para conquistarla siempre había sido su sentido del humor. A María le fascinaban sus historias, sus bromas, y todas sus caídas oportunas e ingeniosas, hasta en la cama las tenía, y eso a ella le gustaba, como no iba a hacerlo.
Jesús siempre decía que María tenía cinco tipos de sonrisas, todas diferentes. Cada una mostraba al mundo una parte de su interior, distinguirlas y clasificarlas siempre le había sido útil para poder comprenderla mejor; para conectar y empatizar. Creando una magia especial entre ellos, atractivo, que siempre les daba la razón, de que lo suyo era algo más que amor.
Los papeles se invirtieron, y ahora era María la que lo intentaba dominar; se colocó encima de él, haciéndose la heroína de su comic, le apresó. Muñecas y tobillos inmovilizados. Jesús la miraba con sorpresa, desconocía, en ella, ese brote casi sadomasoquista. Los ojos de Jesús eran totalmente reveladores, el mejor espejo en el cual ver reflejado cada uno de sus recovecos. Los secretos, las mentiras, los falsos cumplidos, los deseos no lograban pasar el filtro de su mirada. A María le bastaba asomarse al gran lago de sus pupilas, o como ella decía al tarrito de miel de sus ojos, para saber a ciencia cierta, sin posibilidad de error alguno que intención rondaba por su cabeza. No precisaba jueces ni detectives, con una simple mirada fija y observadora, bastaba para obtener su veredicto. Este gran fastidio para él, y alivio para ella, lo dejaba desnudo, desprotegido y transparente frente a ella. Aún así siempre se las ingeniaba para lograr sorprenderla. Cambiar la rutina con pequeños detalles, componerle una canción, o traerle algo del mercadillo, como quién consigue un tesoro para su princesa, derrumbaba los muros de la lógica adivinatoria de María. Entre ellos el aburrimiento no tenía cabida. Ambos conseguían un toque diferente en la paleta de colores de su día a día, en una gama infinita.
Recibía su beso con deseo; ese largo y húmedo, que le entregaba con la torpe ilusión de disipar su miedo al pensar, que esta complicidad algún día fuera a terminar.

Le soltó y se fundieron en un despliegue de caricias, asegurándose con cada una de ellas, que sus ojos volverían a desvestirla cada anochecer. Y le pedía una y otra vez que la abrazara. Necesitaba sentir su contacto seguro y protector. Ese capaz de devolverla a un mundo en el que no soplaba el viento, su mundo, el de sus deseos; el que sólo sentía entre sus brazos. En su pensamiento prometían algo que nunca iban a romper y así conseguía librarse del poder que intentaba ejercer sobre ella el miedo y la inseguridad.
Jesús permanecía en este escenario ajeno a tanta emoción temeraria, y representaba su papel activamente, diciéndole una y otra vez: “ no puedes imaginar cuánto te quiero, ahora los relojes pararán “. Se abrazaron, ella lo apretó, y él la apretó más. Como por arte de magia todo el pavor a perderlo, o a que dejara de amarla y de gustarle había desaparecido y un hondo y profundo sentimiento la embargaba. Entre sus brazos y casi a punto de asfixiarse le susurraba: - “quiero que no exista el tiempo, detener este momento, tú, mi vida eres todo para mí “.
“ No puedes imaginar, cuánto te quiero .
Ahora los relojes pararán”.


María y Jesús tienen unos apellidos, unos pasaportes concretos, el rostro de dos de mis mejores amigos. Que han sabido, como nadie, revivir, cada día, esta preciosa historia de amor de la Oreja. Gracias por vuestro testimonio de lealtad y convivencia. Gracias por hacer realidad en todas y cada una de vuestras etapas algo parecido a este tipo de amor, que un buen día tan acertadamente supo componer e interpretar la Oreja de Van Gohg. Y que al escucharla no puedo evitar desear algo así.

martes, 30 de junio de 2009

III. LUZ Y SOMBRA


III LUZ Y SOMBRA.

Este mensaje va y viene a mí como las olas en ese mar abierto de nuestras vidas. Y aunque a veces se viste de un sonido musical al más puro estilo canario propio de “ Pedro Guerra”, son otras personas las que me lo transmiten, con su ejemplo, con sus historias de vida. Por ello, no sería justo atribuir todo el mérito en exclusividad a su creador, a este gran cantautor, que tan bien sabe expresarlo a través de su música, sino también a dos grandes amigos, que lograron un buen día captar mi atención. Y descubrir así el verdadero significado tan hermosamente expuesto en boca de Pedro .
Gracias a Puche y a Ernesto, descubrí el encanto de sus letras; la enseñanza de sus mensajes y el placer auditivo de su música. Creando la envoltura perfecta, atrayente y sugerente, para destapar el regalo y comprobar, agradecida y fascinada, lo mucho que me gusta su contenido y su poder casi mágico de alegrar un momento; de transformar una pena; o de poder expresar un sentimiento, que hasta ahora me resultaba inclasificable o indescriptible.
“La lluvia nunca vuelve hacia arriba”, dicho así parece una tonta obviedad provocadora de risas en últimas horas de nuestra jornada. Fruto del cansancio, del aburrimiento de la lucha diaria, como un esperpento rompedor de la rutina. Y sin embargo un gran punto de partida, ha sido y es, para muchos que conozco, al igual que para mí. Un arranque; un despertad; un decir: - ¡basta ya!, no puedo seguir dormido en este colchón cómodo y calentito. No puedo permanecer por más tiempo en esta guarida, alejada de la vida, del fluir, del movimiento, en definitiva del cambio. No por miedo. Se acabo el miedo -.

Nada es eterno ni absoluto, todo está en continuo cambio. Todo se ve afectado por todo. Y puedes aceptar esto y aplicarlo a tu vida; o ignorarlo y seguir dándote bandazos de incomprensión, de mala fortuna y de victimismo. “Aunque el mar vuelve, nunca es el mismo mar, la tierra nos devuelve otro sol cuando gira y todo tiende a huir y vuelve a empezar, y cambia de impresión cada vez, que respira”. Cada minuto está lleno de oportunidades, de opciones disponibles para ti. Y eres tú, y yo quienes tenemos la capacidad de elegir cómo vivirlos. Solemos sumergirnos en nuestras rutinas diarias, esas que con tanto esmero y esfuerzo nos hemos construido. Creyendo que siempre es y debe ser lo mismo. Y aunque es cierto que algunos factores no cambian, el producto siempre puede ser alterado. Eso depende de nosotros y de lo que queramos hacer con ellos.
En nuestro letargo rutinario se producen despertares, a veces voluntarios y elegidos. A veces impuestos. Estos últimos suelen camuflarse con sensaciones poco gratas, lo que dificulta la comprensión de su misión. Pero cualquier despertar, sea cual sea su procedencia, su motivación o provocación es un regalo que la vida nos brinda, que Dios nos concede, siempre para nuestro bien, sin lugar a dudas, para mejorar.
Esta canción significó eso para mí, un despertar. Un aprovechar el tiempo, ese que tan deprisa corre. Atrapar las oportunidades, las ocasiones que se presentan con aspecto de uniforme; de mono de trabajo; diarias y habituales. Y también aquellas engalanadas con sus mejores pieles; encorsetadas en estilizados trajes de fiesta, recargados y vistosos, o en insinuantes transparencias, que se presentan más de vez en cuando. Reconocer que todo lo vivido nos es útil, y que cualquier segundo de aliento puede aportarnos. Ponernos en marcha y abandonar la pasividad del estancamiento para mí fue la clave, en un momento dado, y siempre, para superar etapas; para crecer y llegar a la meta deseada.
Este chorro de optimismo me abrió los ojos en un lapso de penumbra. Dejé de hibernar y salí a la luz de los que vienen y van; alejándome de la sombra de mi guarida. Y comprobé, que tan sólo viviendo, optando, arriesgando, siempre en movimiento, se consigue la luz, ser luz. En este caminar hallaremos de todo, no se nos garantiza el éxito, ni la felicidad, ni siquiera la ausencia de dolor. Pero sólo caminando, sólo poniéndonos en macha es como podremos llegar a algún punto. El estar recluidos en un lugar seguro, sentados y acomodados tan sólo nos trae eso, estancamiento, vacio, aburrimiento e insatisfacción.
Nunca sabemos si esta vez es la vez, y dudamos de todo. Pensamos y repensamos cada acción para asegurarnos su resultado deseado. Y tal vez si no dudáramos veríamos que todo puede pasar, y si no pasa luego sana la herida. Inténtalo, que no te abrume la indecisión no le concedas tanto tiempo al pensamiento que consumas la arena de tu reloj sin acción. Ponte en marcha, no pasa nada, salga cómo salga, siempre tendrás en tus manos las herramientas necesarias para reconducir tus acciones, para quitar las piedras del camino y allanarlo. Encontrarás señales, saldrán a tu paso guías, faros y brújulas que facilitarán y reportarán tu andadura, pero para ello debes caminar. Se precisa estar en movimiento. “Porque hay una luz tras los que vienen y van y hay una sombra en los que busca guarida”. Porque sentado, echado sobre el tálamo de tu miedo e inseguridad tan solo se obtiene noche, pesadilla, añoranza y desazón por consumir tu tiempo totalmente de forma improductiva, vegetativa y aniquiladora.
“ Y todo lo que un día ocurrió se termina; y si estuviste ahora y luego no estás, y nunca más te vi y no fui nada en tu vida”. Pasarás y pasarán por tu vida, personas muy diversas. Te dejarán huella, tú les marcarás. Y aunque en ocasiones, creerás morirte de dolor por su perdida, eso como todo, también se superará. El anhelo conseguirá borrarse y tu corazón cada vez más libre y más lleno de amor y de paz conseguirá volar a otros horizontes, sabiendo que debe continuar su marcha; debe seguir latiendo, emocionándose, conmoviéndose y quebrándose. No pasarán indiferentes por tu vida, ni tú por la de ellos. Con el paso del tiempo comprenderás su posición actual y sobre todo la tuya.
Que nunca te paralice la pérdida. Porque en este tren de ida y vuelta; en este viaje exótico sin destino cierto, lleno de sorpresas e improvistos, siempre saldrán a tu encuentro ángeles, que te acunarán; que te recompondrán, curando tus heridas, cosiendo tus cicatrices; que te abrazarán y reconfortarán cuando te sientas perdido en la oscuridad de la fría noche; que te iluminarán y te ayudarán a ver la salida.
Ni la tristeza, ni la decepción por el fin de algo te lleve a refugiarte al fondo del agujero de tu oscura madriguera, porque te perderás muchas oportunidades de conocer a gente estupenda, y de que te conozcan. Es necesario cerrar puertas para poder abrir ventanas. Y el sol puede entrar incluso a través de pequeñas rendijas. Puede calentar y generar vida.
Estate siempre dispuesto, siempre preparado con tu mochila llena de esperanza, tu cantimplora a rebosar de deseos y tus bolsillos repletos de ánimo y fuerza, camina, no dejes de hacerlo, porque sólo así sentirás que:
“La lluvia nunca vuelve hacia arriba”. Y que cada tormenta aprovechada, por ti y por mí, no habrá sido en vano. Mojarnos; chapotear sus charcos; lavarnos el alma de rencillas y reproches, formará parte del camino, pero siempre acabaremos secándonos y abrigándonos. Disfrutando, al echar la vista atrás, al frente y a los lados del paisaje dibujado, recorrido y creado.
Que nada te pare, siempre en movimiento. Porque solo la acción te hará crecer y evolucionar. La quietud sólo conlleva pasividad y estancamiento.