martes, 4 de mayo de 2010

ECO



ECO.

- ¿Pablo qué te pasa?, te noto pensativo y algo serio.- Arancha, hoy, mientras comíamos mis padres comentaban algunas noticias del diario, sabes que mi padre suele alterarse un poco, sobre todo ante las injusticias. Me ha alertado la cara de preocupación de mi madre.- ¿Qué ha ocurrido Pablo?-

- Pues verás, yo no lo entiendo muy bien, hay palabras que no he escuchado nunca y los reporteros escriben y comunican con muchos rodeos, pero he podido pillarles algo a mis padres. Se ha montado un buen follón en un colegio de Andalucía, creo, porque una niña quería asistir a clase con su pañuelo, ese que se colocan en la cabeza.-

- ¿Cómo el que lleva Yasmina?- Exacto, sabes que ella siempre lleva cubierto el pelo.- Si, a veces se le resbala, y se ve su color, ¿pero por eso se ha armado un revuelo, tanto como para salir en la tele?- Ya lo creo, ¿parece increíble, verdad?, pues hasta manifestaciones, incluso un claustro escolar para decidir si se respetaba su normativa interna o se modificaba.-

- Pablo estos mayores pierden el tiempo con unas cosas.- ¿Sabes, yo escuché algo sobre la memoria histórica?, que si querellas, juicios, que si apoyos al juez Garzón. ¿Tú sabes de que va todo eso?-

- Arancha, que va, ni idea, ¿aunque que memoria puede traerles tanto de cabeza a nuestros padres?- Histórica, le preguntaré a la profe tal vez no los explique en la asignatura de conocimiento del medio.- ¿Y si es un tipo de memoria que debemos aprender en la clase de historia?, mi hermano esta evaluación la ha cateado.- Entonces mejor no le preguntes a él, jajjajajjaaaaa.-

- ¿Arancha vas a la excusión del viernes?- Claro, mis padres ya me han firmado la autorización, quien no vendrá es Sonia.- ¿Por qué no?- Creo que es por el dinero, sus padres están sin trabajo y en su casa le han dicho que no pueden permitirse extras, que para lo básico a penas llegan.-

- Mi madre comentó lo mismo de unos parientes y de un par de vecinos, y la noté muy angustiada, me miró y me dijo: - Pablo, no podemos despilfarrar cuando hay tanta gente pasando verdaderas necesidades.-

- En mi escalera también hay varios casos, cada vez se ven a mas papis acompañando a sus hijos al cole y en la cola del mercado.- ¿Pablo y si nuestros padres se quedan sin trabajo, que nos pasará a nosotros? ¿Ya no podremos ir juntos al cole ni jugar con la pandilla?, ¿nos separarán y nos llevarán a casas de acogidas lejos de nuestras familias, al no poder pagar nuestros padres sus casas ni nuestros gastos? – Arancha no seas tan fantástica, nada de eso pasará. Ese si es un problema grave y los mayores lo solucionarán. Seguro que a eso le prestan la atención que merece y no llega a producirse.- No sé, no sé, yo no lo veo tan claro, tal y como andan de empanaos peleándose entre sí los políticos.-

- Arancha, prometamos una cosa, hagamos un pacto. Sea lo que sea la memoria histórica, lleve Yasmina o no pañuelo, tenga o no razón ese tal Garzón, y pague o deba los trajes ese señor, Camps, o algo así, siempre jugaremos juntos, nada logrará separarnos. No dejemos en manos de los políticos nuestra amistad. ¿Qué me dices estás dispuesta a ello?- Por supuesto, ven trae tu mano, escupe en ella, y yo en la mía, ahora juntemoslas, Pablo, nuestras manos y salivas sellan nuestra eterna amistad. Promete que si me llevan a un centro de acogida vendrás a rescatarme.-

- Hecho, ahí tienes mi mano y mi saliva, no te perderé de vista por muy lejos que te lleven de mí.-

- “AMIGOS SIEMPRE, JUNTOS ETERNAMENTE.”- Repitieron los dos al unísono.


NIEVES JUAN GALIPIENSO.
4/5/2010.

lunes, 3 de mayo de 2010

OPORTUNA LLEGADA



OPORTUNA LLEGADA.


Deseaba tanto tu venida. Te soñé con mil caras, dibujaba cada una de tus facciones en mi mente. El tamaño de tu nariz, su forma. El color de tus ojos, si serían rasgados como los de Carlos o marrón almendrados como los de tu futura tía Sonia. Tus mejillas, esa parte me encantaba, sonrosadas y mofletudas, como las mías de pequeña. Y tu sonrisa resonaba en mi mente con intensidades variadas. Incluso, en ocasiones lograba escuchar tu llanto. Y aunque todavía no te tenía en mis brazos, solía sentarme a acunarte, cantándote una nana o repitiendo una frase cariñosa, apenas un susurro, para calmar ese gemido inexistente, instalado en mi cabeza. Era efectivo tras unos minutos me sentía mejor y siempre más unida a ti.

Te hiciste de rogar, al principio creíamos que algo faltaba. Y como locos comenzamos todo un despliegue de reformas, aumentamos las comodidades, aseguramos una estabilidad económica e incluso nos dotamos de más tiempo para poder dedicártelo. Queríamos, que desde el comienzo, sintieras lo deseado que eras, lo mucho que significabas para nosotros, y todo lo que estábamos dispuestos transformar para hacer de tu llegada nuestro objetivo principal.
Los intentos se prolongaban y el tiempo dilatado, junto a tantas oportunidades fallidas, comenzaba a obsesionarnos. Preocupados acudimos a un sinfín de especialistas. Seguimos sus recomendaciones al pie de la letra. Ahora me río, porque, francamente hicimos verdaderas locuras, pero en su momento no se podía descartar nada. Porque tal vez esa fuera la clave de tu tardanza.

Todo estaba perfecto, tanto Carlos como yo estábamos listos para aguardar tu venida. A la casa, tu futuro hogar no le faltaba detalle. Y nosotros realizábamos nuestros deberes puntualmente con dedicación y esmero. Pero tu tren siempre se pasaba de estación, y una vez más desalentados y tristes regresábamos a casa sin dar aquella bienvenida tan soñada y preparada. Nuestro nuevo huésped no acudiría hoy, tal vez mañana.

Las alternativas se iban agotando y la incertidumbre se apoderaba de nosotros, de esta pareja unida por el amor, que de tanto hacer el amor habían perdido el sentido de amar. Probablemente faltaba lo principal. El cambio que urgía no era ninguno de los realizados. Pero no lográbamos descubrirlo, estábamos tan llenos de inquietudes, de logros por conseguir, de retos que superar, que esa nube no dejaba ver la realidad.

No estabas dispuesto a plantarte aquí en medio de este par de desconocidos, autómatas del sexo obsesionados en concebir. Requerías algo más. Te armaste de paciencia y te sentaste a esperar. Francamente algún mensaje, alguna pista nos habría ayudado. Pero, claro un bebé potencial, ni siquiera en fase de embrión, que podría decir.
Carlos y yo nos conocíamos de tiempo, siempre habíamos sido buenos amigos. Nunca imaginamos ser pareja. Pero un buen día ocurrió, lo que los años y los encuentros no consiguieron, una celebración tardía y loca lo logró. Confusos, con cierto reparo afrontamos la situación, y desde ese día caminamos juntos. Disfrutábamos muchísimo, planeando viajes y pequeñas escapadas. Sorprendiéndonos el uno al otro, constantemente. Y transformando lo rutinario y habitual en algo especial, con un simple gesto. Nos encantaba charlar y callar, recuerdo aquellos momentos de silencio compartido, en los que no se precisaba nada más. Sentados juntos, próximos entre sí, aquellos abrazos, o simplemente permanecer recostados en el seno del otro dejando fluir las horas.

El aburrimiento no existía y hasta en nuestro silencio y sosiego se palpaba el amor. Se percibía nuestra unión y dicha. Hace tanto que no callamos. Tanto que nos acomodamos en sofás diferentes. Sintiendo la gran incomodidad de la soledad y el distanciamiento. Tanto que mi cabeza no reposa en su pecho y que mis manos no acaricia su pelo. No me extraña, que ante un panorama tal deshicieras tu equipaje. Nos sobraban los reproches, los lamentos, las broncas sin motivo. Esa crispación de quién se siente visitado, una y otra vez por la frustración, pariente no deseada.
La convivencia se tornó un infierno, y tú buscabas otros cielos sobre los que aterrizar. Necesitamos un huracán para que tirará por tierra aquellos falsos techos; para que derribara esas columnas endebles adosadas de forma temporal a nuestros cimientos, robustos y fuertes. Y desde la nada comenzar. Partiendo de la pureza de dos almas encontradas, capaces de filtrar todo aquel fango para darse una nueva oportunidad. Tu último rechazo lo logró. Aquel aborto inesperado encendió la luz en nosotros. Vimos con claridad todo lo que precisábamos recuperar, lo realmente importante. Lo perdido lentamente en el camino de los intentos obsesionados y mal entendidos.

Y como si de ordenadores formateados se tratara. Todos aquellos archivos de costumbres y hábitos indeseables, fueron borrados de nuestro disco duro. Arrancamos nuestra labor, limpios de cargas y memoria saturada. Unidos sin más propósito que ser personas, manteniéndonos fieles a nuestra esencia.

Recuperamos el silencio, y las sonrisas. Las carcajadas nos visitaban cada vez, con mayor frecuencia. Nuestro acercamiento físico y emocional era evidente. Y no precisábamos nada más.

Sentiste que era tu momento. Y antes de escuchar tu último aviso te plantaste en el vagón de nuestro hogar. Este tren llegó a su destino. Y hoy somos tres grandes aventureros de la vida. Unidos deseando no perder nuestro faro vital. Afortunada espera que nos dotó de todo lo esencial. Dichosa llegada, que nos mostró como brújula nuestro caminar.
Dedicada con especial cariño a María y Carlos, dos grandes amigos. Y a todos las Marías y Carlos de este mundo.

PRESENTADO A CONCURSO: VII CERTAMEN RELATOS EL MUNDO ESFÉRICO DE ECIJA.
NO PREMIADO.

VIII. A TIEMPO.



VIII. A TIEMPO.

Hacía mucho que no sentía esas cosquillas en el estómago, Roberta estaba terminando de acicalarse, frente a su espejo, para asistir a su primera clase de tango. Sonreía y se contemplaba emocionada. A esta edad, no imaginaba sentir algo así, nervios, timidez y un poco de miedo, por atreverse, a estas alturas, a aprender a bailar, y nada más y nada menos que tango. – “No podía haberme inscrito en la lista de pasodoble; no, aquí Roberta la valiente se tira de cabeza al tango… Yo aprendiendo tango, ¿pero qué voy a aprender yo?, seguro que cuando tenga que meter la pierna, para hacer ese ocho simulado me engancho y tiro a mi compañero, o termino yo en el suelo” -. Se reía al pronunciar estas palabras, era una mujer con gran sentido del humor. Algo insegura, pero sólo ante situaciones nuevas. Dispuesta a iniciar esta aventura. Necesitaba un aliciente, algo que la sacara de su rutina solitaria y monótona.

Siempre le había fascinado ese tipo de baile, esa sensualidad en compases de abandonos y rechazos; tanta pasión a son de melancolía y encuentro. Toda una historia de amor narrada y sentida en cinco minutos, tan intensos como los de toda una vida. La aproximación de dos cuerpos casi fundidos en una sola alma, en un latir compartido a ritmo de piano y bandoneón.

¿Por qué no intentarlo ahora, precisamente ahora?. Ya no habían niños pequeños revoloteando por casa, a los que limpiar los mocos; las horas inacabables frente a la plancha de la tintorería, para la que trabajó veinte años, se sucedían lentas y aburridamente, sin ocupación alguna. Y en su cabeza, antes llena de preocupaciones, deudas, y obligaciones, se perdía, hoy, sus recuerdos, entre soledad, vacío y nostalgia.

Era el momento idóneo para sacar a pasear su mejor vestido; para desenfundar su barra de labios rojo bermellón, recorriendo y dejándose acariciar por su textura grasienta y aterciopelada; dotando a sus labios un protagonismo singular. Para volver a pulir de betún sus antiguos tacones, esos arrinconados en una esquina del armario, tras su última cita con su marido. De eso ya hacía tres años. Y salir a comerse el mundo.
O al menos a devorarse un cachito de estrofa en su primera clase.

No sabía a quién encontraría en el curso, ¿Y si resultaban ser todos más jóvenes que ella?. ¿Estarían ya las parejas hechas y ella de pico, jugando a ser comodín del que falla, o acompañante perpetua del profesor?. Todas estas dudas la rondaban mientras salía de casa, camino a la academia.

Por unos segundos notó su corazón revolucionado y una voz interior, que le ordenaba tajantemente su detención. Se sintió clavada en el asfalto, justo unos metros antes del portal. Era el momento clave unos pasos más, y ya no habría vuelta atrás. Comenzaría a formar parte de aquel mundo mágico del tango, conocería a sus compañeros, gente nueva y distinta, tal vez potenciales amistades, de las buenas, de las que perduran en el tiempo y en el espacio, y tan difíciles de conseguir.
O podía retroceder lo andado y regresar a casa, calzarse sus babuchas y sustituir aquel vestido azul vaporoso por su playero holgado y cómodo.

Nadie se enteraría, tan sólo el profesor dejaría en blanco su casilla de asistencia. Pensaría que algún compromiso de última hora le habría imposibilitado su llegada. Pero nadie la extrañaría, ni la llamaría para pedirle explicaciones, por su cambio.
¿O tal vez sí?.
Respiró hondo, cerró los ojos, sonrió, y se dijo: - “vamos Roberta, ¿cuándo te ha detenido algo a alguien, a ti, para intentar cumplir tus sueños?. Lo pasarás bien, tan sólo vamos a probarlo” -. Su pie derecho cambió de posición, antes de finalizar sus palabras de auto convencimiento. Y su mano ya prendía el timbre de la puerta.

Conoció al resto de alumnos, a sus profesores y se sintió cómoda y acogida. Pasó un rato muy agradable y supo que aquellos pasos dados hacia el portal de la academia le cambiarían la vida.
Y así fue. Roberta ya tenía una razón para salir todos los martes y jueves de su casa. Para ponerse bonita, y entablar conversación con todos sus colegas de pista.

Era la única que lograba recordar sus nombres, ni siquiera los profesores conseguían retenerlos, y siempre acudían a ella para que los sacara del apuro. Roberta los miraba con picardía y aprovechando uno de los pasos se acercaba a ellos chivándoselos al oído, como si susurrara la canción que practicaban, o la acompañara con un piropo apasionado, capaz de aumentar la credibilidad de la historia bailada y sentida.

Era querida por todos, aquella entrañable señora, con alas de mariposa y sonrisa de niña, los había conquistado, sobre todo a Gregorio, quién a sus 72 años, disfrutaba como uno de cinco bailando. Su infancia y adolescencia no estuvo marcada por la fiesta y la alegría. La situación era dura, y aunque se trabajaba de sol a sol, sin apenas ir a escuela, la cosa escaseaba.

En su juventud no atinó a seguir el compás de aquellas músicas en los bailes de la plaza del pueblo. Y antes de intentarlo dio por zanjado ese asunto de bailar y no parecer un pato mareado. Gregorio pasó a engrosar las colas, de esas apuestas estatuas, colocadas al final de la barra, que tan sólo se mueven para abandonar el local o visitar el baño.

Y justo ahora, se había devuelto aquella oportunidad, antes negada, para aprender a moverse de forma graciosa, sin sentir ridículo, apreciando la buena música y el contacto con el otro. Disfrutando de la cercanía, del roce con otro cuerpo, el de su pareja de baile, sin sentir reparo o vergüenza.

Roberta y Gregorio no formaban pareja, pero el tiempo y las situaciones les habían reunido en muchas ocasiones. Y ambos sabían qué sentían por el otro. Por eso como niños aprovechaban la mínima oportunidad para compartir, para estar cerca y disfrutar. Las horas de clase fueron un preludio necesario para destapar toda una caja repleta de emociones entrecortadas, de sensaciones relegadas a un pasado ya inexistente. Incluso de deseos reprimidos por miedo a no tener edad para ello, a no dar la talla. O a profanar la memoria de sus amores respectivos, ausentes para ambos. Y tan latentes todavía en sus corazones. Pero “ la estación de los amores, viene y va, y los deseos no envejecen, a pesar de la edad. La estación de los amores, viene y va, y llegará sin avisar, ya verás te sorprenderá”.
Como les prendió a ellos, calando como garúa en sus corazones, empapando cada rincón de sus almas de nuevos entusiasmos y oportunidades; nuevas posibilidades de conocerse. “ La estación de los amores volverá con el temor y las apuestas, y esta vez cuánto durará”.

Tardaron algún tiempo en concederse un baile, y aunque sus comienzos fueron de forma inocente y juguetona, antes de llegar al estribillo:
“ ¡Garúa!...
Solo y triste por la acera
va este corazón transido
con tristeza de tapera,
sintiendo tu hielo,
porque aquella, con su olvido
hoy le ha abierto una gotera…
¡Perdido!...
como un duende que en las sombras
más la busca y más la nombra…
Garúa… tristeza…
¡Si hasta el cielo se ha puesto a llorar!.”

Después quedaron apresados por tanto dolor, interpretaron a la perfección su papeles y lograron emocionar a la sala, la lágrima que recorrió la mejilla de Gregorio se multiplicó en veinte ojos más, y el suspiro de dolor y desazón emitido por Roberta, aterrizó dividido en veinte pedacitos en cada pecho afligido y espectador. Tan sólo había una pareja recorriendo la pista. Y en la sala se palpaba el mismo sentimiento compartido al unísono. Ya todos formaban parte de aquella historia triste, desgarradora y solitaria, terriblemente solitaria.

Jamás se han separado, les bastó un solo tango, para unir sus vidas en pasiones compartidas; en despedidas tristes; de encuentros anhelados; con amores imposibles y deseos furtivos. Y hoy, siguen bailando ese compás marcado a ritmo de tango presente en sus vidas reales y cotidianas, y representado en breves intervalos musicales de historias de otros lugares, otras parejas, otros amores, otras añoranzas, otros sinsabores.
“La estación de los amores, viene y va, y los deseos no envejecen, a pesar de la edad”.


Nota: El texto entre comillas escrito en cursiva forma parte de la canción: “La estación de los amores” de Franco Battiato. Y “Garua”: Letra: Enrique Cadicamo.

PRESENTADO A CONCURSO: XX CERTAMEN LITERARIO "VILLA DE INIESTA" (CUENCA).
NO PREMIADO.

viernes, 30 de abril de 2010

PRECIOSA INEXISTENCIA




PRECIOSA INEXISTENCIA.

Noelia miraba su aspecto reflejado en todos los escaparates, que encontraba a su paso, de camino al trabajo. Aquella mañana se notaba diferente, el excesivo corte de pelo practicado la tarde anterior dibujaba en los espejos una cara distinta. Una visión renovada y divertida de si misma la motivó, y ese martes, parecía un día especial. Deseo poder compartir con alguien sus sensaciones, pero prefirió no comentar nada y observar las reacciones de sus compañeros de trabajo.

A las 15.01 h. La ficha de Noelia Garcés Blanco aumentaba una cruz más en aquel grupo de casillas. Al colocarla en su estante y levantar la mirada sus ojos chocaron de pleno con Roberto, uno de sus compañeros, algo mayor que ella, un tipo afable y detallista.

Noelia pensó: - Roberto se dará cuenta. Él suele fijarse en estas cosas, su chica lo tiene bien aleccionado, jajajjaaa, ¿a ver qué me dice?, seguro que como mínimo se sorprende.

Roberto la sonrío y agilizó su marcha, en su máquina le aguardaba un encargo delicado y no podía distraerse. Noelia no daba crédito. Pero imaginó que algo le inquietaba y sin darle más importancia ocupó posiciones en su puesto de trabajo y comenzó a desarrollar su tarea.

Las horas iban transcurriendo rutinarias, y con ellas las posibilidades de alguna novedad se iban reduciendo. Hubo algún cruce de miradas, acompañado de sonrisas con sus compañeras más próximas. Pero cada vez quedaba menos tiempo para que alguien se percatara de su gran novedad e hiciera un comentario al respecto.

El cansancio de Noelia aumentaba por momentos directamente proporcional a la reducción de su ánimo y motivación. Aquel día amanecido tan especial y diferente se ahogaba entre sudor, agotamiento y ese fatídico aburrimiento y desazón de quién se siente totalmente prescindible, indiferente y sin sentido en este mundo.

De repente, alguien se acerca por su espalda, siente su aliento y unas palabras la devuelven a la magia soñada: - Tú, hoy llevas algo raro. A ver que mire, jajajjaaa, deben ser tus vaqueros, ¿verdad?, son más ajustados de lo normal. ¿Vaqueros nuevos, qué gran evento ha ocurrido para llevarlos y traerlos aquí? ¿No será que has trasnochado y no has podido regresar a casa para cambiarte antes de venir? –

Noelia que había comenzado a sonreír pensando que por fin alguien se había percatado de su cambio de imagen, terminó torciendo su boca perpleja. - ¿Vaqueros nuevos?, no, no, que va. Siempre estás imaginando cosas raras.- Le contestó a su compañera mientras retomaba su labor.

La sirena sonó, su turno cesaba. Fichó y más cansada de lo habitual partió a casa. Sola como siempre, recogió un plato de sopa para llevar en el 24h cercano a casa y enfundada en su pijama de felpa amarillo cenó frente al televisor. Para acostarse en breve, recibiendo con algarabía y entusiasmo por parte del colchón y la almohada a otra victima de un peinado perfecto de peluquería. - Que bien lo estrujaremos, cada vez que cambie de postura, lo apelmazaremos al apoyarse sobre nosotros y mañana parecerá una bruja, jajá jajá, fiesta, hay fiesta corte de pelo nuevo, a por él.- Comentario sordo entre el colchón y la almohada. Tan silencioso, que Noelia calló rendida fundiéndose entre ellos bajo un sueño demoledor, siendo la única protagonista de su vida.

NIEVES JUAN GALIPIENSO
30/4/2010.

martes, 27 de abril de 2010

ENCUENTRO PERFECTO.



ENCUENTRO PERFECTO.


Natacha era su nombre de guerra. Abogada de profesión y amante de vocación. Ejemplo de fracaso repentino y constante en el amor. A sus 42 años, sin hijos ni pareja estable capeaba el mundo, su mundo, con pequeñas dosis de excéntrica pasión.

Consultó su agenda más como ritual mañanero que por necesidad, ya que recordaba perfectamente su cita más urgente y desagradable. – ¡Bien! , a las 10.00 h gine, perfecto, a ver si de una vez me alivia estas molestias.- Hablaba en voz alta para grabarlo en su memoria, y apaciguar su desazón.

Tras desayunar, perfectamente engalanada, regresó al despacho para consultar su correo. La noche anterior demandaba una oferta en aquel foro privado. Y deseaba saber si algún interesado le había contestado. Aunque temía que el diagnóstico de su ginecóloga impidiera llevar a cabo su propuesta.

Tarzán ibérico había contestado. – Vaya este vicioso no se pierde ni una, a ver si hay suerte y acude con su Jeanne y la jungla al completo.- ¡Sí, sí!, esto marcha ha conseguido reunir a cuatro participantes más, esperemos que no sean novatos, y si lo son, que sean de total confianza. Hablaré con él para asegurarme.-

Manifestó su inquietud a Tarzán y apagó su ordenador, saliendo a la carrera por el pasillo de casa. Otra vez llegaría tarde, aunque en esta ocasión la esperarían. Nerviosa y algo asustada respondió a todas las cuestiones de la ginecóloga, el diagnóstico estaba claro. Reposo, antibióticos y óvulos. Menudo fastidio tendría que privarse de esta orgía que prometía llegar a gang – bang. Aunque pensándolo bien siempre le quedaba la opción de mirar. No solía hacer de Voyeur, le iba más la acción, la conjunta sobre todo en plan dominante más que dominado. El que la vieran los demás, eso si solía gustarle.

Al regresar a casa y comenzar con el tratamiento recordó que debía informar sobre su participación, simplemente de mirona y como excepción. La cita ya estaba ubicada y fechada. El sábado, a las afueras del parque real, a partir de las 00.30h. Al menos un par de coches confirmaban su asistencia. Tarzán había reunido a varios amigos y amigas, y Casiopea acudiría con dos chicos más. Tres chicas y cinco hombres formarían el grupo, entre ellos alguna pareja para el intercambio y Natacha nuestra novena integrante con tan sólo derecho a ver, oír y callar.

Le costó contenerse, pero las molestias que aún acarreaba de su última cita, siendo tocada y amada por más de seis desconocidos a la vez, penetrada por todo lo que a su paso salía, le recordaban el comportamiento óptimo, que debía adoptar, para poder unirse cuánto antes a otro gran cancaneo.

Se excitó, como jamás hubiera imaginado. Esta pasividad contemplativa de cuerpos sudorosos, entremezclados, jadeantes, botando, adoptando posturas de contorsionista, amante y vicioso, la puso a cien, no necesitó tocarse, verles e imaginarse en puesto de alguna de ellas, le bastó.

Cada uno fue abandonando los dos coches improvisados como lechos. Y regresando a sus casas en sus respectivos vehículos. Natacha fue de las últimas, debía aprovechar, ya que por algún tiempo la sequía arrasaría su árida duna. Intercambió algunas palabras de aliento y reconocimiento a los nuevos. Invitándoles a la próxima. Prometían y mucho. De camino a casa, su mente imaginó a dos de ellos en plena acción sobre ella. Y disfrutó tan sólo imaginando. – ¡Dios!, ¿cómo será cuándo los sienta dentro de mi?

NIEVES JUAN GALIPIENSO.

27/4/2010.

miércoles, 21 de abril de 2010

PUERTAS CERRADAS





PUERTAS CERRADAS.

¿Por qué?, todavía me lo cuestiono. Todavía necesito hallar una respuesta lógica, que tal vez consiga aplacar mi ansia de justicia, que logre consolarme, como si algo pudiera llenar el vacío existente. No hubo nota, ni despedida, por otro lado algo natural, ¿con qué cara avisarías tu partida voluntaria? ¿Qué motivos de peso justificarían algo así?

No pensaste en mí, y si lo hiciste, debió silenciar tu voz, o borrar tus letras, ese pensamiento. Me dejaste aquí, sola, haciendo frente a tanta pregunta de la policía, de tu familia, de gente allegada a nosotros y lo peor de tantos curiosos, que sin apenas conocerte pretenden saber más.

No pude creerlo, parecía un mal sueño del cual pensaba, que en cualquier momento conseguiría despertar. Pero los días se sucedían y con ellos las noches, y no lograba descansar, cada vez que conciliaba el sueño asistías a mi, en una nebulosa, yo pretendía agarrar tu mano, pero nunca lograba acceder a ti. Tú estirabas el abrazo a la vez que caminabas en sentido contrario a mí. Hasta que agitada y sobresaltada despierto, e incorporada descubro que tu sitio sigue vacío. Que estoy soñando, y su final siempre es el mismo.

Sigo durmiendo mal, pero además las secuelas siguen aumentando, apena como, ya no sonrío, desconfío de todo y un rancio sabor de odio y culpabilidad me salpica, manchándome cada vez más. Sí, te odio, por tu egoísmo, por tu decisión, por hacerme tanto daño.

Sé que no volverás, y ya ni siquiera rezo para ello, sé que es un imposible. Tan sólo me atrevo a rogar a Dios, que me de la fuerza suficiente para no aborrecer cada nuevo amanecer, para lograr salir de esta cama con el ánimo de vivir todo aquello que tú decidiste privarte. Y que mi constancia y perseverancia logre hacerme olvidar, perdonarte y disculpar cada salida de tono ofrecida a los demás.

Ya no hay lágrimas, sólo rabia contenida, mal humor y amargura, esa es mi herencia. Deseo pagar mis deudas y librarme de este lastre. ¡Ah! por cierto, la próxima vez que decidas suicidarte no cuentes conmigo, no llames a mi puerta, no te presentes en mi vida. Pasa de largo sin más, como siempre te ha gustado.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
16/3/2010.

PRESENTADO A CONCURSO: II CONCURSOREATO BREVE Y MICRORRELATO DE NORTECASTILLA.
NO PREMIADO.

X. ELECTRICIDAD



X.ELECTRICIDAD.

“Fuera sopla el viento, fuera está lloviendo, un aullido aterrador”. Parece que el cielo revela tu interior. Ese miedo contenido, tanto silencio ensordecedor inunda cada hueco de esta habitación, aumenta el temporal y refleja lo que no supe evitar, no me tuviste, y ahora “yo te observo mientras duermes, respirando dulcemente, en la calma de esta habitación”. Sentada en este incómodo sillón repaso las últimas semanas. Analizo cada detalle, tus respuestas, aquellos gestos raros, achacados a tu caprichosa adolescencia, por mi torpeza o descuido. ¿Qué no supe ver? ¿Qué pista deseché?

Creo que si conservo cada segundo de tu aliento en el tarrito de mi conciencia, podré devolverte la vida, sacarte de este eterno sueño, en el que has decidido refugiarte, recuperando ese tiempo ya consumido, dándote una nueva oportunidad. En todo un cielo abierto a la esperanza, al futuro de tus 14 años, sin marcas. Sin cardenales, cortes, ni magulladuras de tanto golpe recibido, de tanta amenaza acumulada forjadora de ese muro protector, que un día, tu miedo levantó y que tanto impedía nuestro acceso. Cualquier acercamiento se tornó misión imposible para nosotros.

Pensamos que ésta, era una rabieta más de las tuyas, que duraba demasiado, pero que pronto pasaría y tus hormonas dejarían de jugarte malas pasadas. El enemigo no estaba dentro, no estaba en ti. Sabía perfectamente como acercarse, cómo acorralarte, sin dejar pruebas de ello, sin que hubiera testigos. Salir a la calle se convirtió en una tortura. Doblar cada esquina sin ir acompañado, sin mirar a todos lados comenzaba a pesarte. Sólo sentías alivio en casa.

Hoy estoy aquí sentada frente a ti, en esta habitación de hospital, deseando que abras los ojos, esos verdes grisáceos, que tanto enamoran. Esos que conseguían derretirme y librarte de cualquier bronca. Me tenías calada, sabías perfectamente cómo hacer uso de ellos para atormentar mi indulgencia, y salir bien parado de cualquier trifulca. Ahora esos ojos están cerrados, rodeados de cortes y moratones, hinchados por tanto sufrimiento acumulado. Por tantas horas de insomnio atesoradas, de pesadillas revividas una y otra vez.

Me acerco a ti “y al besarte en la mejilla, yo creí que me moría, se rompía este pobre corazón. Quiero besarte tengo miedo a despertarte, entró en tu sueño y te grito desde lejos: QUE TE QUIERO. En sólo un segundo”.

“He comprendido lo que importa y lo que no. El fin del mundo, de tu mundo, la tormenta, el dolor. Quedan muy lejos de esta habitación”.
Me siento cansada, las horas de vigilia comienzan a hacer mella. Mis párpados no resisten y lentamente buscan adherirse como si de un velcro se tratara, necesito dormir. Este estado me une más a ti, en mi sueño apareces tú. Estás dormido, como ahora. No, soy yo la que logro colarme en el tuyo. Tengo miedo, noto inseguridad. Todo tiembla, se oyen gritos, insultos, ¿quién es Ringo? Escucho suplicas, es tu voz, lamentos y reproches. Nada te libera de esa agonía, cada vez más inminente. Te preparas para ser golpeado, contraes los riñones y el hígado, presientes su patada. Te mueves muy rápido, que mareo, deseas esquivar los golpes. Pero estos te llegan, te tumban y ya eres hombre muerto. Una vez en el suelo sabes que no hay salida, ni escapatoria posible. Y nuevamente Ringo te utilizará como saco de boxeo para descargar todo esa rabia contenida y acumulada.

Tú ya sabes que es un chico problemático, con una infancia dura. Él ya sabe que tú eres el nuevo, inadaptado y solitario. Ringo ya ha salido, ha abandonado nuestra escena. Y tú sigues tirado en el suelo rodeado de babas y sangre. Lloras en silencio reprochándote tu falta de valentía y fuerza, tragándote tu orgullo pisoteado y rastrero. Te sientes pequeño, cada vez más pequeño, todo se vuelve un obstáculo imposible de salvar. Deseas morirte para librarte de este suplicio.
Yo noto tu angustia esa quemazón estomacal. Y comienzo a correr, preciso ir a tu encuentro, entregarte mis brazos fuertes y llenos de cobijo. Me estoy moviendo, puedo hacerlo, tengo vida en tu sueño. Comienzo a articular palabras, sonidos, no sé si tú me oyes. Pero “te grito desde lejos: QUE TE QUIERO”.

Te giras, tus ojos intentan vislumbrar mi imagen, esta voz te resulta conocida. Ya estoy más cerca de ti. Veo tus ojos, me sumerjo en ese verde esmeralda, los reflejos del sol te deslumbran. No tienes la certeza de saber quién soy. Pero ya no tiemblas, ni lloras. Te acaricio mientras te tomo en mis brazos. “Fuera sopla el viento, fuera está lloviendo un aullido aterrador, pero un susurro nos envuelve, nos abraza lentamente, como un mantra conocido por los dos. No son fantasmas es mi espíritu el que habla. Entra en tu sueño y te grita desde lejos: QUE TE QUIERO”.

“En sólo un segundo he comprendido lo que importa y lo que no”. Tus miedos, tus fobias. Esa manía persecutoria que te anula. Todo lo callado y ocultado, tus excusas, tantas mentiras encubridoras de una explotación más, de otro abuso por la fuerza. Y te susurro lentamente: -ya estás a salvo, esto también pasará. Ya ha pasado. No me sufras más. No estás solo, juntos podremos.-

Nos incorporamos, has dejado de sangrar. Caminamos unidos, giras tu cara y lo último que veo en mi sueño, en tu sueño es tu sonrisa. “Quiero besarte tengo miedo a despertarte; entro en tu sueño y te grito desde lejos: QUE TE QUIERO. En sólo un segundo. He comprendido lo que importa y lo que no: los desengaños y los malos presagios; las envidias, las intrigas que complican nuestras vidas, quedan muy lejos de esta pompa de jabón, nuestra burbuja de amor. Sube por el cielo, más allá del universo, sube y estalla en tu sueño”.

Ya he despertado y sentada en tu cama, sigo abrazándote. Siento algo, parece que tus dedos me han rozado. Tomo tu mano y tú te coges a ella, no puedo creerlo, tu coma ha cesado. Esas dos esmeraldas me miran con sorpresa y anhelo. Me reconoces y te fundes en un abrazo. Y tu pompa de jabón, nuestra burbuja de amor sigue intacta, flotando en esta habitación, en este mundo que castiga el acoso, el hostigamiento, los abusos y la persecución.

PRESENTADO A COCURSO: X CERTAMEN NARRATIVA CORTA " VILLA DE TORRECAMPO.NO FUE PREMIADO.

viernes, 16 de abril de 2010

SUEÑOS EN TUTU ROSA.



SUEÑOS EN TUTU ROSA.

Soñaba con ser bailarina, de esas con medias blancas y tutu, no la frenó ni las risas de sus compañeras, ni esos quilos de más, Soraya rompió su hucha para comprarse las primeras zapatillas de cintas. Sus padres asombrados apoyaron su proyecto, llevándola a clases de ballet como actividad extraescolar. Le dieron tres meses de prueba, pensaban, que se cansaría y abandonaría, esto era otro capricho más de última hora.

Ninguna de sus mejores amigas compartía esa afición, fue sola, empezó sola y ha seguido, continúa, ahora, rodeada de compañeras, alguna de ellas amiga. Madrugó, invirtió sábados y festivos practicando. Entrenó fuera de horario, se privó de chuches y disminuyó el consumo de chocolate. Sudó lo que no estaba escrito. Y aquellos pliegues se alisaron, dejando ver unos músculos más acentuados. Su figura mejoró por momentos, y aunque sus caderas y muslos revelaban su talla, logró bailar y moverse al son del vuelo de una mariposa en busca de alguna flor preciosa.

Su familia empezó a cuestionarse su cordura, y el capricho, según ellos, pasó a obsesión. Soraya estrenó mallot, debutó coreografía, recibió aplausos, y siguió bailando. Esa niña regordeta, caprichosa y veleta encontró su lugar entre punteras y vendajes, entre pasos alados armoniosamente articulados, entre piruetas y equilibrios.

Aquel antojo, hoy es vocación y profesión. Y su primera lección siempre comienza con estas palabras: - Cada uno de vosotros será quién dese ser, nadie tiene poder para anular vuestros sueños, si creéis en vosotros mismos, no necesitaréis estar secundados. Bailar sintiendo, sentir en clave de sol y vivir al compás de vuestras ilusiones y anhelos. Sólo así llegaréis a ser primer bailarín o bailarina, auténtica persona y reina o rey de vuestras vidas.-

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
14/4/2010.

CUENCOS EN VERSO.



CUENCOS EN VERSO.

Hijo de alfarero y nieto de tornero, Jonás prefería regalar versos. Acompañaba a su padre en las ferias, más por obligación que por vocación. Escaqueándose, siempre que podía. Amigo de todos, seductor de lo femenino, encandilaba con su verborrea.

Antonio, mayor y cansado, deseaba legar su horno y ser relevado por su primogénito, esfumándose de él, su escaso interés entre rimas, versos y sueños.

Aquella tarde buscó en la quiromancia su aliado perfecto, que dejara patente, ante su padre, su verdadero sino. A él le creería, este viejo vidente, curandero y tallista de cristal, testigo directo de amaños y chantajes, vio llenarse su cofre de monedas, Antonio pagó su deseo paternal.

Los posos de café hablaron: - alfarero.- Jonás sonrió y emocionado respondió:
- sí, seré alfarero de poemas, modelaré versos y coceré rimas.-

Fue el primer alfarero de las letras. Sustituyó el papel por el barro, las flores por versos y los colores por rimas variadas, llenas de musicalidad. Jarrones, cuencos, vasijas y platos llevaban su sello, altamente literario, bello, original y útil.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
12/4/2010.

APARIENCIAS.



APARIENCIAS.

Hacíamos cola en la caja del banco, delante de mí una esbelta figura se alzaba casi toda de negro, sobre tacones vertiginosos. Su melena morena camuflada en aquellas mechas rubias cubría su espalda. Perfume de violetas y bolso amplio con hebillas y tachuelas.

Revisaba mis cuentas, y preparaba todo lo necesario para agilizar la tarea del cajero. La gente se amontonaba, y no había tiempo que perder. Se gira y me mira de reojo, como un gesto instintivo, como parte de su movimiento, del contoneo de su cabeza, cambiando de postura.

La miro de frente, maquillada hasta la saciedad, sus ojeras, imposibles de disimular, despiertan mi imaginación. Mi mente comienza a recrear la noche anterior. Tal vez estas ojeras escandalosas sean fruto de un rato de pasión, de una fiesta para dos, desconocidos y cómplices del placer de la oscuridad, el alcohol y la excitación. Tal vez el tiempo haya volado entre besos y caricias, repleto de jadeos y vacío de sueño y descanso.

Ya me toca, por fin, y suena su teléfono. Contesta mientras abandona la cola, cediéndome su lugar. No puedo evitar escucharla:
- Si, buenos días, bueno no muy bien. De seguir así tendrán que ingresarla. Faltan los resultados de la última prueba. ¿Pablo y Ana? Se han quedado en casa de mi cuñada, pero a media noche he tenido que salir a por ellos, estaban muy nerviosos.
Así que regresamos a las tantas y por fin se han dormido. ¿Yo?, pues he descansado acostada, pero sin pegar ojo. Si, intentaré dormir siesta, aunque lo tengo difícil. Gracias, no te preocupes, me apañaré. Hasta luego, ya te llamo, hasta luego.-

Indudablemente nada es lo que parece.


NIEVES JUAN GALIPIENSO.
12/4/2010.

lunes, 5 de abril de 2010

LLEGADA MI HORA...


LLEGADA MI HORA…

Nadie me explicó esto, desorientado y con mis sentidos casi anulados represento mi último acto. Con vestuario escaso, a penas una bata azul de hospital, sin maquillaje aparente. Tan sólo los restos de la crema que mi hija solía aplicarme masajeando mi cara. Me decía que era para estar suave. Me encantaba sentir sus manos con ese mimo y cariño. Tumbado en una cama paso mis últimos días. Ya no oigo las máquinas, hace mucho que ni si quiera siento ese gota a gota entrando en mis venas. Llevo sumergido en una pompa, flotando en una nube de algodón, no sé cuánto tiempo. No hay dolores, ni hambre, ni sueño, ni siquiera frío. Con lo friolero que siempre he sido. Y aunque sé que no estoy solo, no sé dónde me encuentro.

Se escucha una música, un dulce susurro, y noto que me llaman, creo que mi turno ha llegado, y sin saberlo debo haber avanzado en la cola, encabezándola. En la habitación todo sigue su curso, las enfermeras me visitan con frecuencia, mi mujer sentada frente a mí, me observa, como esperando una respuesta. Creo que se siente algo perdida y confusa, y sobre todo agotada. Ella tampoco entiende muy bien mi partida, pero acepta algo crispada mi marcha. Me vienen imágenes de estos últimos días, mis hijos, dándome de comer, limpiando mis ojos, masajeando mi pecho para tranquilizarme. Y esas palabras de paz que mi hija suele repetirme:

“Puedes irte cuando quieras, cuando estés preparado. No tengas miedo, estoy contigo, sujeto tu mano. No te preocupes por nosotros, estaremos bien. Todo está bien.”

La escena cambia, me veo en casa, ese traje de capucho a medias, que no acabaré, no sé qué fecha es, pero tal y como van las cosas, no veré más procesiones. Esto se acaba y no sé qué debo hacer. ¿Seguir recordando? Ya no puedo hablar, tal vez quedaron cosas pendientes. Ellos han sabido aprovechar el tiempo, cada uno a su estilo ya se ha despedido. Sé que me quieren, de eso no hay duda. Va a quedar tanto incompleto. ¿Cómo expresarlo?

Ya no podré apaciguar los cabreos de mi hijo, y éste va a ser monumental, no me gusta verle serio y desmotivado. Nunca reflejó su tristeza. La carencia de lágrimas la suplió con una buena dosis de amargura silenciada, de ese resquemor contagioso que siembra desgana. El llanto buscará los ojos de mi hija. Se emociona con facilidad, y suele ser de lágrima fácil, en eso ha salido a mí. Pero me tranquiliza saber, que no está sola, y que incluso, cuando lo ha estado ha sido lo suficientemente valiente para pedir ayuda, para llenarse de todos y todo lo que, como ella dice: “le da vida”.

Últimamente le ha dado por escribir, lo hace hasta aquí, frente a mi cama, y por su gesto y paciencia denoto que eso le ayuda. No he leído gran cosa de ella, y creo que mi opinión no fue acertada. Pensé que era infeliz. Y al enterarse por su madre se apenó, de nuevo se sentía incomprendida. Tal vez no supe leer, tal vez vi reflejada en su teoría mi propia existencia. Tal vez debí leer más, antes de sacar un criterio tan poco acertado. Eso quedará pendiente. Y me angustia, ya no puedo leerla.

Los días se suceden, para mí tan sólo es tiempo que no distingo, me inquieto porque no sé qué siento, porque veo y no distingo, porque sigo preso contemplando mi mundo a la deriva. Lleno de dudas. Es curioso, cada vez me siento más distante de ellos, a pesar de sentir sus manos, sujetando o acariciando la mía, noto otras presencias mucho más intensas, gente querida, ausente, que viene en mi busca, y eso me transmite paz. La que le falta a mi esposa. Hoy la noto más abatida, esa fortaleza de hiperactividad se derrumba a golpe de lágrima. Y aunque lo disimula, ya se siente derrotada. No hay mucho que hacer, y esa pasividad le devuelve a esta realidad.

Tengo que irme, ha llegado mi hora, no quiero escándalo ni nervios. No me gustaría ver a nadie triste, debo partir, mis alas están preparadas. Desearía estar consciente para dejar zanjado todo, pero no es posible.

La habitación calla, mi mujer junto a mí me mira tranquila, intuye lo que pasa. Mis hijos duermen en casa, y yo, me siento preparado, ya veo a mi madre y a mis hermanos, cuánto tiempo separado de ellos, y a lo lejos el reflejo de esa corona dorada, es mi Virgen querida, que acoge a su hijo áspense. Mi desasosiego se ha tornado paz, una serena y armoniosa calma me inunda.

Todo sucedió como deseé, ni gritos, ni nervios, ni crispación. Mi mujer tranquila cierra mis ojos, me besa y avisa. Mis hijos han llegado, Fabio está con ellos, me alegro, mi hija va a necesitarlo, me besan y se despiden con lágrimas silenciosas, sosegadas. El viaje comienza y esta vez sé que no llegaré tarde a mi destino, no perderé ningún tren ni me marearé. Estar tranquilos, me siento como en casa, toda mi familia y conocidos ha salido a mi encuentro. No hay dolor, ni deterioro, tan sólo un inmenso sentimiento de bondad y regocijo reina en cada uno de nosotros.

No sé si será el cielo, pero por lo a gusto que me encuentro, debe de serlo.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
5/4/2010.

miércoles, 31 de marzo de 2010

CUMPLEAÑOS FELIZ.



CUMPLEAÑOS FELIZ.

La ciudad duerme, parece que la noche se ha instalado inamovible, a pesar de este sol mañanero cálido y confortable, que guía mis pasos de camino al trabajo. Resonando a hueco, poniendo de manifiesto la ausencia de todo. Haciéndose raro cualquier otra celebración, que no repique a tambores, nazarenos, cirios y plegarias.

31 de marzo, un miércoles cualquiera, miércoles santo para el calendario nacional. Y un día especial para mí. La vida y la muerte de nuevo pasean de la mano. Una fecha para celebrar desde la distancia, con alguien especial, mi treinta y siete cumpleaños, y primero a su lado. Y desde la cercana ausencia el anhelo del primero sin ti.

Sensaciones contradictorias agolpadas, deseando imponerse, y esta calma personal que hondea en mí como estandarte de mi esencia. Recibo felicitaciones, gestos cariñosos, y la alegría de sentirme tan querida traslada las lágrimas a mis ojos, porque entre tanta prueba de amor no recibiré la tuya.

Mamá me ha llamado, ya sabes, a ella le gusta cantarme su felicitación por teléfono. Comeremos juntos, ya elegí menú de anfitriona y tú estarás a tu modo y estilo, siempre discreto, pero presente, aunque esta vez seamos tres en vez de cuatro. Soplaré las velas y pediré mi deseo, en esta ocasión doble y compartido por los hombres que han llegado y han partido.

El día acabará como cualquier otro y de nuevo la rutina se apoderará de una semana que terminará santa y resucitada.
Tal vez viajera, si la salud acompaña, porque las ganas no faltan.


NIEVES JUAN GALIPIENSO.
31/3/2010.

domingo, 21 de marzo de 2010

RESACA GENERALIZADA.

20 de marzo, la ciudad duerme. La calma retorna imponiéndose. Las gentes acomodadas en sus camas recuperan horas de sueño y excesos. El asfalto tan agredido, hace unas horas, reposa húmedo, conteniendo los restos de lo que fue una fiesta en mayúsculas.

Los semáforos se sienten inútiles, no hay tráfico que regular, ni peatones a los que conceder el paso seguro. La música ha cesado y los últimos petardos resuenan, ya, en el eco de nuestra reciente memoria.

Sosiego, por fin. La resaca como protagonista contagia los hogares y a sus ocupantes, es el momento idóneo para pasear uno a sus anchas. Y comprobar cómo todo cambia a pasos agigantados. El mundo hace unos días detenido, ha vuelto a ponerse en movimiento, tan sólo ha bastado el cambio de posición de las manecillas del reloj.

Presos de esa rapidez transformadora nos moldeamos para hacer más liviano su impacto. La vida sigue en esta ciudad adormilada, comenzando a despertar de su siesta, ya ha pasado el medio día sin hambre ni ganas de nada, cada cual emprende su día, reducido a ocho horas.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
VALENCIA. 21/3/2010.

ARDIENTE DESTRUCCIÓN.



ARDIENTE DESTRUCCIÓN.

En breve todo tocará a su fin. Cinco minutos para pronunciar las palabras mágicas en voz femenina, y el fuego arrasará tantos meses de trabajo, creatividad e ilusión.

Es momento para repasar, echar la mirada atrás y evaluar esta semana de infarto, repleta de cenas en comunidad, paellas numerosas, despertás ruidosas y horas, muchas horas de pie sobre tacones o espardeñas, noches tornándose día sin un descanso que los separe o distinga. Horas preparando, acogiendo, invitando, bailando y sobre todo celebrando.

Estruendo, ya no hay vuelta atrás. Las figuras llenas de color e ironía caerán al suelo, regresando a su punto de partida, pero esta vez convertidas en cenizas. Todos observan desde cerca, el humo se apodera del espacio. Y la sensación de destrucción está palpable.

Para unos, simplemente se acaba un periodo, otro año festero, fallero. Pero hay quienes viven este ritual como un proceso de superación. Atrás se deja un tiempo de propósitos, objetivos, metas, problemas, situaciones adversas, incluso frustrantes.

El fuego poderoso elimina todo lo malo y nos purifica, preparándonos para afrontar una nueva etapa. Reunidos frente a la decadencia de gamas vistosas, cartones tornados en vida y denuncias manifiestas, arrancamos de nuestro pensamiento todo lo dañino.

El calor de la hoguera reconforta nuestro corazón y nos recarga de energía. Listos para emprender otro día con la certeza absoluta, de que los problemas volverán y por supuesto se superarán.

Dedicado a dos ejemplos de verdaderos falleros y mejores amigos: Lourdes y Javi.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
VALENCIA 19/3/2010.

jueves, 11 de marzo de 2010

LA DANZA DEL SIETE.



LA DANZA DEL SIETE.

Siete, eran siete, los enanitos
para una Blancanieves perdida
y desorientada en el bosque.

Siete días, siete noches,
setenta veces siete
susurrar tu nombre
antes del alba y al amanecer.

Siete, número judío mágico.
Componentes de una semana,
maravillas del mundo.
Siete novias para siete hermanos.

Siete nubes, siete estrellas
bailando al son de las séptimas sinfonías
de Beethoven y Mozart
como siete besos de tu boca.

Siete días, siete noches,
setenta veces siete
tu mano en la mía,
una caricia constante.

Siete los colores del arco iris
siete almas en vela, la tuya y la mía
tres noches y media.

Siete pecados capitales,
siete deseos inconfesables
siete sueños realizables.

Siete viajes interlunares,
Siete islas, siete galaxias
El universo rendido a nuestros pies.
En cada gesto que nos une más.


Siete días, siete noches,
Setenta veces siete
Tu sonrisa provocando mi volcán.

Siete días, siete noches,
Setenta veces siete
celebrar siete meses más juntos.

¡Feliz siete mesversario, Fabio!

NIEVES JUAN GALIPIENSO. 11/3/2010.

jueves, 4 de marzo de 2010

RELOJ DE ARENA.



RELOJ DE ARENA.

Sus manos denotaban nerviosismo, el rostro descolorido y arrugado, cansancio y dejadez. Las noches en vela y los días en guardia, expectante, vigilante, llenaban toda su vida. Esa que se había convertido en una cárcel antónima de sus costumbres y su agitación social.

No pude evitarlo, verla enrollada en ese sillón destapada y casi temblando me conmovió, tanto, que me acerqué con cuidado y la tapé, acariciando su hombro, con el deseo y la intención de contagiarle algo de sosiego y ánimo. Ella no despertó, pero agradeció el gesto con un leve contoneo. Su espalda parecía pronunciar: “GRACIAS”.

Imaginé por un momento como sería de niña y de adolescente, su pelo, la ropa, la expresión de su cara. Y hasta el tono de voz vino a mi mente. Su estilo de vida, el tipo de amistades, y cómo se vino abajo todo su mundo tras conocer la noticia.

Debía ser fuerte, y algo en mí me decía, que lo superaría. Era cuestión de tiempo. En breve el ocio, tocaría a su puerta, la obligación cedería terreno a la libertad, y aquel pijama se tornaría un vestido de noche. El silencio de la habitación del hospital se convertiría en bullicio de ciudad, despacho y cafeterías. Y las ropas negras recobrarían colores vistosos y alegres.

Era cuestión de tiempo, como todo en la vida. Tiempo para ser, para olvidar, superar, perdonar, estimar, recuperar y desear. Tiempo para no desesperar y aceptar. Tiempo para mejorar y cambiar.


NIEVES JUAN GALIPIENSO.
4/3/2010.

martes, 2 de marzo de 2010

EN TARDES COMO ESTA.



EN TARDES COMO ESTA.

- ¡Ummm..., que rico! Calentito, me apetece tanto saborear este chocolate.- Roberto pensaba en voz alta mientras bebía su taza humeante. Detestaba la lluvia, siempre conseguía asaltarle la melancolía con ella de fondo. La mejor forma de acallar sus reclamos era así. Tomar un buen chocolate, tumbado en su sofá mientras una película sonaba como historia protagonista de aquel salón.

Por unas horas, su vida se postergaba, parecía que todo se detenía, hasta sus latidos eran reposados y lentos, tan sólo la sucesión de imágenes reflejada en el cristal de la vitrina rompía aquella calma. Los actores tomaban cada vez más protagonismo pasando de la pantalla de televisión a los sueños de él.

Sumergido en otro mundo Roberto era un miembro más de aquel colectivo en busca de un tesoro perdido. Un aventurero ansioso por las joyas y los trofeos sepultados en la caja fuerte de aquel barco hundido. Varias expediciones lo habían intentado en vano. Peleas, mentiras, intrigas y mucha rivalidad entre ellos debilitaba la misión y las ganas se ahogaban entre olas y espuma de frustración.

Roberto magullado y agotado cae al fondo del mar, no consigue flotar y se ve camino a la bodega del barco. Sobresaltado se despierta de repente, se sujeta al sofá y nota su cuerpo suspendido en terreno seco. Ni barco, ni olas, ni tesoro, suspira aliviado y vuelve a coger la taza para agotar el último sorbo de chocolate.

La lluvia ha cesado y el arco iris pinta en el cielo un halo de esperanza. – Creo que al fin podré salir a dar una vuelta, el aire fresco me despejará.-


NIEVES JUAN GALIPIENSO.
2/3/2010.

TRES MINUTOS... UNA ERTERNIDAD.


TRES MINUTOS... UNA ETERNIDAD.

- ¿Qué tal, cómo ha pasado la noche?- Preguntó el enfermero.
- Bien, va a ratos. Ahora parece algo más intranquilo.- Contestaba mientras sujetaba su mano y acariciaba su pecho.

Luisa desconocía si ese arrumaco calmaba a Miguel, y si sus gemidos constantes eran síntoma de dolor, cansancio o agotamiento por estar apresado en esas cuatro paredes, encamado más de veinte días, sin más propósito que aguardar ansioso la llegada de su carcelero. Ese que libraría su alma y su cuerpo de tanta limitación y sufrimiento.

El enfermero realizaba su cometido y conmovido por sus lamentos, acarició su frente mientras le hablaba con cariño. Luisa no pudo contenerse y ante tal gesto se derrumbó. Sus lágrimas mojaron la cama de Miguel, y una mirada cómplice entre ambos puso de manifiesto el dolor y la preocupación compartidos.

Era inevitable, el tiempo, su tiempo, se acortaba y la vida se esfumaba entre cables y goteros. Tres minutos, una hora, dos semanas, toda una eternidad en la palma de sus manos. Otro centímetro más en el agujero de nuestro corazón.


NIEVES JUAN GALIPIENSO
2/3/2010.

lunes, 1 de marzo de 2010

BOMBAY.


BOMBAY.

Natalia miraba desesperada su reloj. Luis llegaba tarde, como de costumbre. De pie en su despacho contaba los minutos para abandonarlo.

Nadie entendía su repentina decisión. Loca para unos y descabezada caprichosa para otros.

Su avión estaba a punto de aterrizar. El que la llevaría rumbo a otra vida, otro país, diferente cultura y tradiciones. Sin amigos ni familiares.

No esperó más, cogió sus cosas y se despidió de todos. Su taxi aguardaba en la entrada, y mientras se alejaba recorriendo aquellos lugares, recordó su llegada, llena de juventud e inexperiencia. Ahora algo más curtida en años y en vivencias.

Se despedía conforme, a su paso, iba dejando atrás parques, edificios, monumentos y lugares emblemáticos.

Con una sonrisa y algo de nervios por la nueva experiencia, pasar de alta ejecutiva a voluntaria sería todo un reto.

Llegó a tiempo, sin Luis, ¡que desastre!. Sus maletas facturadas, ya acomodada en su asiento imaginaba como sería su llegada. Y pedía al cielo no haber errado en su decisión.

Sus sueños se esfumaron, dejando paso a un descanso profundo. Mientras surcaba los cielos de Bombay.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
1/3/2010.

ENTRE PIELES DE VALOR.


ENTRE PIELES DE VALOR.

Lo siento, de veras que lo he intentado, con empeño desmedido y espejismos de ilusión.

Aposté por ti y me equivoqué. ¿Será verdad que no somos dueños del amor?. ¿Que no podemos fingir, forzar u obligar a sentir?.

En esta noche de frío y tormenta rebusco en mi armario el abrigo del valor, para decirte mientras me arropo: - “ADIOS”-.

No hay otra, nunca la hubo. No hay amor, él siempre faltó.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
1/3/2010.