jueves, 3 de junio de 2010

CAMBIO DE RESIDENCIA



CAMBIO DE RESIDENCIA.

Arturo acababa de recibir la llamada esperada, comunicándole que debía ingresar en el hospital mañana a las 11.00h. Le practicarían todas las pruebas oportunas para asegurarse de la idoneidad de la intervención, y limar así cualquier improvisto.

La espera se había convertido en compañera inseparable de sus planes, cansado de posponer acontecimientos, y de sentirse atado a la pata de una cama de hospital que parecía nunca llegar, se alegró, aunque algo temeroso, de que la lista corriera y le tocara ocuparla.

Acudió a su vecina Aurora, ya lo había hablado, su gato Saturno se quedaría con ella hasta que regresara a casa. Él, en el fondo, también lo sabía, era un gato muy inteligente y había captado los sutiles cambios de horario y escenario.

Arturo se despidió de ambos y muy decidido marchó con sus cosas al hospital, prometió llamar todos los días a Aurora, para preguntar por Saturno y por todo en general. La idea de sentirse solo, y de que nadie esperará su diagnóstico, le angustiaba. Prefirió pensar que cada día habrían dos seres pendientes de él y su estado, su gato, Saturno y su vecina, Aurora.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
3/6/2010.

miércoles, 2 de junio de 2010

ACIERTO



ACIERTO.

-¿Los padres de Héctor o Maseff?-

- Sí, yo soy la madre de Héctor.-

- Y yo el de Maseff.-

- Vaya, pensaba que eran sólo una familia, perdón por la confusión. Deseaba hablar con ambos, así que si les parece, entramos todos y les explico la razón de su asistencia.-

- Sí claro, entremos.- Jorge cedió el paso a Lucia, primero, y después a Daniela, la profesora de su hijo. Ella les pidió que tomaran asiento y comenzó su exposición.

- Lo primero tranquilizarles, sus hijos no han cometido ninguna fechoría, aunque a veces rayan la rebeldía, no suele llegar la sangre al río, obedecen, no a la primera, pero nuestra firmeza y disciplina va forjándoles como personitas sensatas y juiciosas.

Como ambos sabrán Héctor y Maseff son grandes amigos e inseparables. No sé qué motivó a Héctor, pero desde que Massef llegó se autoproclamó su mayor defensor, lo acogió y ahora no dan un paso él uno sin el otro. Todos sus compañeros lo aceptaron como un alumno más y a día de hoy Maseff está totalmente integrado. Aún así sigue existiendo entre ellos una conexión especial, un vínculo más allá del simple compañerismo. Tanto, que a veces veo reflejado en uno de ellos los problemas del otro.

- ¿Y eso es malo?- Preguntó Lucia, inquieta.

- No claro que no. No están aquí por nada malo, quítense esa idea de la cabeza. Les he convocado para mejorar, para aprovechar la información que nos están brindando y lograr que les sea útil, a ustedes y al bienestar de sus hijos. –

- Lucia, tranquila, creo que debemos dejar a Daniela que prosiga, yo también he venido preocupado, pero me parece que esta vez no hay estirón de orejas, ni para nuestros hijos, ni para nosotros, sino más bien una mano abierta y tendida, que si la cogemos nos levantará a todos y podremos subir, peldaño a peldaño.-

- Exacto, gracias Sr. Cano, yo no lo habría explicado mejor. Sigamos, enseguida comprenderán. Últimamente observo en los dibujos de Héctor el abuso del color negro, sus trazos son gruesos, remarcados, perforando, incluso el papel. Él es un perfeccionista, antes no consentía salirse del perfil marcado, era capaz de repetir los trabajos si observaba una raya en discordancia del resto. Sin embargo en otras tareas demuestra sus cualidades habituales. Hemos practicado técnicas como los cuentos, juegos, el teatro, las marionetas y todo refleja que es un niño feliz, centrado y muy responsable, sensible ante las injusticias y totalmente solidario con las desigualdades. No soporta los abusos y lucha con uñas y dientes ante cualquier manifestación. Por ello, creo que Héctor es un espejo de Maseff. Algo le pasa a él, Héctor lo sabe y se siente responsable de ello, desea ayudarlo, pero no lo consigue y descarga su frustración a través de la pintura.-

- ¿Maseff está mal? No he notado nada raro. Es un niño callado, pero muy tranquilo y pacífico. Me habla de muchos amigos y le encanta venir al colegio. No le cuesta nada madrugar, realiza sus tareas puntualmente, a veces se distrae un poco, pero vamos nada fuera de lo normal.- Contestó algo afectado Jorge.

- ¿Le ha notado más triste, melancólico, aburrido, decepcionado, estos últimos
días?-.
- Que va, es un niño muy alegre, sonríe con facilidad. Y nosotros solemos bromear con frecuencia, tal vez, ahora que lo pienso, llevo un tiempo notándole algo más cansado, pero lo achacaba al cambio de estación y a este calor aplastante. Todos bajamos el ritmo en estas fechas.-

- Bueno en cuanto su rendimiento, ha bajado un poquito, y le cuesta más participar. Un pelín más apático si lo hemos notado. ¿Podría echar a alguien o algo de menos?, no sé ¿a algún familiar, su tierra, sus anteriores amigos? Yo no estoy en casa y desconozco que influencia o ejemplo recibe. Tampoco lo conozco como para forjarme una idea de su personalidad y hábitos, no se ofenda, no pretendo poner en duda su abnegada dedicación, pero los niños en estas edades son esponjas. Y si él ha visto, o creído haber visto algún problema, puede estar preocupado, sentirse inseguro o tener miedo simplemente a verle mal a usted y creer que puede terminar afectándole .-

- Mire, creo que tanto Jorge como yo, intentamos hacerlo lo mejor posible. Sí, ambos estamos solos en esto, pero nuestros hijos no carecen de amor, cariño, protección y cuidados. Y me apena que sin conocernos pueda forjarse una idea equívoca de la educación y el amor que ofrecemos a nuestros hijos y que recibimos de ellos.- Argumentó Lucia.-

- No me cabe la menor duda, y por favor no se incomoden por lo comentado. Yo tan sólo propongo que estemos todos pendientes y algo más alertas. Lucia intente hablar con su hijo, tal vez éste le cuente algo de cómo se siente y pueda descubrir qué le preocupa a Maseff, a través de su hijo, si quiere, puedo facilitarle un par de manuales con técnicas para jugar a representar otros roles.
Jorge, siga de cerca a Maseff, no le interrogue, pero pase más tiempo con él, comparta más, para que él se sienta seguro, querido y valorado. Intente dialogar con sutiliza y paz.
Y si les parece en un tiempo nos vemos para compartir, tal vez cada uno consigamos descubrir algo que nos pueda ayudar. Y sus hijos se sientan aún mejor, de lo que ya están. ¿Qué me dicen?-.

- Daniela, cuente conmigo, pondré en práctica algunas de sus técnicas y ya les contaré. Jorge, estoy contigo, si nuestros hijos han elegido ser amigos, por algo será. Lo que necesites, sabes que me tienes.-

- Gracias Lucia, estaremos aún más pendientes, intentaré saber qué pasa, si es que pasa algo. ¿Qué te parece si planeamos alguna actividad todos juntos?, quizás eso ayude a nuestros hijos.-

- Me parece una buena idea, ¿qué opina usted Daniela?- Consultó Lucia.

- No creo que eso pueda causar algún daño, intentémoslo a ver que obtenemos. Y por favor sin obsesionarnos, sean naturales, la manifestación de la estabilidad es muy importante.-

- Bueno, pues si no precisa nada más yo debo marcharme Héctor me espera.-

- Si yo también he quedado, ¿Daniela si usted ha terminado…?-

- Por mi parte nada más, volveremos a emplazarnos para evaluar, ya les avisaré. Tranquilos y a disfrutar de esta aventura detectivesca y paternal. Hasta la próxima, y ya saben dónde me tienen, si necesitan algo cualquiera de los dos.-

- Muy bien, hasta pronto.- Contestaron ambos y estrecharon sus manos como símbolo de pacto aceptado y despedida.
Una vez en la calle, Lucia le preguntó a Jorge: - ¿Has venido en tu coche?-.

- No, en metro. Hay muy buena combinación y para aparcar, ya sabes, está fatal.-

- Si, que me vas a contar, pues te llevo, me viene de camino.-

- Ah genial.-
El silencio imperó en el coche y tras una mirada cálida de Lucia, Jorge comenzó a conversar:

- No fue fácil, ninguna adopción lo es. Otro idioma, distinto país, Massef llego solo, dejando atrás su gente, sus costumbres y su precaria vida. Aquí todo era nuevo y distinto. Necesitó su tiempo, pero consiguió adaptarse y actualmente es un niño feliz, al menos eso es lo que pienso. Todo esto me desconcierta y hace que me cuestione mi labor y valía como padre. –

- Imagino que para ti tampoco fue fácil, Jorge. La gente no suele comprender muy bien esta decisión, y estoy segura que habrás recibido de todo.-

- Lucia, fue una locura, además de todos los cambios de vida y hábitos, porque no es lo mismo vivir solo, cómo lo hacía, que convivir con un niño. Se añadió el juicio de cada conocido, familiar e incluso ajeno, porque todo el mundo se permite opinar, valorar y juzgar sin ser solicitado. Hubo quien pensó que todo esto era un capricho de un soltero bien situado que no ha encontrado sentido a su vida sin una pareja y que busca remediar ese vacío con un hijo. Otros lo vieron como una obra de caridad altamente costosa tanto monetaria como emocionalmente. Los hay, que a fecha de hoy, aún piensan, que es una forma de complicarme la vida y de renunciar de forma radical a todas las ventajas de vivir solo. Y para rematar el capazo de optimismo y ánimo brindado quedan aquellos que apostaron por la crisis de los 40. El tiempo pasa y no se puede esperar más, si no ha llegado de forma natural, lo forzamos, siempre y cuando se pueda pagar, y a disfrutar.-

- ¿Y tú Jorge qué opinas?, cuál fue tu razón o razones para dar ese paso, que de antemano y sin conocerlas, te felicito por tu valentía.-

- Massef ha sido lo mejor de mi vida. He superado retos, he ascendido laboralmente. Todos estos años no han sido en balde y las experiencias vividas han forjado el hombre que hoy soy. Pero nada comparable con la llegada de Massef, con su amor, su alegría, esa actitud de agradecimiento. Todo le parece grandioso y lo valora en demasía. Con sus ganas de conocer, descubrir, de hacer cosas, de disfrutar con lo más mínimo. Es capaz de contagiarte esas ganas de vivir. Y de ver luz y color en un día de tormenta y problemas. Es una motivación constante y la energía más potente que alguien puede recibir. Con él es imposible sentirse mal.

¿Por qué decidí adoptarlo? No puedo concretarte, pero sentí que necesitaba hacerlo. A veces en tu vida vas superando etapas, y necesitas cerrar capítulos y abrir otros libros. Enfrentarte a proyectos novedosos que hagan sentirte útil. Tal vez con Maseff me sentí así, que me necesitaba, que podía darle lo mejor de mi y que eso obtendría sus frutos en beneficio de otra persona. No digo que con ello no llenara un hueco personal, ni que eso no sea algo egoísta. Pero opino que es la forma más positiva de serlo. Ya que con ello no perjudicaba a nadie sino todo lo contrario, ¿por qué no hacerlo?

Antes de dar el paso me informé, lo reflexioné pacientemente, y todas mis respuestas eran siempre la misma: SÍ, SI, ADOPTARÉ.
He demostrado sobradamente mi capacitación y solvencia económica, he superado muchísimos test sicológicos. No creo que ningún padre natural haya sido tan evaluado como yo. Y todos estos años juntos creo que han puesto de manifiesto lo mucho que ambos nos damos y el bien que nos hacemos.-

- ¿Crees que para mi fue fácil? Yo no puede meditarlo, ni planificarlo. Héctor llegó de improviso. El día que recibí mi analítica mi marido me comentó su decisión tajante e inoportuna de marcharse, ya no me quería y deseaba iniciar una nueva vida junto a la mujer de sus sueños. Imagínate el momento. Asustada por el resultado, deseando contárselo para encontrar, en él, el consuelo y el apoyo que a mi me faltaba. Deseando escuchar un: “tranquila, todo irá bien”. Y en su lugar, antes de poder decir nada, se me congeló el alma, cuando de carrerilla y sin dejarme decir ni media, me lo soltó y se largó. Tenía mucha prisa, y la noticia no merecía más tiempo. Nos vimos en la calle, una que nos venia a ambos de camino, me metí en el coche, las piernas me temblaban. El corazón encogido y masacrado por un tren que acababa de arrollarlo. Comencé a llorar, no podía dejar de hacerlo. Y de forma instintiva conecté el limpiaparabrisas. No veía con claridad, pero la tormenta no estaba fuera, lucía el sol. Y secándome las lágrimas lo apagué maldiciéndome por lo tonta que había sido. Por no darme cuenta de nada, durante tanto tiempo.-

- ¿Su padre no sabe que Héctor existe?-

- Si claro, lo supo a su tiempo. Al principio estaba muy confusa y dolida, decidí prudentemente guardar silencio, aclararme primero y estar segura de qué hacer, para después jugar las cartas oportunas. No te asustes por mi expresión. No me aproveché de nadie ni le exprimí hasta la médula. Acepté con templanza su rechazo y bendije la llegada de Héctor. Las dos noticias las fui dosificando. Y quién precisaba saber lo conoció y quién no simplemente pasé. Las lágrimas se transformaron en un mundo de sensaciones y cambios. La vida se iba generando en mí, y con ella todo lo muerto florecía inundándome de entusiasmo y fuerza. Héctor fue mi ángel, me salvó del abordaje de mi vida matrimonial y me cubrió de razones para seguir aquí y mejorar, para él, por mí.
¿Qué crees qué opinarían de mí como madre? Pues de todo, que si debía haber interrumpido el embarazo, ya que mi situación emocional no era la adecuado para recibir a una criatura; que una vida es una vida, y ni loca debe hacerse eso. Que vaya un futuro le esperaría, respirando un ambiente deprimente y triste. Que no tendría padre; qué cómo no supe retenerlo, obligándole en último caso. Se cuestionó mi interés y aportación en la relación, mi culpabilidad por la ruptura, por no cuidar la relación y confiar en exceso. En fin toda mi persona estuvo en tela de juicio, además de ser la abandonada, era la responsable de ello. Era lo que merecía. Entonces llegó Héctor, sin duda, él, si era lo que merecía, se engendró en el momento justo. Y la vida así lo quiso, tuvo y tiene padre y madre, pero cada uno en el lugar que debe estar. Y piensen lo que piensen, somos una familia, pese a quién pese. –

- Vaya, parece que nadie se libra de ser juzgado, sea cual sea la circunstancia. Lo que se deduce que nada es perfecto. Y que la vida llega por vías muy diferentes, todas válidas y óptimas siempre y cuando sus protagonistas sean felices.-

- Por eso Jorge, los comentarios, son eso simplemente, opiniones de gente, la mayoría de veces ajena a la auténtica realidad, que ni siquiera nos aprecian o respetan lo más mínimo. Es un buen filtro para saber quiénes no interesan lo más mínimo. –

- Estamos llegando, ¿nos vemos el sábado para salir en bici o prefieres un cine?-

- Pues no sé, dejemos que elijan ellos. Coméntaselo a Massef, y yo a Héctor, y ya concretaremos el viernes noche, ¿te parece bien?-

- Estupendo, muchas gracias por todo, y sobre todo por tu testimonio tan sincero, me ha ayudado mucho. Me gusta contar con tu apoyo, creo que nuestros hijos han sido muy sabios al elegirse y que van a lograr que nosotros lleguemos a ser buenos amigos. –

- Jajá jajá, bueno eso ya se verá, te advierto que yo soy muy exigente y valoro mucho la amistad, y también que actualmente, ésta se encuentra protegida, especie en vías de extinción. Así que el tiempo lo dirá. Nos vemos el sábado, que tengas una buena semana.-

- Si, gracias y te deseo lo mismo, hasta el sábado pues.-

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
2/6/10.

martes, 1 de junio de 2010

Buenas noticias: OROLA NOS SELECCIONA.

Estimado Concursante del IV Premio OROLA de VIVENCIAS,
Tenemos el placer de comunicarle que una de sus “Vivencias” cuyo título se indica al pie de esta carta, ha sido seleccionada de acuerdo con la Base 8ª del Concurso y será publicada en la ANTOLOGÍA del Concurso: “150 Vivencias y 150 Autores”, con el fin de dar a conocer a autores de toda el habla hispánica, y de todos los estilos y tendencias. La presentación de este libro está prevista para el mes de Octubre 2009, y recibirá en su momento, una invitación para asistir a la misma.
En principio, junto al texto, indicaremos su nombre o seudónimo en su caso, y si lo desea, su correo electrónico y dirección y lugar de residencia. Puede añadir los datos como profesión, título académico y como máximo dos premios Literarios, si los tiene.
Por nuestra parte le enviaremos gratis un original de la Antología con el único cargo de “gastos de correo”.
Termino esta carta dándole las gracias por su participación y animándole a seguir escribiendo. Mi máximo deseo es que este Concurso de Vivencias siga triunfando como género literario y que sirva de lugar de encuentro y de promoción para todos Vds.
Esperando sus gratas noticias, le saludo muy cordialmente,
Fernando Orlando
Presidente del Jurado y Editor


TITULO DE LA VIVENCIA: AUSENCIA

AGENDA



AGENDA.
¡Que curioso!, yo que siempre me he rodeado de bullicio, ruido, gente y mucha actividad. Y ahora, a mi edad, tengo que lidiar contigo.
Te temía, creía que tenerte en mi vida me mataría, apagándome como un candil acariciado por el viento. Así que te evité, no lo ponías fácil, pero cual mago, lograba sacar una opción de mi chistera. Nuevos amigos, viajes, cualquier plan para mantenerte aletargada, cediéndote a otros, alojándote en sus hogares, en su mundo, no en el mío, ese era el objetivo. ¡Que ignorante he sido!
Te presentaste hace poco, y simpatizamos enseguida, y ahora caminamos juntos, entablamos profundas reflexiones, compartimos largas siestas. Incluso momentos de tedio, y así has pasado a ser imprescindible para mí. Tu oposición aceptó su destierro, y nosotros, mi soledad y yo convivimos en paz y armonía.

PRESENTADA A CONCURSO: NO PREMIADA NI SELECCIONADA.

CAPRICHOSO PLACER



CAPRICHOSO PLACER.
Sé que tengo que olvidarte, que este maravilloso error debo subsanar, pero cada noche me repito: mañana lo haré, hoy voy a disfrutar. Me meto en tu cama, lecho de placeres, me meces y me transportas a esa galaxia exclusiva para los dos. La luna y las estrellas nos visitan, recogen nuestros deseos y como peticiones piadosas elevan al cielo para que su dios, el Universo, nos los conceda. Nosotros seguimos presos de nuestros placeres, ausentes de todo aquello ajeno, que nos rodea de forma invisible. El alba está despuntando y con ella debo abandonarte, duerme mi amor, aún es temprano. Debo partir, pero prometo regresar cuando la oscuridad me proporcione ese escondite seguro, túnel directo a tu cuerpo y alma, y volveré a maldecir mi falta de voluntad y a premiar a ese deseo insaciable de ti.

PRESENTADA A CONCURSO: NO HA SIDO PREMIADA, NI SELECCIONADA.

OPORTUNIDADES



OPORTUNIDADES.


Salió pitando, no podía creérselo, todos sus compañeros le envidiaban y añoraban que una pareja de señores sonrientes y perfumados cogieran sus manitas y traspasaran aquella puerta que tantos años había sufrido sus golpes, patadas y alguna que otra pintada.

Daniel era el afortunado, le esperaba una nueva casa, dos hermanitos más con los que jugar, a los que apenas conocía y un papá y una mamá cariñosos y atentos. Su estancia con ellos en varias ocasiones le demostró, que esta vez no estorbaba, ni generaría discusiones.

Todos conocían su nombre y no le pedían nada a cambio. Era un chollo sentir siempre unos brazos abiertos, unas manos tendidas acompañadas de apacibles nanas, intrigantes historias y sabrosos dulces caseros, condimentado con cálidos besos, muchos besos. Su sueño hecho realidad.

PRESENTADA A CONCURSO: NO PREMIADA, NI SELECCIONADA.

CELDA 301



CELDA 301.

Un charco de sangre rodeaba su silueta. Marta de pie frente a su último amor, contemplaba la escena temblorosa. Sus manos manchadas, chorreaban sangre, arrojó el cuchillo y se entregó sin resistencia al agente de policía, que trataba de apaciguarla.

Confesó en comisaría y mantuvo su declaración en el juicio, condenándose a la pena máxima, rechazando cualquier reducción por atenuantes. Su abogado de oficio poco pudo hacer.

Ingresó de inmediato en la prisión. Una vez instalada en su celda se sintió aliviada, pasaría el resto de su vida allí, sin tener que enfrentarse a nada. Sin volver a ver sus caras de goce, sin escuchar los gemidos desgarradores de placer, y aquella postura de su exclusividad, adoptada, en esta ocasión, por otra mujer sobre su hombre.

PRESENTADA A CONCURSO: NO PREMIADA, NI SELECCIONADA.

REINA EN LA OSCURIDAD



REINA EN LA OSCURIDAD.

Me invades cuando te place. No respetas momentos ni lugares. Ocupa de mi alma deshabitada, te haces la dueña, eliminando cualquier rincón a la alegría o la esperanza.

Como huésped indeseado traspasas mi puerta sin tocar. Alterando mi equilibrio, cambiando de lugar cada sensación contrincante y posible rival en tu empeño de ser soberana, de ese reino que tiene por corte la incertidumbre y como súbditos las lágrimas.

Te autoproclamas reina y señora de esta pobre víctima demasiado cansada de navegar contracorriente. Pero toda tiranía tiene sus días contados y tarde o temprano serás derrocada, y entonces seré yo quien me ría.

PRESENTADA A CONCURSO: NO PREMIADA, NI SELECCIONADA.

lunes, 31 de mayo de 2010

Ring-Ring Si ...?



RING, RING... ¿Sí?...

- ¡Holaaaa, buenos días!, que sorpresa tu llamada.
- ¡Eyyyyy, buenos días!, ¿cómo va todo?. ¿Qué tal tu padre?
- Bueno ahí vamos, la doctora todavía no ha pasado por planta.
- ¿Pero ha dormido, ha pasado bien la noche? ¿Y tú has dormido algo?
- Sí él ha dormido, pero tiene muchos dolores, apenas puede levantarse de la cama sin ayuda. Y verle tan limitado y reducido me apena tanto. Sobre todo el no poder hacer nada para aliviarlo. Yo he descansado algo, pero necesito saber qué hay, para conocer a qué nos enfrentamos y poder estar preparada, reorganizar mi vida, si es necesario.
- Bueno no te angusties, ya os informará el médico, todavía faltarán pruebas,¿no?
- Si claro, esto va lento, en agosto con la mitad del personal, ya se sabe, hay que esperar con paciencia.
- Oye, ¿quieres que me vaya este fin de semana para estar contigo?
- Hombre, me parece abusivo decirte que sí.
- ¿Nieves, si estuviera a tu lado te haría bien, te ayudaría?
- Ya lo creo, sería genial tener algo de apoyo y alegría, me animaría mucho, pero me parece ser un poco egoísta por mi parte decirte que sí y hacerte recorrer tantos km. Son 2 horas de viaje. ¿Qué puedo ofrecerte? Saldré casi a las 22.00h, y hasta las 22.30h no llegaré a casa, me relevará mi hermano. Estaré cansada y no tengo moral para mucho. Así que comprenderé que no vengas.
- Ni hablar, está decidido, saldré de Valencia a las 20.30h más o menos y así llegaremos a la vez a casa. Si mi presencia puede ayudarte, allí estaré. No te preocupes de nada más, para mi es un paseo y me encantará pasar el fin de semana contigo.
- Bueno entonces nos vemos alrededor de las 22.30h en Aspe. Si hubiera algún cambio te aviso, ¿vale?

- Perfecto así quedamos. Verás como todo irá mejorando, tranquila. Tu padre está en el mejor sitio para ser atendido de inmediato. Venga ánimo y un beso, nos vemos en breve.-

- Intuía tu llamada, era a lo que me tenías acostumbrada, desde hacía algún tiempo. Conocías perfectamente la situación. Mis mensajes y conversaciones telefónicas te mantenían informado del estado de mi padre, del avance de su enfermedad y sobre todo de su influencia en mí. Y no lo dudaste ni un momento, tras escuchar mi voz rota por el cansancio, la pena y la preocupación, te ofreciste, como brazo al que asirme, como salvavidas al que agarrarme para no ser arrastrada por la marea de esta enfermedad brava y destructiva. Me brindaste tu apoyo y tu compañía, sin importar, que para ello fuera necesario recorrer 177 km. y atravesar una provincia, plantándote un sábado por la noche en casa. Menudo plan elegiste, acompañar a una estrella casi fundida, totalmente desteñida, llena de tristeza, impotencia e inseguridad.
Sin embargo tu cometido estaba claro, al menos para ti, animar, ayudar y apoyar a una recién amiga, a la que te unía algo más que nuestra afición por la lectura y sobre todo por la escritura.

Ese fue el primer fin de semana de muchos lejos de tu cama, y de la habitación de invitados pasaste a compartir la de matrimonio. Me costó cederte espacio en mi armario, y mi baño lo invadías cada vez más días a la semana. Maquinillas, espuma de afeitar, perfume, desodorante y tu eterno cepillo de dientes lila, ese que tras el segundo fin de semana instalaste en mi lavabo. Creo que fue el primero en darse cuenta de que aquella amistad, se había tornado en algo más, mucho más. Y hoy paseamos juntos por Aspe o por Valencia, de la mano, enamorados y agradecidos de haber dado el uno con la otra.-

- Y tú diciendo en todo momento que no, que no querías ninguna relación, que los hombres como amigos genial, pero que otra aspiración, de momento, no entraba en tus planes. ¿Cuántas veces me lo dijiste? Creo que hasta ese mismo fin de semana lo dejaste patente. Pero cuando te tumbaste en el sofá y me plantaste los pies, supe que no todo estaba perdido.-

- No sé por qué lo hice; ni siquiera por qué no me aparté cuando me abrazaste en la piscina. No sentía rechazo, todo lo contrario, me encantaba que me rozaras, que buscaras mi mano, aquel masaje en los pies, o como me relajabas sobre el agua paseándome en tus brazos. Ese fin de semana fue espontáneo. Al menos yo no tenía ningún plan de antemano. No estaba como para maquinar estratagemas. Tal vez te aprovechaste de eso y todo fue un ardid por tu parte.

- ¿Qué dices? Yo me quedé igual de sorprendido y alucinado, al ver mi comportamiento y tu reacción. Temí en algún momento que me echarás de tu casa, por eso me dije: “Fabio aguanta los caballos”. Te hubiera besado mucho antes, de lo que lo hice, pero sabía que no era el momento, al menos no para ti.-

- Y lo respetaste, te aguantaste las ganas y fuiste un gentil caballero, educado y cortés. Hasta me pediste permiso para cogerme de la mano. ¿Recuerdas?

- Jajajajajaaja, siiiiii, me encantó tomarte de la mano, aquel momento fue especial a solas en nuestra tetería, esa a la que volvemos cada cierto tiempo, y que nos hace rememorar nuestros comienzos. –

- Robando minutos para estar solos mientras nuestras amigas disimulaban y se entretenían a propósito, justo para otorgarnos privacidad. Creo que yo fui la última en enterarme. Cuando se lo conté, me dijeron que era algo de esperar, tal y como se nos veía últimamente. Me parece que fui la única sorprendida. Sorprendida de sentirme tan a gusto contigo, de no tener miedo, y de superar ese lastre personal, que otras relaciones había dejado depositado en mí como un poso de café amargo.-

- Ahora que lo pienso, mi avance fue paulatino, lento pero efectivo. Y con cada gesto nacido de forma natural y sentido conseguía derribar tu pequeño muro. Aunque no tuve esa impresión. No te vi cercada por una fortaleza, más bien lo que me transmitiste fue una mano tendida agarrando la mía, para juntos traspasar tu pequeña puerta y descubrir ese mundo interior, que te hace todavía más bonita. Y a mi mejor persona.
Aunque el paseo por la playa, una semana antes, me diera muchas pistas y motivos para desear estar a tu lado, aquel beso robado la última tarde antes de mi regreso a Valencia despejó mis dudas. Cuando tus labios lo correspondían y tu lengua quería invadir los míos, supe que no estaba todo perdido. Y me dije: Fabio aquí hay que volver, apréndete bien el camino, porque será transitado con frecuencia.-

- No lo esperaba, y me encantó. Tras cerrar la puerta no sentí dudas ni incertidumbre. No me pedí explicaciones, ni le di más vueltas, y eso en mi es rarísimo. Simplemente sentí y me encantó. –

- Hasta el martes, que nada más conectarme me abordaste con tu planteamiento, que por cierto me encantó: “¿Fabio que nos está pasando?”, jajajjajjjaaaa, ¿recuerdas? –

- Perfectamente, te expliqué cómo me había sentido ese fin de semana. Me pareció muy valiente, por tu parte, contestar a mi pregunta como lo hiciste, sin saber como respondería yo, abriste tu corazón y tu boca pronunció aquella frase que cada 11 de mes celebramos. Porque ese martes fue 11 de agosto.-

- Y ya llevamos unas cuantas cenas, varios brindis y muchos regalos, para festejarlo.-

¿Y si hubiera comunicado? Si ese sábado mi batería se hubiera agotado, ¿seríamos pareja? ¿Estaríamos juntos? O tal vez seguiríamos vagando en busca de una conversación agradable, de una sonrisa iluminadora, de una carcajada, capaz de devolvernos la vida. De un abrazo reconfortante cargado de deseo y fusión. En busca de alguien como tú y como yo.

- Tal vez, pero esa sería otra historia..., ¿no te parece?...

PRESENTADO A CONCURSO: NO PREMIADO.

miércoles, 26 de mayo de 2010

FESTEJO CELESTIAL.



FESTEJO CELESTIAL.

- ¿Parece música? –

- ¿Música sólo, menuda algarabía?-

- Deben estar de festejo.-

- ¿Aquí son todos los días así?-

- Claro hombre, ya se sabe esto es el cielo, una fiesta constante, aunque no siempre es tan ruidoso. Debe ser algo importante.-

- ¡Vaya y nosotros perdiéndonoslo!-

Gritos, sonrisas, brindis. Algunos valientes entonan canciones antiguas, de esas que recuerdan sus años dorados en la Tierra. Otros, en grupo, prefieren hablar de los suyos y describirlos, siempre bajo un tul de anhelo y añoranza. Los hay danzantes, esos que no pueden dejar de bailar, con o sin música. Y al fondo de la sala alguien es felicitado. Debe ser el anfitrión. Se gira, está lleno de dicha. Sus ojos brillan, como nunca. ¿Quién diría que aquí no hay vida?, sus compañeros no dejan de saludarle, palmaditas en la espalda, apretón de manos, y algunos más emotivos le abrazan. Hay fotos y dibujos colgados en forma de cadenetas, suspendidos desde el techo, eles de color verde, volantes, coches y algunas palabras componiendo mosaicos: ¡ánimo tú puedes!, ¡estamos contigo, tranquila!, ¡fuera los nervios, y el miedo, conducirás!

Logramos acercarnos a un grupo y escuchamos como Miguel relata con turbación lo ocurrido:
- ¡Por fin lo ha conseguido!, estaba algo nerviosilla, pero no se ha saltado ningún semáforo.- ¿Pero te tocó alterar el color?- Que va, yo no hice nada. Todo el mérito es suyo, yo me limité a sentarme detrás para tranquilizarla. Me quedé perplejo al verla manejar el coche. No imaginaba que lo haría tan bien. Toqué un poquito el corazón del profesor y del examinador, y ambos sacaron su lado humano, le hablaron como ella necesitaba para dar lo mejor. Respetó los pasos de cebra, peatones, todos los stops fueron realizados a la perfección. Y aunque en un cambio de sentido perdió la noción de la salida correcta de la rotonda, ya que mi brazo rodeándola se lo impedía, pronto giro la cabeza, a la vez que yo me distancie y logró realizar la maniobra de forma efectiva. Dudó en un giro a la izquierda, me limité a soplar, para que ese mal pensamiento se esfumara, dejando el espacio libre para que acudiera la idea correcta. Mi brisa le llegó justo a tiempo y acertó en el carril escogido. El último semáforo en rojo le concedió tiempo para pensar, vio claro el giro. Y lo ejecutó, tan sólo faltaba la entrada al parking y la parada en batería para finalizar. Recordó entrar en primera presionando el embrague, despacito y con seguridad. Colocó el coche entre las líneas de forma perfecta. El examen había concluido, se despidió de ambos y nerviosa aguarda su veredicto. Yo la sigo, intento susurrarle: - lo has conseguido.- Pero ella sigue repasando todo el recorrido, repitiéndose: - no he cometido ninguna infracción, ¿pero no se?, no he estado muy suelta.- Mi hija siempre tan exigente consigo misma.-

- ¿Pero Miguel, qué pasó, aprobó?-

- Pues claro, ¿si no a qué se debe esta fiesta?-

NIEVES JUAN GALIPIENSO. 25/5/2010.

miércoles, 12 de mayo de 2010

UN PERFECTO ADIOS




Aspe, 21/1/2010.

¡Querida amiga!.

El 2008 fue un año difícil, no dejabas un hueco para mi. Lo inundabas todo y generabas confusión, te encantaba crear situaciones comprometidas, te plantabas así de repente en su corazón, aprovechando su debilidad. Y costaba arrancarte. A veces, sólo a veces, parecías dormida, y entonces aprovechaba, yo, para sentarme junto a ti y transformar ese gesto húmedo y salado en una mueca alegre, chispeante y blanca, capaz de abrigar y reconfortar a todo aquel que la mirara.
Siempre ha tenido facilidad para sonreír y más aún para disfrutar de sus carcajadas, afortunadamente, esa energía cargaba sus baterías para cuando tú despertabas y te lanzabas directa a su yugular emocional. Menuda eras, caprichosa, voluble y tremendamente aplastante, no necesitabas invitaciones ni permiso. Siempre has hecho lo que te ha venido en gana. Y esa falta de tacto y educación aún molestaba más. Las razones para ti no existían, ni las deducciones lógicas, podías instalarte sin motivo ni razón con una fuerza tremenda, tal que ensombrecía a cualquiera de nosotros.

Te gustó destacar, desde tus orígenes has precisado ser protagonista, dominar cada situación de forma egoísta incluso narcisista. Pero ahora eres tú la que te ahogas en tu propia pena y rabia, esta vez no me has ganado el pulso. Y estás encarcelada en una esquina, cerrada a cal y canto. Los rayos no te iluminan y Nieves está feliz, feliz como nunca.

En ella habitan muchos de mis amigos: el valor, el entusiasmo, la alegría, la esperanza, la vitalidad y la ilusión. Todos ellos me apoyaron y siguen afiliados con gran lealtad a esta candidatura liderada por un servidor, me llaman AMOR. No se han producido votaciones, ni falta que ha hecho, mi legislatura se ha impuesto incluso en la adversidad.
Agosto de 2009 fue duro, y aunque hubo razones de peso para que ganaras la batalla, los duendes y las hadas de su bosque particular contraatacaron, todo un batallón de ángeles salieron a su encuentro visitándola cada día. Alguno de ellos rogó al cielo para materializarse y poder aparecer en la tierra, en su mundo, bajo una presencia humana.

Así llegó Fabio a su vida. Y entonces no te valió ni armamento, ni ejercito especializado para eliminarme. Te gané, yo el AMOR, junto a mis secuaces dotamos a la vida de Nieves un cargamento de sonrisas. Una reserva de planes y proyectos salpicados de una tremenda ilusión. Los abrazos por escudo y los besos como alimento consiguieron que tú, TRISTEZA, corrieras a refugiarte en el subsuelo de su corazón.

Como buena luchadora te quedaste en la retaguardia, esperando. Pero su ángel, ese ser lunar, con aspecto de hombre y corazón divino consiguió, poquito a poco, desplegar todas y cada una de las varillas del abanico del amor, y una brisa de afecto, cariño y dulzura refrescaba cada rincón, como una fragancia persistente fluía en el aire, matando cualquier posibilidad de reconquista por tu parte. Así fue como quedaste relegada a ese agujero oscuro y lejano, y ahora eres tú quien lloras tus penas por ser tan insignificante en la vida de Nieves. ¡ Ay TRISTEZA!, ¿quién te ha visto y quién te ve?. ¿Cuesta aceptar este nuevo destierro, verdad?.
Sin más me despido, deseándote un largo y extenso exilio, susurrando mis mimos en su vida y escribiendo en silencio estas palabras para no despertarte de tu letargo.
Sinceramente suyo: “ EL AMOR”.

martes, 4 de mayo de 2010

ECO



ECO.

- ¿Pablo qué te pasa?, te noto pensativo y algo serio.- Arancha, hoy, mientras comíamos mis padres comentaban algunas noticias del diario, sabes que mi padre suele alterarse un poco, sobre todo ante las injusticias. Me ha alertado la cara de preocupación de mi madre.- ¿Qué ha ocurrido Pablo?-

- Pues verás, yo no lo entiendo muy bien, hay palabras que no he escuchado nunca y los reporteros escriben y comunican con muchos rodeos, pero he podido pillarles algo a mis padres. Se ha montado un buen follón en un colegio de Andalucía, creo, porque una niña quería asistir a clase con su pañuelo, ese que se colocan en la cabeza.-

- ¿Cómo el que lleva Yasmina?- Exacto, sabes que ella siempre lleva cubierto el pelo.- Si, a veces se le resbala, y se ve su color, ¿pero por eso se ha armado un revuelo, tanto como para salir en la tele?- Ya lo creo, ¿parece increíble, verdad?, pues hasta manifestaciones, incluso un claustro escolar para decidir si se respetaba su normativa interna o se modificaba.-

- Pablo estos mayores pierden el tiempo con unas cosas.- ¿Sabes, yo escuché algo sobre la memoria histórica?, que si querellas, juicios, que si apoyos al juez Garzón. ¿Tú sabes de que va todo eso?-

- Arancha, que va, ni idea, ¿aunque que memoria puede traerles tanto de cabeza a nuestros padres?- Histórica, le preguntaré a la profe tal vez no los explique en la asignatura de conocimiento del medio.- ¿Y si es un tipo de memoria que debemos aprender en la clase de historia?, mi hermano esta evaluación la ha cateado.- Entonces mejor no le preguntes a él, jajjajajjaaaaa.-

- ¿Arancha vas a la excusión del viernes?- Claro, mis padres ya me han firmado la autorización, quien no vendrá es Sonia.- ¿Por qué no?- Creo que es por el dinero, sus padres están sin trabajo y en su casa le han dicho que no pueden permitirse extras, que para lo básico a penas llegan.-

- Mi madre comentó lo mismo de unos parientes y de un par de vecinos, y la noté muy angustiada, me miró y me dijo: - Pablo, no podemos despilfarrar cuando hay tanta gente pasando verdaderas necesidades.-

- En mi escalera también hay varios casos, cada vez se ven a mas papis acompañando a sus hijos al cole y en la cola del mercado.- ¿Pablo y si nuestros padres se quedan sin trabajo, que nos pasará a nosotros? ¿Ya no podremos ir juntos al cole ni jugar con la pandilla?, ¿nos separarán y nos llevarán a casas de acogidas lejos de nuestras familias, al no poder pagar nuestros padres sus casas ni nuestros gastos? – Arancha no seas tan fantástica, nada de eso pasará. Ese si es un problema grave y los mayores lo solucionarán. Seguro que a eso le prestan la atención que merece y no llega a producirse.- No sé, no sé, yo no lo veo tan claro, tal y como andan de empanaos peleándose entre sí los políticos.-

- Arancha, prometamos una cosa, hagamos un pacto. Sea lo que sea la memoria histórica, lleve Yasmina o no pañuelo, tenga o no razón ese tal Garzón, y pague o deba los trajes ese señor, Camps, o algo así, siempre jugaremos juntos, nada logrará separarnos. No dejemos en manos de los políticos nuestra amistad. ¿Qué me dices estás dispuesta a ello?- Por supuesto, ven trae tu mano, escupe en ella, y yo en la mía, ahora juntemoslas, Pablo, nuestras manos y salivas sellan nuestra eterna amistad. Promete que si me llevan a un centro de acogida vendrás a rescatarme.-

- Hecho, ahí tienes mi mano y mi saliva, no te perderé de vista por muy lejos que te lleven de mí.-

- “AMIGOS SIEMPRE, JUNTOS ETERNAMENTE.”- Repitieron los dos al unísono.


NIEVES JUAN GALIPIENSO.
4/5/2010.

lunes, 3 de mayo de 2010

OPORTUNA LLEGADA



OPORTUNA LLEGADA.


Deseaba tanto tu venida. Te soñé con mil caras, dibujaba cada una de tus facciones en mi mente. El tamaño de tu nariz, su forma. El color de tus ojos, si serían rasgados como los de Carlos o marrón almendrados como los de tu futura tía Sonia. Tus mejillas, esa parte me encantaba, sonrosadas y mofletudas, como las mías de pequeña. Y tu sonrisa resonaba en mi mente con intensidades variadas. Incluso, en ocasiones lograba escuchar tu llanto. Y aunque todavía no te tenía en mis brazos, solía sentarme a acunarte, cantándote una nana o repitiendo una frase cariñosa, apenas un susurro, para calmar ese gemido inexistente, instalado en mi cabeza. Era efectivo tras unos minutos me sentía mejor y siempre más unida a ti.

Te hiciste de rogar, al principio creíamos que algo faltaba. Y como locos comenzamos todo un despliegue de reformas, aumentamos las comodidades, aseguramos una estabilidad económica e incluso nos dotamos de más tiempo para poder dedicártelo. Queríamos, que desde el comienzo, sintieras lo deseado que eras, lo mucho que significabas para nosotros, y todo lo que estábamos dispuestos transformar para hacer de tu llegada nuestro objetivo principal.
Los intentos se prolongaban y el tiempo dilatado, junto a tantas oportunidades fallidas, comenzaba a obsesionarnos. Preocupados acudimos a un sinfín de especialistas. Seguimos sus recomendaciones al pie de la letra. Ahora me río, porque, francamente hicimos verdaderas locuras, pero en su momento no se podía descartar nada. Porque tal vez esa fuera la clave de tu tardanza.

Todo estaba perfecto, tanto Carlos como yo estábamos listos para aguardar tu venida. A la casa, tu futuro hogar no le faltaba detalle. Y nosotros realizábamos nuestros deberes puntualmente con dedicación y esmero. Pero tu tren siempre se pasaba de estación, y una vez más desalentados y tristes regresábamos a casa sin dar aquella bienvenida tan soñada y preparada. Nuestro nuevo huésped no acudiría hoy, tal vez mañana.

Las alternativas se iban agotando y la incertidumbre se apoderaba de nosotros, de esta pareja unida por el amor, que de tanto hacer el amor habían perdido el sentido de amar. Probablemente faltaba lo principal. El cambio que urgía no era ninguno de los realizados. Pero no lográbamos descubrirlo, estábamos tan llenos de inquietudes, de logros por conseguir, de retos que superar, que esa nube no dejaba ver la realidad.

No estabas dispuesto a plantarte aquí en medio de este par de desconocidos, autómatas del sexo obsesionados en concebir. Requerías algo más. Te armaste de paciencia y te sentaste a esperar. Francamente algún mensaje, alguna pista nos habría ayudado. Pero, claro un bebé potencial, ni siquiera en fase de embrión, que podría decir.
Carlos y yo nos conocíamos de tiempo, siempre habíamos sido buenos amigos. Nunca imaginamos ser pareja. Pero un buen día ocurrió, lo que los años y los encuentros no consiguieron, una celebración tardía y loca lo logró. Confusos, con cierto reparo afrontamos la situación, y desde ese día caminamos juntos. Disfrutábamos muchísimo, planeando viajes y pequeñas escapadas. Sorprendiéndonos el uno al otro, constantemente. Y transformando lo rutinario y habitual en algo especial, con un simple gesto. Nos encantaba charlar y callar, recuerdo aquellos momentos de silencio compartido, en los que no se precisaba nada más. Sentados juntos, próximos entre sí, aquellos abrazos, o simplemente permanecer recostados en el seno del otro dejando fluir las horas.

El aburrimiento no existía y hasta en nuestro silencio y sosiego se palpaba el amor. Se percibía nuestra unión y dicha. Hace tanto que no callamos. Tanto que nos acomodamos en sofás diferentes. Sintiendo la gran incomodidad de la soledad y el distanciamiento. Tanto que mi cabeza no reposa en su pecho y que mis manos no acaricia su pelo. No me extraña, que ante un panorama tal deshicieras tu equipaje. Nos sobraban los reproches, los lamentos, las broncas sin motivo. Esa crispación de quién se siente visitado, una y otra vez por la frustración, pariente no deseada.
La convivencia se tornó un infierno, y tú buscabas otros cielos sobre los que aterrizar. Necesitamos un huracán para que tirará por tierra aquellos falsos techos; para que derribara esas columnas endebles adosadas de forma temporal a nuestros cimientos, robustos y fuertes. Y desde la nada comenzar. Partiendo de la pureza de dos almas encontradas, capaces de filtrar todo aquel fango para darse una nueva oportunidad. Tu último rechazo lo logró. Aquel aborto inesperado encendió la luz en nosotros. Vimos con claridad todo lo que precisábamos recuperar, lo realmente importante. Lo perdido lentamente en el camino de los intentos obsesionados y mal entendidos.

Y como si de ordenadores formateados se tratara. Todos aquellos archivos de costumbres y hábitos indeseables, fueron borrados de nuestro disco duro. Arrancamos nuestra labor, limpios de cargas y memoria saturada. Unidos sin más propósito que ser personas, manteniéndonos fieles a nuestra esencia.

Recuperamos el silencio, y las sonrisas. Las carcajadas nos visitaban cada vez, con mayor frecuencia. Nuestro acercamiento físico y emocional era evidente. Y no precisábamos nada más.

Sentiste que era tu momento. Y antes de escuchar tu último aviso te plantaste en el vagón de nuestro hogar. Este tren llegó a su destino. Y hoy somos tres grandes aventureros de la vida. Unidos deseando no perder nuestro faro vital. Afortunada espera que nos dotó de todo lo esencial. Dichosa llegada, que nos mostró como brújula nuestro caminar.
Dedicada con especial cariño a María y Carlos, dos grandes amigos. Y a todos las Marías y Carlos de este mundo.

PRESENTADO A CONCURSO: VII CERTAMEN RELATOS EL MUNDO ESFÉRICO DE ECIJA.
NO PREMIADO.

VIII. A TIEMPO.



VIII. A TIEMPO.

Hacía mucho que no sentía esas cosquillas en el estómago, Roberta estaba terminando de acicalarse, frente a su espejo, para asistir a su primera clase de tango. Sonreía y se contemplaba emocionada. A esta edad, no imaginaba sentir algo así, nervios, timidez y un poco de miedo, por atreverse, a estas alturas, a aprender a bailar, y nada más y nada menos que tango. – “No podía haberme inscrito en la lista de pasodoble; no, aquí Roberta la valiente se tira de cabeza al tango… Yo aprendiendo tango, ¿pero qué voy a aprender yo?, seguro que cuando tenga que meter la pierna, para hacer ese ocho simulado me engancho y tiro a mi compañero, o termino yo en el suelo” -. Se reía al pronunciar estas palabras, era una mujer con gran sentido del humor. Algo insegura, pero sólo ante situaciones nuevas. Dispuesta a iniciar esta aventura. Necesitaba un aliciente, algo que la sacara de su rutina solitaria y monótona.

Siempre le había fascinado ese tipo de baile, esa sensualidad en compases de abandonos y rechazos; tanta pasión a son de melancolía y encuentro. Toda una historia de amor narrada y sentida en cinco minutos, tan intensos como los de toda una vida. La aproximación de dos cuerpos casi fundidos en una sola alma, en un latir compartido a ritmo de piano y bandoneón.

¿Por qué no intentarlo ahora, precisamente ahora?. Ya no habían niños pequeños revoloteando por casa, a los que limpiar los mocos; las horas inacabables frente a la plancha de la tintorería, para la que trabajó veinte años, se sucedían lentas y aburridamente, sin ocupación alguna. Y en su cabeza, antes llena de preocupaciones, deudas, y obligaciones, se perdía, hoy, sus recuerdos, entre soledad, vacío y nostalgia.

Era el momento idóneo para sacar a pasear su mejor vestido; para desenfundar su barra de labios rojo bermellón, recorriendo y dejándose acariciar por su textura grasienta y aterciopelada; dotando a sus labios un protagonismo singular. Para volver a pulir de betún sus antiguos tacones, esos arrinconados en una esquina del armario, tras su última cita con su marido. De eso ya hacía tres años. Y salir a comerse el mundo.
O al menos a devorarse un cachito de estrofa en su primera clase.

No sabía a quién encontraría en el curso, ¿Y si resultaban ser todos más jóvenes que ella?. ¿Estarían ya las parejas hechas y ella de pico, jugando a ser comodín del que falla, o acompañante perpetua del profesor?. Todas estas dudas la rondaban mientras salía de casa, camino a la academia.

Por unos segundos notó su corazón revolucionado y una voz interior, que le ordenaba tajantemente su detención. Se sintió clavada en el asfalto, justo unos metros antes del portal. Era el momento clave unos pasos más, y ya no habría vuelta atrás. Comenzaría a formar parte de aquel mundo mágico del tango, conocería a sus compañeros, gente nueva y distinta, tal vez potenciales amistades, de las buenas, de las que perduran en el tiempo y en el espacio, y tan difíciles de conseguir.
O podía retroceder lo andado y regresar a casa, calzarse sus babuchas y sustituir aquel vestido azul vaporoso por su playero holgado y cómodo.

Nadie se enteraría, tan sólo el profesor dejaría en blanco su casilla de asistencia. Pensaría que algún compromiso de última hora le habría imposibilitado su llegada. Pero nadie la extrañaría, ni la llamaría para pedirle explicaciones, por su cambio.
¿O tal vez sí?.
Respiró hondo, cerró los ojos, sonrió, y se dijo: - “vamos Roberta, ¿cuándo te ha detenido algo a alguien, a ti, para intentar cumplir tus sueños?. Lo pasarás bien, tan sólo vamos a probarlo” -. Su pie derecho cambió de posición, antes de finalizar sus palabras de auto convencimiento. Y su mano ya prendía el timbre de la puerta.

Conoció al resto de alumnos, a sus profesores y se sintió cómoda y acogida. Pasó un rato muy agradable y supo que aquellos pasos dados hacia el portal de la academia le cambiarían la vida.
Y así fue. Roberta ya tenía una razón para salir todos los martes y jueves de su casa. Para ponerse bonita, y entablar conversación con todos sus colegas de pista.

Era la única que lograba recordar sus nombres, ni siquiera los profesores conseguían retenerlos, y siempre acudían a ella para que los sacara del apuro. Roberta los miraba con picardía y aprovechando uno de los pasos se acercaba a ellos chivándoselos al oído, como si susurrara la canción que practicaban, o la acompañara con un piropo apasionado, capaz de aumentar la credibilidad de la historia bailada y sentida.

Era querida por todos, aquella entrañable señora, con alas de mariposa y sonrisa de niña, los había conquistado, sobre todo a Gregorio, quién a sus 72 años, disfrutaba como uno de cinco bailando. Su infancia y adolescencia no estuvo marcada por la fiesta y la alegría. La situación era dura, y aunque se trabajaba de sol a sol, sin apenas ir a escuela, la cosa escaseaba.

En su juventud no atinó a seguir el compás de aquellas músicas en los bailes de la plaza del pueblo. Y antes de intentarlo dio por zanjado ese asunto de bailar y no parecer un pato mareado. Gregorio pasó a engrosar las colas, de esas apuestas estatuas, colocadas al final de la barra, que tan sólo se mueven para abandonar el local o visitar el baño.

Y justo ahora, se había devuelto aquella oportunidad, antes negada, para aprender a moverse de forma graciosa, sin sentir ridículo, apreciando la buena música y el contacto con el otro. Disfrutando de la cercanía, del roce con otro cuerpo, el de su pareja de baile, sin sentir reparo o vergüenza.

Roberta y Gregorio no formaban pareja, pero el tiempo y las situaciones les habían reunido en muchas ocasiones. Y ambos sabían qué sentían por el otro. Por eso como niños aprovechaban la mínima oportunidad para compartir, para estar cerca y disfrutar. Las horas de clase fueron un preludio necesario para destapar toda una caja repleta de emociones entrecortadas, de sensaciones relegadas a un pasado ya inexistente. Incluso de deseos reprimidos por miedo a no tener edad para ello, a no dar la talla. O a profanar la memoria de sus amores respectivos, ausentes para ambos. Y tan latentes todavía en sus corazones. Pero “ la estación de los amores, viene y va, y los deseos no envejecen, a pesar de la edad. La estación de los amores, viene y va, y llegará sin avisar, ya verás te sorprenderá”.
Como les prendió a ellos, calando como garúa en sus corazones, empapando cada rincón de sus almas de nuevos entusiasmos y oportunidades; nuevas posibilidades de conocerse. “ La estación de los amores volverá con el temor y las apuestas, y esta vez cuánto durará”.

Tardaron algún tiempo en concederse un baile, y aunque sus comienzos fueron de forma inocente y juguetona, antes de llegar al estribillo:
“ ¡Garúa!...
Solo y triste por la acera
va este corazón transido
con tristeza de tapera,
sintiendo tu hielo,
porque aquella, con su olvido
hoy le ha abierto una gotera…
¡Perdido!...
como un duende que en las sombras
más la busca y más la nombra…
Garúa… tristeza…
¡Si hasta el cielo se ha puesto a llorar!.”

Después quedaron apresados por tanto dolor, interpretaron a la perfección su papeles y lograron emocionar a la sala, la lágrima que recorrió la mejilla de Gregorio se multiplicó en veinte ojos más, y el suspiro de dolor y desazón emitido por Roberta, aterrizó dividido en veinte pedacitos en cada pecho afligido y espectador. Tan sólo había una pareja recorriendo la pista. Y en la sala se palpaba el mismo sentimiento compartido al unísono. Ya todos formaban parte de aquella historia triste, desgarradora y solitaria, terriblemente solitaria.

Jamás se han separado, les bastó un solo tango, para unir sus vidas en pasiones compartidas; en despedidas tristes; de encuentros anhelados; con amores imposibles y deseos furtivos. Y hoy, siguen bailando ese compás marcado a ritmo de tango presente en sus vidas reales y cotidianas, y representado en breves intervalos musicales de historias de otros lugares, otras parejas, otros amores, otras añoranzas, otros sinsabores.
“La estación de los amores, viene y va, y los deseos no envejecen, a pesar de la edad”.


Nota: El texto entre comillas escrito en cursiva forma parte de la canción: “La estación de los amores” de Franco Battiato. Y “Garua”: Letra: Enrique Cadicamo.

PRESENTADO A CONCURSO: XX CERTAMEN LITERARIO "VILLA DE INIESTA" (CUENCA).
NO PREMIADO.

viernes, 30 de abril de 2010

PRECIOSA INEXISTENCIA




PRECIOSA INEXISTENCIA.

Noelia miraba su aspecto reflejado en todos los escaparates, que encontraba a su paso, de camino al trabajo. Aquella mañana se notaba diferente, el excesivo corte de pelo practicado la tarde anterior dibujaba en los espejos una cara distinta. Una visión renovada y divertida de si misma la motivó, y ese martes, parecía un día especial. Deseo poder compartir con alguien sus sensaciones, pero prefirió no comentar nada y observar las reacciones de sus compañeros de trabajo.

A las 15.01 h. La ficha de Noelia Garcés Blanco aumentaba una cruz más en aquel grupo de casillas. Al colocarla en su estante y levantar la mirada sus ojos chocaron de pleno con Roberto, uno de sus compañeros, algo mayor que ella, un tipo afable y detallista.

Noelia pensó: - Roberto se dará cuenta. Él suele fijarse en estas cosas, su chica lo tiene bien aleccionado, jajajjaaa, ¿a ver qué me dice?, seguro que como mínimo se sorprende.

Roberto la sonrío y agilizó su marcha, en su máquina le aguardaba un encargo delicado y no podía distraerse. Noelia no daba crédito. Pero imaginó que algo le inquietaba y sin darle más importancia ocupó posiciones en su puesto de trabajo y comenzó a desarrollar su tarea.

Las horas iban transcurriendo rutinarias, y con ellas las posibilidades de alguna novedad se iban reduciendo. Hubo algún cruce de miradas, acompañado de sonrisas con sus compañeras más próximas. Pero cada vez quedaba menos tiempo para que alguien se percatara de su gran novedad e hiciera un comentario al respecto.

El cansancio de Noelia aumentaba por momentos directamente proporcional a la reducción de su ánimo y motivación. Aquel día amanecido tan especial y diferente se ahogaba entre sudor, agotamiento y ese fatídico aburrimiento y desazón de quién se siente totalmente prescindible, indiferente y sin sentido en este mundo.

De repente, alguien se acerca por su espalda, siente su aliento y unas palabras la devuelven a la magia soñada: - Tú, hoy llevas algo raro. A ver que mire, jajajjaaa, deben ser tus vaqueros, ¿verdad?, son más ajustados de lo normal. ¿Vaqueros nuevos, qué gran evento ha ocurrido para llevarlos y traerlos aquí? ¿No será que has trasnochado y no has podido regresar a casa para cambiarte antes de venir? –

Noelia que había comenzado a sonreír pensando que por fin alguien se había percatado de su cambio de imagen, terminó torciendo su boca perpleja. - ¿Vaqueros nuevos?, no, no, que va. Siempre estás imaginando cosas raras.- Le contestó a su compañera mientras retomaba su labor.

La sirena sonó, su turno cesaba. Fichó y más cansada de lo habitual partió a casa. Sola como siempre, recogió un plato de sopa para llevar en el 24h cercano a casa y enfundada en su pijama de felpa amarillo cenó frente al televisor. Para acostarse en breve, recibiendo con algarabía y entusiasmo por parte del colchón y la almohada a otra victima de un peinado perfecto de peluquería. - Que bien lo estrujaremos, cada vez que cambie de postura, lo apelmazaremos al apoyarse sobre nosotros y mañana parecerá una bruja, jajá jajá, fiesta, hay fiesta corte de pelo nuevo, a por él.- Comentario sordo entre el colchón y la almohada. Tan silencioso, que Noelia calló rendida fundiéndose entre ellos bajo un sueño demoledor, siendo la única protagonista de su vida.

NIEVES JUAN GALIPIENSO
30/4/2010.

martes, 27 de abril de 2010

ENCUENTRO PERFECTO.



ENCUENTRO PERFECTO.


Natacha era su nombre de guerra. Abogada de profesión y amante de vocación. Ejemplo de fracaso repentino y constante en el amor. A sus 42 años, sin hijos ni pareja estable capeaba el mundo, su mundo, con pequeñas dosis de excéntrica pasión.

Consultó su agenda más como ritual mañanero que por necesidad, ya que recordaba perfectamente su cita más urgente y desagradable. – ¡Bien! , a las 10.00 h gine, perfecto, a ver si de una vez me alivia estas molestias.- Hablaba en voz alta para grabarlo en su memoria, y apaciguar su desazón.

Tras desayunar, perfectamente engalanada, regresó al despacho para consultar su correo. La noche anterior demandaba una oferta en aquel foro privado. Y deseaba saber si algún interesado le había contestado. Aunque temía que el diagnóstico de su ginecóloga impidiera llevar a cabo su propuesta.

Tarzán ibérico había contestado. – Vaya este vicioso no se pierde ni una, a ver si hay suerte y acude con su Jeanne y la jungla al completo.- ¡Sí, sí!, esto marcha ha conseguido reunir a cuatro participantes más, esperemos que no sean novatos, y si lo son, que sean de total confianza. Hablaré con él para asegurarme.-

Manifestó su inquietud a Tarzán y apagó su ordenador, saliendo a la carrera por el pasillo de casa. Otra vez llegaría tarde, aunque en esta ocasión la esperarían. Nerviosa y algo asustada respondió a todas las cuestiones de la ginecóloga, el diagnóstico estaba claro. Reposo, antibióticos y óvulos. Menudo fastidio tendría que privarse de esta orgía que prometía llegar a gang – bang. Aunque pensándolo bien siempre le quedaba la opción de mirar. No solía hacer de Voyeur, le iba más la acción, la conjunta sobre todo en plan dominante más que dominado. El que la vieran los demás, eso si solía gustarle.

Al regresar a casa y comenzar con el tratamiento recordó que debía informar sobre su participación, simplemente de mirona y como excepción. La cita ya estaba ubicada y fechada. El sábado, a las afueras del parque real, a partir de las 00.30h. Al menos un par de coches confirmaban su asistencia. Tarzán había reunido a varios amigos y amigas, y Casiopea acudiría con dos chicos más. Tres chicas y cinco hombres formarían el grupo, entre ellos alguna pareja para el intercambio y Natacha nuestra novena integrante con tan sólo derecho a ver, oír y callar.

Le costó contenerse, pero las molestias que aún acarreaba de su última cita, siendo tocada y amada por más de seis desconocidos a la vez, penetrada por todo lo que a su paso salía, le recordaban el comportamiento óptimo, que debía adoptar, para poder unirse cuánto antes a otro gran cancaneo.

Se excitó, como jamás hubiera imaginado. Esta pasividad contemplativa de cuerpos sudorosos, entremezclados, jadeantes, botando, adoptando posturas de contorsionista, amante y vicioso, la puso a cien, no necesitó tocarse, verles e imaginarse en puesto de alguna de ellas, le bastó.

Cada uno fue abandonando los dos coches improvisados como lechos. Y regresando a sus casas en sus respectivos vehículos. Natacha fue de las últimas, debía aprovechar, ya que por algún tiempo la sequía arrasaría su árida duna. Intercambió algunas palabras de aliento y reconocimiento a los nuevos. Invitándoles a la próxima. Prometían y mucho. De camino a casa, su mente imaginó a dos de ellos en plena acción sobre ella. Y disfrutó tan sólo imaginando. – ¡Dios!, ¿cómo será cuándo los sienta dentro de mi?

NIEVES JUAN GALIPIENSO.

27/4/2010.

miércoles, 21 de abril de 2010

PUERTAS CERRADAS





PUERTAS CERRADAS.

¿Por qué?, todavía me lo cuestiono. Todavía necesito hallar una respuesta lógica, que tal vez consiga aplacar mi ansia de justicia, que logre consolarme, como si algo pudiera llenar el vacío existente. No hubo nota, ni despedida, por otro lado algo natural, ¿con qué cara avisarías tu partida voluntaria? ¿Qué motivos de peso justificarían algo así?

No pensaste en mí, y si lo hiciste, debió silenciar tu voz, o borrar tus letras, ese pensamiento. Me dejaste aquí, sola, haciendo frente a tanta pregunta de la policía, de tu familia, de gente allegada a nosotros y lo peor de tantos curiosos, que sin apenas conocerte pretenden saber más.

No pude creerlo, parecía un mal sueño del cual pensaba, que en cualquier momento conseguiría despertar. Pero los días se sucedían y con ellos las noches, y no lograba descansar, cada vez que conciliaba el sueño asistías a mi, en una nebulosa, yo pretendía agarrar tu mano, pero nunca lograba acceder a ti. Tú estirabas el abrazo a la vez que caminabas en sentido contrario a mí. Hasta que agitada y sobresaltada despierto, e incorporada descubro que tu sitio sigue vacío. Que estoy soñando, y su final siempre es el mismo.

Sigo durmiendo mal, pero además las secuelas siguen aumentando, apena como, ya no sonrío, desconfío de todo y un rancio sabor de odio y culpabilidad me salpica, manchándome cada vez más. Sí, te odio, por tu egoísmo, por tu decisión, por hacerme tanto daño.

Sé que no volverás, y ya ni siquiera rezo para ello, sé que es un imposible. Tan sólo me atrevo a rogar a Dios, que me de la fuerza suficiente para no aborrecer cada nuevo amanecer, para lograr salir de esta cama con el ánimo de vivir todo aquello que tú decidiste privarte. Y que mi constancia y perseverancia logre hacerme olvidar, perdonarte y disculpar cada salida de tono ofrecida a los demás.

Ya no hay lágrimas, sólo rabia contenida, mal humor y amargura, esa es mi herencia. Deseo pagar mis deudas y librarme de este lastre. ¡Ah! por cierto, la próxima vez que decidas suicidarte no cuentes conmigo, no llames a mi puerta, no te presentes en mi vida. Pasa de largo sin más, como siempre te ha gustado.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
16/3/2010.

PRESENTADO A CONCURSO: II CONCURSOREATO BREVE Y MICRORRELATO DE NORTECASTILLA.
NO PREMIADO.

X. ELECTRICIDAD



X.ELECTRICIDAD.

“Fuera sopla el viento, fuera está lloviendo, un aullido aterrador”. Parece que el cielo revela tu interior. Ese miedo contenido, tanto silencio ensordecedor inunda cada hueco de esta habitación, aumenta el temporal y refleja lo que no supe evitar, no me tuviste, y ahora “yo te observo mientras duermes, respirando dulcemente, en la calma de esta habitación”. Sentada en este incómodo sillón repaso las últimas semanas. Analizo cada detalle, tus respuestas, aquellos gestos raros, achacados a tu caprichosa adolescencia, por mi torpeza o descuido. ¿Qué no supe ver? ¿Qué pista deseché?

Creo que si conservo cada segundo de tu aliento en el tarrito de mi conciencia, podré devolverte la vida, sacarte de este eterno sueño, en el que has decidido refugiarte, recuperando ese tiempo ya consumido, dándote una nueva oportunidad. En todo un cielo abierto a la esperanza, al futuro de tus 14 años, sin marcas. Sin cardenales, cortes, ni magulladuras de tanto golpe recibido, de tanta amenaza acumulada forjadora de ese muro protector, que un día, tu miedo levantó y que tanto impedía nuestro acceso. Cualquier acercamiento se tornó misión imposible para nosotros.

Pensamos que ésta, era una rabieta más de las tuyas, que duraba demasiado, pero que pronto pasaría y tus hormonas dejarían de jugarte malas pasadas. El enemigo no estaba dentro, no estaba en ti. Sabía perfectamente como acercarse, cómo acorralarte, sin dejar pruebas de ello, sin que hubiera testigos. Salir a la calle se convirtió en una tortura. Doblar cada esquina sin ir acompañado, sin mirar a todos lados comenzaba a pesarte. Sólo sentías alivio en casa.

Hoy estoy aquí sentada frente a ti, en esta habitación de hospital, deseando que abras los ojos, esos verdes grisáceos, que tanto enamoran. Esos que conseguían derretirme y librarte de cualquier bronca. Me tenías calada, sabías perfectamente cómo hacer uso de ellos para atormentar mi indulgencia, y salir bien parado de cualquier trifulca. Ahora esos ojos están cerrados, rodeados de cortes y moratones, hinchados por tanto sufrimiento acumulado. Por tantas horas de insomnio atesoradas, de pesadillas revividas una y otra vez.

Me acerco a ti “y al besarte en la mejilla, yo creí que me moría, se rompía este pobre corazón. Quiero besarte tengo miedo a despertarte, entró en tu sueño y te grito desde lejos: QUE TE QUIERO. En sólo un segundo”.

“He comprendido lo que importa y lo que no. El fin del mundo, de tu mundo, la tormenta, el dolor. Quedan muy lejos de esta habitación”.
Me siento cansada, las horas de vigilia comienzan a hacer mella. Mis párpados no resisten y lentamente buscan adherirse como si de un velcro se tratara, necesito dormir. Este estado me une más a ti, en mi sueño apareces tú. Estás dormido, como ahora. No, soy yo la que logro colarme en el tuyo. Tengo miedo, noto inseguridad. Todo tiembla, se oyen gritos, insultos, ¿quién es Ringo? Escucho suplicas, es tu voz, lamentos y reproches. Nada te libera de esa agonía, cada vez más inminente. Te preparas para ser golpeado, contraes los riñones y el hígado, presientes su patada. Te mueves muy rápido, que mareo, deseas esquivar los golpes. Pero estos te llegan, te tumban y ya eres hombre muerto. Una vez en el suelo sabes que no hay salida, ni escapatoria posible. Y nuevamente Ringo te utilizará como saco de boxeo para descargar todo esa rabia contenida y acumulada.

Tú ya sabes que es un chico problemático, con una infancia dura. Él ya sabe que tú eres el nuevo, inadaptado y solitario. Ringo ya ha salido, ha abandonado nuestra escena. Y tú sigues tirado en el suelo rodeado de babas y sangre. Lloras en silencio reprochándote tu falta de valentía y fuerza, tragándote tu orgullo pisoteado y rastrero. Te sientes pequeño, cada vez más pequeño, todo se vuelve un obstáculo imposible de salvar. Deseas morirte para librarte de este suplicio.
Yo noto tu angustia esa quemazón estomacal. Y comienzo a correr, preciso ir a tu encuentro, entregarte mis brazos fuertes y llenos de cobijo. Me estoy moviendo, puedo hacerlo, tengo vida en tu sueño. Comienzo a articular palabras, sonidos, no sé si tú me oyes. Pero “te grito desde lejos: QUE TE QUIERO”.

Te giras, tus ojos intentan vislumbrar mi imagen, esta voz te resulta conocida. Ya estoy más cerca de ti. Veo tus ojos, me sumerjo en ese verde esmeralda, los reflejos del sol te deslumbran. No tienes la certeza de saber quién soy. Pero ya no tiemblas, ni lloras. Te acaricio mientras te tomo en mis brazos. “Fuera sopla el viento, fuera está lloviendo un aullido aterrador, pero un susurro nos envuelve, nos abraza lentamente, como un mantra conocido por los dos. No son fantasmas es mi espíritu el que habla. Entra en tu sueño y te grita desde lejos: QUE TE QUIERO”.

“En sólo un segundo he comprendido lo que importa y lo que no”. Tus miedos, tus fobias. Esa manía persecutoria que te anula. Todo lo callado y ocultado, tus excusas, tantas mentiras encubridoras de una explotación más, de otro abuso por la fuerza. Y te susurro lentamente: -ya estás a salvo, esto también pasará. Ya ha pasado. No me sufras más. No estás solo, juntos podremos.-

Nos incorporamos, has dejado de sangrar. Caminamos unidos, giras tu cara y lo último que veo en mi sueño, en tu sueño es tu sonrisa. “Quiero besarte tengo miedo a despertarte; entro en tu sueño y te grito desde lejos: QUE TE QUIERO. En sólo un segundo. He comprendido lo que importa y lo que no: los desengaños y los malos presagios; las envidias, las intrigas que complican nuestras vidas, quedan muy lejos de esta pompa de jabón, nuestra burbuja de amor. Sube por el cielo, más allá del universo, sube y estalla en tu sueño”.

Ya he despertado y sentada en tu cama, sigo abrazándote. Siento algo, parece que tus dedos me han rozado. Tomo tu mano y tú te coges a ella, no puedo creerlo, tu coma ha cesado. Esas dos esmeraldas me miran con sorpresa y anhelo. Me reconoces y te fundes en un abrazo. Y tu pompa de jabón, nuestra burbuja de amor sigue intacta, flotando en esta habitación, en este mundo que castiga el acoso, el hostigamiento, los abusos y la persecución.

PRESENTADO A COCURSO: X CERTAMEN NARRATIVA CORTA " VILLA DE TORRECAMPO.NO FUE PREMIADO.

viernes, 16 de abril de 2010

SUEÑOS EN TUTU ROSA.



SUEÑOS EN TUTU ROSA.

Soñaba con ser bailarina, de esas con medias blancas y tutu, no la frenó ni las risas de sus compañeras, ni esos quilos de más, Soraya rompió su hucha para comprarse las primeras zapatillas de cintas. Sus padres asombrados apoyaron su proyecto, llevándola a clases de ballet como actividad extraescolar. Le dieron tres meses de prueba, pensaban, que se cansaría y abandonaría, esto era otro capricho más de última hora.

Ninguna de sus mejores amigas compartía esa afición, fue sola, empezó sola y ha seguido, continúa, ahora, rodeada de compañeras, alguna de ellas amiga. Madrugó, invirtió sábados y festivos practicando. Entrenó fuera de horario, se privó de chuches y disminuyó el consumo de chocolate. Sudó lo que no estaba escrito. Y aquellos pliegues se alisaron, dejando ver unos músculos más acentuados. Su figura mejoró por momentos, y aunque sus caderas y muslos revelaban su talla, logró bailar y moverse al son del vuelo de una mariposa en busca de alguna flor preciosa.

Su familia empezó a cuestionarse su cordura, y el capricho, según ellos, pasó a obsesión. Soraya estrenó mallot, debutó coreografía, recibió aplausos, y siguió bailando. Esa niña regordeta, caprichosa y veleta encontró su lugar entre punteras y vendajes, entre pasos alados armoniosamente articulados, entre piruetas y equilibrios.

Aquel antojo, hoy es vocación y profesión. Y su primera lección siempre comienza con estas palabras: - Cada uno de vosotros será quién dese ser, nadie tiene poder para anular vuestros sueños, si creéis en vosotros mismos, no necesitaréis estar secundados. Bailar sintiendo, sentir en clave de sol y vivir al compás de vuestras ilusiones y anhelos. Sólo así llegaréis a ser primer bailarín o bailarina, auténtica persona y reina o rey de vuestras vidas.-

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
14/4/2010.

CUENCOS EN VERSO.



CUENCOS EN VERSO.

Hijo de alfarero y nieto de tornero, Jonás prefería regalar versos. Acompañaba a su padre en las ferias, más por obligación que por vocación. Escaqueándose, siempre que podía. Amigo de todos, seductor de lo femenino, encandilaba con su verborrea.

Antonio, mayor y cansado, deseaba legar su horno y ser relevado por su primogénito, esfumándose de él, su escaso interés entre rimas, versos y sueños.

Aquella tarde buscó en la quiromancia su aliado perfecto, que dejara patente, ante su padre, su verdadero sino. A él le creería, este viejo vidente, curandero y tallista de cristal, testigo directo de amaños y chantajes, vio llenarse su cofre de monedas, Antonio pagó su deseo paternal.

Los posos de café hablaron: - alfarero.- Jonás sonrió y emocionado respondió:
- sí, seré alfarero de poemas, modelaré versos y coceré rimas.-

Fue el primer alfarero de las letras. Sustituyó el papel por el barro, las flores por versos y los colores por rimas variadas, llenas de musicalidad. Jarrones, cuencos, vasijas y platos llevaban su sello, altamente literario, bello, original y útil.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
12/4/2010.

APARIENCIAS.



APARIENCIAS.

Hacíamos cola en la caja del banco, delante de mí una esbelta figura se alzaba casi toda de negro, sobre tacones vertiginosos. Su melena morena camuflada en aquellas mechas rubias cubría su espalda. Perfume de violetas y bolso amplio con hebillas y tachuelas.

Revisaba mis cuentas, y preparaba todo lo necesario para agilizar la tarea del cajero. La gente se amontonaba, y no había tiempo que perder. Se gira y me mira de reojo, como un gesto instintivo, como parte de su movimiento, del contoneo de su cabeza, cambiando de postura.

La miro de frente, maquillada hasta la saciedad, sus ojeras, imposibles de disimular, despiertan mi imaginación. Mi mente comienza a recrear la noche anterior. Tal vez estas ojeras escandalosas sean fruto de un rato de pasión, de una fiesta para dos, desconocidos y cómplices del placer de la oscuridad, el alcohol y la excitación. Tal vez el tiempo haya volado entre besos y caricias, repleto de jadeos y vacío de sueño y descanso.

Ya me toca, por fin, y suena su teléfono. Contesta mientras abandona la cola, cediéndome su lugar. No puedo evitar escucharla:
- Si, buenos días, bueno no muy bien. De seguir así tendrán que ingresarla. Faltan los resultados de la última prueba. ¿Pablo y Ana? Se han quedado en casa de mi cuñada, pero a media noche he tenido que salir a por ellos, estaban muy nerviosos.
Así que regresamos a las tantas y por fin se han dormido. ¿Yo?, pues he descansado acostada, pero sin pegar ojo. Si, intentaré dormir siesta, aunque lo tengo difícil. Gracias, no te preocupes, me apañaré. Hasta luego, ya te llamo, hasta luego.-

Indudablemente nada es lo que parece.


NIEVES JUAN GALIPIENSO.
12/4/2010.

lunes, 5 de abril de 2010

LLEGADA MI HORA...


LLEGADA MI HORA…

Nadie me explicó esto, desorientado y con mis sentidos casi anulados represento mi último acto. Con vestuario escaso, a penas una bata azul de hospital, sin maquillaje aparente. Tan sólo los restos de la crema que mi hija solía aplicarme masajeando mi cara. Me decía que era para estar suave. Me encantaba sentir sus manos con ese mimo y cariño. Tumbado en una cama paso mis últimos días. Ya no oigo las máquinas, hace mucho que ni si quiera siento ese gota a gota entrando en mis venas. Llevo sumergido en una pompa, flotando en una nube de algodón, no sé cuánto tiempo. No hay dolores, ni hambre, ni sueño, ni siquiera frío. Con lo friolero que siempre he sido. Y aunque sé que no estoy solo, no sé dónde me encuentro.

Se escucha una música, un dulce susurro, y noto que me llaman, creo que mi turno ha llegado, y sin saberlo debo haber avanzado en la cola, encabezándola. En la habitación todo sigue su curso, las enfermeras me visitan con frecuencia, mi mujer sentada frente a mí, me observa, como esperando una respuesta. Creo que se siente algo perdida y confusa, y sobre todo agotada. Ella tampoco entiende muy bien mi partida, pero acepta algo crispada mi marcha. Me vienen imágenes de estos últimos días, mis hijos, dándome de comer, limpiando mis ojos, masajeando mi pecho para tranquilizarme. Y esas palabras de paz que mi hija suele repetirme:

“Puedes irte cuando quieras, cuando estés preparado. No tengas miedo, estoy contigo, sujeto tu mano. No te preocupes por nosotros, estaremos bien. Todo está bien.”

La escena cambia, me veo en casa, ese traje de capucho a medias, que no acabaré, no sé qué fecha es, pero tal y como van las cosas, no veré más procesiones. Esto se acaba y no sé qué debo hacer. ¿Seguir recordando? Ya no puedo hablar, tal vez quedaron cosas pendientes. Ellos han sabido aprovechar el tiempo, cada uno a su estilo ya se ha despedido. Sé que me quieren, de eso no hay duda. Va a quedar tanto incompleto. ¿Cómo expresarlo?

Ya no podré apaciguar los cabreos de mi hijo, y éste va a ser monumental, no me gusta verle serio y desmotivado. Nunca reflejó su tristeza. La carencia de lágrimas la suplió con una buena dosis de amargura silenciada, de ese resquemor contagioso que siembra desgana. El llanto buscará los ojos de mi hija. Se emociona con facilidad, y suele ser de lágrima fácil, en eso ha salido a mí. Pero me tranquiliza saber, que no está sola, y que incluso, cuando lo ha estado ha sido lo suficientemente valiente para pedir ayuda, para llenarse de todos y todo lo que, como ella dice: “le da vida”.

Últimamente le ha dado por escribir, lo hace hasta aquí, frente a mi cama, y por su gesto y paciencia denoto que eso le ayuda. No he leído gran cosa de ella, y creo que mi opinión no fue acertada. Pensé que era infeliz. Y al enterarse por su madre se apenó, de nuevo se sentía incomprendida. Tal vez no supe leer, tal vez vi reflejada en su teoría mi propia existencia. Tal vez debí leer más, antes de sacar un criterio tan poco acertado. Eso quedará pendiente. Y me angustia, ya no puedo leerla.

Los días se suceden, para mí tan sólo es tiempo que no distingo, me inquieto porque no sé qué siento, porque veo y no distingo, porque sigo preso contemplando mi mundo a la deriva. Lleno de dudas. Es curioso, cada vez me siento más distante de ellos, a pesar de sentir sus manos, sujetando o acariciando la mía, noto otras presencias mucho más intensas, gente querida, ausente, que viene en mi busca, y eso me transmite paz. La que le falta a mi esposa. Hoy la noto más abatida, esa fortaleza de hiperactividad se derrumba a golpe de lágrima. Y aunque lo disimula, ya se siente derrotada. No hay mucho que hacer, y esa pasividad le devuelve a esta realidad.

Tengo que irme, ha llegado mi hora, no quiero escándalo ni nervios. No me gustaría ver a nadie triste, debo partir, mis alas están preparadas. Desearía estar consciente para dejar zanjado todo, pero no es posible.

La habitación calla, mi mujer junto a mí me mira tranquila, intuye lo que pasa. Mis hijos duermen en casa, y yo, me siento preparado, ya veo a mi madre y a mis hermanos, cuánto tiempo separado de ellos, y a lo lejos el reflejo de esa corona dorada, es mi Virgen querida, que acoge a su hijo áspense. Mi desasosiego se ha tornado paz, una serena y armoniosa calma me inunda.

Todo sucedió como deseé, ni gritos, ni nervios, ni crispación. Mi mujer tranquila cierra mis ojos, me besa y avisa. Mis hijos han llegado, Fabio está con ellos, me alegro, mi hija va a necesitarlo, me besan y se despiden con lágrimas silenciosas, sosegadas. El viaje comienza y esta vez sé que no llegaré tarde a mi destino, no perderé ningún tren ni me marearé. Estar tranquilos, me siento como en casa, toda mi familia y conocidos ha salido a mi encuentro. No hay dolor, ni deterioro, tan sólo un inmenso sentimiento de bondad y regocijo reina en cada uno de nosotros.

No sé si será el cielo, pero por lo a gusto que me encuentro, debe de serlo.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
5/4/2010.

miércoles, 31 de marzo de 2010

CUMPLEAÑOS FELIZ.



CUMPLEAÑOS FELIZ.

La ciudad duerme, parece que la noche se ha instalado inamovible, a pesar de este sol mañanero cálido y confortable, que guía mis pasos de camino al trabajo. Resonando a hueco, poniendo de manifiesto la ausencia de todo. Haciéndose raro cualquier otra celebración, que no repique a tambores, nazarenos, cirios y plegarias.

31 de marzo, un miércoles cualquiera, miércoles santo para el calendario nacional. Y un día especial para mí. La vida y la muerte de nuevo pasean de la mano. Una fecha para celebrar desde la distancia, con alguien especial, mi treinta y siete cumpleaños, y primero a su lado. Y desde la cercana ausencia el anhelo del primero sin ti.

Sensaciones contradictorias agolpadas, deseando imponerse, y esta calma personal que hondea en mí como estandarte de mi esencia. Recibo felicitaciones, gestos cariñosos, y la alegría de sentirme tan querida traslada las lágrimas a mis ojos, porque entre tanta prueba de amor no recibiré la tuya.

Mamá me ha llamado, ya sabes, a ella le gusta cantarme su felicitación por teléfono. Comeremos juntos, ya elegí menú de anfitriona y tú estarás a tu modo y estilo, siempre discreto, pero presente, aunque esta vez seamos tres en vez de cuatro. Soplaré las velas y pediré mi deseo, en esta ocasión doble y compartido por los hombres que han llegado y han partido.

El día acabará como cualquier otro y de nuevo la rutina se apoderará de una semana que terminará santa y resucitada.
Tal vez viajera, si la salud acompaña, porque las ganas no faltan.


NIEVES JUAN GALIPIENSO.
31/3/2010.

domingo, 21 de marzo de 2010

RESACA GENERALIZADA.

20 de marzo, la ciudad duerme. La calma retorna imponiéndose. Las gentes acomodadas en sus camas recuperan horas de sueño y excesos. El asfalto tan agredido, hace unas horas, reposa húmedo, conteniendo los restos de lo que fue una fiesta en mayúsculas.

Los semáforos se sienten inútiles, no hay tráfico que regular, ni peatones a los que conceder el paso seguro. La música ha cesado y los últimos petardos resuenan, ya, en el eco de nuestra reciente memoria.

Sosiego, por fin. La resaca como protagonista contagia los hogares y a sus ocupantes, es el momento idóneo para pasear uno a sus anchas. Y comprobar cómo todo cambia a pasos agigantados. El mundo hace unos días detenido, ha vuelto a ponerse en movimiento, tan sólo ha bastado el cambio de posición de las manecillas del reloj.

Presos de esa rapidez transformadora nos moldeamos para hacer más liviano su impacto. La vida sigue en esta ciudad adormilada, comenzando a despertar de su siesta, ya ha pasado el medio día sin hambre ni ganas de nada, cada cual emprende su día, reducido a ocho horas.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
VALENCIA. 21/3/2010.

ARDIENTE DESTRUCCIÓN.



ARDIENTE DESTRUCCIÓN.

En breve todo tocará a su fin. Cinco minutos para pronunciar las palabras mágicas en voz femenina, y el fuego arrasará tantos meses de trabajo, creatividad e ilusión.

Es momento para repasar, echar la mirada atrás y evaluar esta semana de infarto, repleta de cenas en comunidad, paellas numerosas, despertás ruidosas y horas, muchas horas de pie sobre tacones o espardeñas, noches tornándose día sin un descanso que los separe o distinga. Horas preparando, acogiendo, invitando, bailando y sobre todo celebrando.

Estruendo, ya no hay vuelta atrás. Las figuras llenas de color e ironía caerán al suelo, regresando a su punto de partida, pero esta vez convertidas en cenizas. Todos observan desde cerca, el humo se apodera del espacio. Y la sensación de destrucción está palpable.

Para unos, simplemente se acaba un periodo, otro año festero, fallero. Pero hay quienes viven este ritual como un proceso de superación. Atrás se deja un tiempo de propósitos, objetivos, metas, problemas, situaciones adversas, incluso frustrantes.

El fuego poderoso elimina todo lo malo y nos purifica, preparándonos para afrontar una nueva etapa. Reunidos frente a la decadencia de gamas vistosas, cartones tornados en vida y denuncias manifiestas, arrancamos de nuestro pensamiento todo lo dañino.

El calor de la hoguera reconforta nuestro corazón y nos recarga de energía. Listos para emprender otro día con la certeza absoluta, de que los problemas volverán y por supuesto se superarán.

Dedicado a dos ejemplos de verdaderos falleros y mejores amigos: Lourdes y Javi.

NIEVES JUAN GALIPIENSO.
VALENCIA 19/3/2010.

jueves, 11 de marzo de 2010

LA DANZA DEL SIETE.



LA DANZA DEL SIETE.

Siete, eran siete, los enanitos
para una Blancanieves perdida
y desorientada en el bosque.

Siete días, siete noches,
setenta veces siete
susurrar tu nombre
antes del alba y al amanecer.

Siete, número judío mágico.
Componentes de una semana,
maravillas del mundo.
Siete novias para siete hermanos.

Siete nubes, siete estrellas
bailando al son de las séptimas sinfonías
de Beethoven y Mozart
como siete besos de tu boca.

Siete días, siete noches,
setenta veces siete
tu mano en la mía,
una caricia constante.

Siete los colores del arco iris
siete almas en vela, la tuya y la mía
tres noches y media.

Siete pecados capitales,
siete deseos inconfesables
siete sueños realizables.

Siete viajes interlunares,
Siete islas, siete galaxias
El universo rendido a nuestros pies.
En cada gesto que nos une más.


Siete días, siete noches,
Setenta veces siete
Tu sonrisa provocando mi volcán.

Siete días, siete noches,
Setenta veces siete
celebrar siete meses más juntos.

¡Feliz siete mesversario, Fabio!

NIEVES JUAN GALIPIENSO. 11/3/2010.